Wikipedia como red social: identidad y motivación de los wikipedistas

Wikipedia, con todos sus asegunes, es un buen y legítimo sujeto de reflexión. No deja

Quince años de Wikipedia. Fuente: Wikimedia
Quince años de Wikipedia.
Fuente: Wikimedia

de ser notable un proyecto que en 15 años ha alcanzado 37 millones de artículos en 287 lenguas diferentes, y tiene 72.900 editores actualmente en activo.  También el proceso “wikipédico” de construcción “social” del conocimiento, las reglas, criterios y convenciones que se han establecido con el tiempo, son muy interesantes del punto de vista histórico y sociológico. Hay, de hecho, estudios académicos formales que abordan sus diferentes aspectos, aunque es poco lo que se ha escrito sobre la versión hispana.

En este sentido es muy bienvenido el artículo de Sergio Antonio Corona Reyes y Brenda Azucena Muñoz Yáñez “‘En Wikipedia no se escribe jugando’: Identidad y motivación en 10 wikipedistas regiomontanos” publicado en Global Media Journal Mexico (una publicación conjunta de Texas A&M International University y el Tecnológico de Monterrey), en donde realizan una “etnografía virtual” de los diez wikipedistas más activos de Monterrey.

Con esta base, los autores llegan a varias conclusiones: que los wikipedistas adoptan y defienden una identidad particular en las interacciones con otros colaboradores, pero hacen propia la colectiva de Wikipedia hacia el exterior, en particular en sus relaciones frente a nuevos wikipedistas; y que existe un orgullo de ser wikipedista, que se expresa incidentalmente en una actitud de desconfianza hacia los usuarios ocasionales y “no registrados” (que en esta plataforma también pueden hacer adiciones o correcciones).

¿Qué es lo que lleva a decenas de miles de personas a dedicar su tiempo a una actividad en la que sus contribuciones pueden ser borradas o modificadas el siguiente día, no son conocidos más que por un “alias”, y no reciben ninguna recompensa directa? Los autores señalan varias motivaciones: el deseo en sí de contribuir al conocimiento, la evasión de los a veces duros problemas de la vida cotidiana, la promoción de alguna causa, y sobre todo enfatizan el aspecto de las interacciones personales, de la formación de una especie de red social. Esto último (que es lo recogido en el “abstract” o resumen del artículo) podría parecer sorprendente, porque Wikipedia en principio no se propuso ser  algo semejante. De hecho, la expresión de cuestiones personales es vista con desaprobación, y existe una regla específica al respecto:

Wikipedia no es un foro. Las páginas de discusión de los artículos están destinadas al diálogo acerca de la edición de su contenido. Por favor, abstente de escribir reflexiones personales o no enfocadas al desarrollo del artículo. Tales mensajes serán eliminados.

Sin embargo, además de que en la práctica existe cierta laxitud, hay más libertad en las “páginas de usuario” y en algunos foros administrativos comunes, como el “café“, donde se discuten noticias, políticas, propuestas y problemas técnicos.  De lo que en estos lugares se escribe pueden deducirse algunas situaciones, actitudes y patrones de conducta.

En efecto, toda agrupación de personas dedicadas de manera continuada a una actividad común inevitablemente genera normas, convenciones y jerarquías (con la consiguiente cuota de transgresores y rebeldes). En Wikipedia esto se manifiesta particularmente bien en la discusión sobre lo que Wikipedia no es, y por tanto debe ser evitado o, en su caso, suprimido; y en la elección de los “bibliotecarios”, esto es usuarios experimentados que tienen derechos especiales, y que entre otras cosas pueden borrar páginas, colocar otras como “protegidas” o incluso sancionar a un usuario con la suspensión temporal o definitiva de sus derechos de edición.  Los autores señalan que algunos nuevos usuarios se “alinean” con algún bibliotecario, aunque por otro lado muchos actúan frente a ellos con una mezcla de admiración y recelo.

Me parece que efectivamente el lado “social” de la “wiki edición” es de mucho interés, y que los autores de este artículo han notado bien una de las razones de la expansión mundial de esta enciclopedia virtual. Pero, por otro lado, puede que hayan enfatizado excesivamente esta motivación (que, ciertamente, es la más atractiva para el análisis). Est0 se debe en parte a que eligieron  sus casos a partir de una página, “Wikipedistas de_México“, donde los usuarios pueden (o no) registrarse a sí mismos para tener mayor visibilidad. Esto introduce un sesgo estadístico que puede tener consecuencias, porque es muy en razón suponer que quienes desean aparecen allí son, precisamente, los más interesados en los aspectos “sociales” de la edición.

Los autores tampoco explican porqué consideran que las alusiones que fundamentan la importancia de Wikipedia como red social son más importantes que otras, dado que no proporcionan cifras al respecto. Tampoco resulta clara la frecuencia, esto es si se trata de interacciones habituales o bien ocurren de manera excepcional, lo cual obviamente haría una gran diferencia (pensemos, por contraste, en los usuarios de Twitter o Facebook, que pueden intercambiar muchos mensajes cada  día).

Al respecto, la organización y participación en los “wiki encuentros” y editatones de

EditathonRetadoraDay206, foto de Thelmadatter, en Wikipedia.
EditathonRetadoraDay206, foto de Thelmadatter, en Wikipedia.

wikipedistas podría ser relevante para ahondar en el tema, porque son una práctica cada vez más común y popular.

Habría también que decir que la mayor parte de los estudios citados se refieren a la versión inglesa de la Wikipedia, que es la más antigua, amplia y diversa.  Que los principios y patrones encontrados en esa versión puedan trasladarse a la edición española no es algo seguro. Es notorio, por ejemplo, que en español es mucho menos frecuente el recurso a la página de discusión de cada artículo para aclarar diferencias o explicar cambios en una entrada, salvo en algunos temas particularmente polémicos.  En este sentido, una comparación entre “usos y costumbres” de las distintas versiones podría ser de interés.

 Como se ve, hay aspectos, métodos y perspectivas que pueden someterse a discusión -al igual que en cualquier otro ámbito de estudios sobre cultura, comunicación o sociedad. Y, precisamente uno de los muchos méritos de este recomendable ensayo es demostrar que hay materia suficiente, y muy interesante, para el análisis.

Twitter vs Facebook vs Blogs: impresiones de un #neotuitero historiador

Hace algunos años abrí una cuenta en Twitter. Lo hice con cierta renuencia, porque mis revisiones iniciales de lo que se publicaba en esta plataforma no me convencían de que valiera el esfuerzo, y por otro lado no me faltaban actividades que requerían mi atención. La utilicé poco más que para difundir las notas de mis blogs, y por un tiempo para crear una especie de “espejo” de lo que se publicaba en H-MEXICO en el tiempo que fui su editor. Para comentarios y notas más personales, prefería Facebook, que me daba la opción de una red “semiabierta”, donde podía poner, por ejemplo, algunas fotografías de mis viajes o breves comentarios personales destinados solamente a algunos colegas cercanos y a mis tres que cuatro amigos.

Hace cosa de un año tuve  más tiempo disponible y me decidí a “darle una segunda oportunidad” a Twitter, a manera de experimento en comunicación. Los siguientes son mis comentarios (no una “evaluación”), desde luego muy personales, sobre que…

* De mi informal estadística, parece haber muchos más académicos “tuiteros” que “blogueros”.  La mayor parte, son de la generación de entre 20 y 40 años.

* Publicar en Twitter  implica (aparentemente) mucho menos tiempo de trabajo. Una entrada en mis blogs puede llevarme varias horas de labor; son “mini ensayos”, que además requieren imágenes, inclusión de vínculos, edición posterior de comentarios, etc. En cambio, los tuiteos pueden hacerse casi al vuelo, en alguna pausa momentánea de las actividades cotidianas.

* Por lo mismo, es fácil derivar hacia la “comunicación todo el tiempo/ todo el día”,  sobre todo teniendo en cuenta de que es posible mantenerse conectado con esta plataforma mediante los ahora ubicuos “gadgets” portátiles. Viéndolo bien y despacio,  mantenerse activo en Twitter no requiere menos tiempo que un blog; la diferencia está en la concentración requerida por la actividad.

* Aunque los contenidos en Twitter no destacan precisamente por su pulimento narrativo, hay autores que tratan de conjugar una imagen, un ritmo y un argumento en brevísimo espacio. En realidad, podría ser un género literario de interés, con sus propias dificultades, porque no es fácil resumir una idea en 140 caracteres. Esta extensa nota, de hecho, puede ser un buen ejemplo de lo dicho.

* Las interacciones en Twitter son más fáciles y frecuentes. Una queja común de los blogueros es la escasez de respuestas y comentarios pertinentes, que muchas veces acaba por desanimar al autor. Este es un gran punto a favor de esta plataforma.

* Por otro lado, los “tuiteos” son muy perecederos; después de poco tiempo dejan de recibir atención. Los temas de interés cambian casi día con día, y las interacciones son muy efímeras. En cambio, una entrada en un blog sigue siendo consultada y atrayendo comentarios, aunque sea en menor grado, a través de los años.

* La inmediatez de la comunicación puede llevar a que el tuitero reaccione de inmediato ante cualquier suceso, lo cual proporciona espontaneidad y a veces mucha emotividad, con los consiguientes encantos y riesgos. No es el tipo de lenta reflexión y escritura propia de los blogs.

* A diferencia de Facebook u otras redes sociales, donde el usuario puede delimitar y restringir el grupo con el que interactúa, cada tuiteo está abierto potencialmente a cientos de miles de personas. Twitter es una red abierta. La única opción existente es  mantener la propia cuenta como “privada”; no hay opciones intermedias.

* La masividad (y la consiguiente impersonalidad) tiene sus ventajas. Para seguir a alguien en Facebook, hay que convertirse muchas veces en su “amigo”, porque esa fue su intención inicial: dar vehículo a redes de amistad. Pero ¿son todos mis colegas, lectores  y alumnos mis “amigos”? No, realmente. En este sentido, la interacción en Twitter resulta más conveniente, más “profesional”.

* Los “cliotuiteros” utilizan sus escritos para una gran variedad de fines: difundir noticias de actividades académicas, vínculos a recursos de interés, afirmaciones enigmáticas que sólo pueden comprender los entendidos, aforismos (un género muy interesante, con ilustres antecedentes), opiniones sobre sucesos de actualidad, campañas diversas de diferentes propósitos sociales y políticos, y notas muy personales (lo que está haciendo el tuitero en este instante, el humor con el que se despertó esta mañana, entusiasmos futboleros, las fotos de sus sus mascotas…)

* Como puede verse, las antiguas diferencias entre lo privado y lo público, entre amigos  y  “seguidores”, resultan cada día más borrosas, aunque hay tuiteros que mantienen escrupulosamente estas distinciones.

* A través de las personas a las que el tuitero “sigue” y sus propios “seguidores”, esta plataforma establece un flujo continuo de notas que llegan automáticamente al espacio personal de cada quien, sobre todo en la sección “descubre”, definida como “Lo que está sucediendo ahora, hecho a tu medida”. Puede ser un recurso útil,  pero también contribuye a la sobrecarga de información que se ha convertido en uno de los problemas de la red de redes.

*  Los historiadores con más “seguidores” son frecuentemente los que se adentran en temas actuales. Es una red cuyos contenidos privilegian la inmediatez. Obviamente, el historiador no tiene porqué ser un anticuario, o mostrarse indiferente ante las urgentes realidades del presente. Pero dedicarse primordialmente al pasado (esto es, al asunto propio del historiador) no es la mejor vía para reunir  muchos “seguidores” en la esfera  tuiteriana (si ese es un propósito, porque no tiene porqué serlo).

* Y bien, en resumen ¿vale la pena emplear Twitter como herramienta de difusión académica? La respuesta no puede ser general; depende de lo que espere de esta plataforma, de las inclinaciones y personales estilos. Espero haberles dado algunas ideas al respecto.

El despegue de Academia.edu

Hace unos cuatro años publiqué una nota sobre Academia.edu, una red social para académicos. Comentaba que era parte de la búsqueda de nuevas opciones en “nichos” especializados frente a los gigantes, demasiado caóticos o masivos (y, a veces, invasivos), como Facebook, Twitter y Google+ .   Actualmente, esta red  ya tiene una masa considerable de usuarios, que recientemente pasó de cinco millones, periódicamente introduce o ajusta servicios  y está en un proceso de expansión, como lo muestra su reciente adquisición de Plasmyd, una aplicación de búsqueda y comentario de documentos.

academia.edu

La oferta de Academia.edu incluye un directorio con fotografía,  nombre, institución (con opciones para profesores/investigadores, estudiantes de grado y posgrado),  intereses (mediante “etiquetas”, que ahora se ofrecen automáticamente), libros o artículos publicados,  y elementos comunes de las redes sociales, como las opciones de “seguir” (o “ser seguido”) por otros. Todo esto tiene una utilidad inmediata (saber  “quien está investigando qué”) y otra menos evidente:  en la academia, como en cualquier otro grupo profesional, la promoción y las redes de  colaboración son de cierta importancia, aunque no se hable mucho de ellas. Contar con una página propia y el equivalente de un curriculum vitae en un espacio académico bien reconocido ciertamente ayuda al desarrollo profesional, facilita la labor de encontrar personas con intereses afines y puede ser un buen auxiliar para comisiones y comités evaluadores.

En la página general de ingreso a  Academia.edu  pueden verse actualizaciones de otros miembros y, una vez registrado, el usuario puede obtener una versión “personalizada”, con las novedades de sus contactos particulares.   También ha incorporado el equivalente de “trending topics” (en este caso “trending papers” siguiendo una táctica muy gustada en cierto microblog…). Asimismo, ofrece “alertas” mediante correo electrónico (por ejemplo, cuando alguien comienza a “seguirme”) y estadísticas de documentos consultados. El lenguaje del sistema sigue siendo el inglés, aunque ya acepta “eñes” y otras peculiaridades del español.

Una posibilidad interesante es la utilización de esta red como plataforma de publicación, esto es de “subir” distintos materiales  para ponerlos a disposición de los demás usuarios. Se inserta, en este sentido, en la campaña creciente a favor del “acceso abierto” al conocimiento científico. Ya se sabe, existe siempre el interés por difundir los resultados de la investigación, y las editoriales universitarias son notoriamente deficientes a la hora de distribuir las publicaciones. El precio, desde luego, también es un factor inhibitorio, sobre todo para estudiantes. El problema subyacente es que muchas de estas publicaciones tienen derechos que son propiedad de las respectivas editoriales, aunque siempre ha existido cierta tolerancia (explícita o tácita) para la “re-distribución” entre colegas y alumnos, que incluso podría considerarse como “promoción”. Aunque el arranque de esta opción de “auto-publicación” fue muy modesto, en fechas recientes puede verse un crecimiento prometedor, y ahora casi cada semana encuentro en mi buzón avisos sobre nuevos materiales disponibles en línea que parecen de interés o que podrían serlo para mis alumnos.

Evidentemente, una red social es tan interesante como las personas que forman parte de ella. La afiliación en la academia iberoamericana ha progresado, aunque sigue siendo limitada. Quienes más aparecían eran  “jóvenes investigadores”  o bien estudiantes de posgrado, dos grupos que permiten ver hacia donde se mueve la academia. Por otro lado, en  fechas recientes he tenido la satisfacción de ver registrados (y dando acceso a varias de sus publicaciones) a colegas de larga trayectoria y bien asentado prestigio. Academia.edu parece ir por buen camino, y espero ver en él a muchos más caminantes.

El nuevo Google Maps: una revisión

Google Maps siempre me ha parecido fascinante. Es muy conveniente para averiguar direcciones, formas de llegar a un punto (en automóvil, transporte público, e incluso a pie), distancias, lugares cercanos de interés (comercios, museos, parques) y en general, para tener una idea del sitio con la opción “street view” o “vista de  calle”.  Por otro lado, resulta muy atractivo para quienes, como en mi caso, somos aficionados a los “viajes virtuales” por países y ciudades que podremos (o no) recorrer “presencialmente” algún día. Y, también, en ocasiones me ha sido de utilidad para encontrar algún lugar mencionado en antiguos documentos, o comprender mejor cierto conflicto sobre  tierras después de estudiar un panorama de la orografía.

La nueva imagen de Google Maps (centro de Guanajuato)
La nueva imagen de Google Maps (centro de Guanajuato)

Siempre he seguido de cerca la paulatina expansión del servicio, que cada tanto agrega nuevos países, rutas e incluso recorridos por el interior de zonas arqueológicas, museos y otros edificios históricos. Por esta razón, recibí con mucho interés el anuncio de una nueva versión de GM (que, obviamente, tiene su app para Android). No sé si porque está en “periodo de prueba” o como recurso publicitario, hay que solicitar  ser dado de alta desde una cuenta google, lo cual en mi caso ocurrió en unos tres días.  Y efectivamente, hay mucho de nuevo; algunas cosas me parecieron bien, otras no tanto. Para ponerlas en orden:

* Aunque es algo menor, los mapas tienen ahora una presentación más atractiva, moderna y colores menos “restallantes”.

El nuevo cuadro de búsqueda
El nuevo cuadro de búsqueda

En el mismo sentido colabora la ubicación de los comandos de búsqueda y dirección, que ahora ocupan menor espacio en la pantalla, a la vez que tienen más opciones.

* Como antes, es posible “girar” el mapa y cambiar el ángulo de visión. La mayor parte de los comandos se realiza con el “ratón”, lo cual entre otras cosas ha derivado en la desaparición del  “hombrecito amarillo”, que arrastrábamos para obtener la “vista de calle” de un lugar. Cuesta un poco habituarse, pero supongo será cosa de práctica.

* Algo que atraerá a los bicicleteros: ahora hay opciones específicas para rodar en los  caminos más adecuados y seguros 🙂 No está aun disponible más que en unos pocos países, pero se ve que ahí viene, literalmente, sobre ruedas.

Según GM, no es buena idea transitar por el área de La Raza un viernes a las 8 de la mañana. Mejor tomar el metro...
Según GM, no es buena idea transitar por el área de La Raza un viernes a las 8 de la mañana. Mejor tomar el metro…

* También (otra vez, todavía solo para algunas ciudades) GM propone rutas para moverse en automóvil desde A hacia B, e incluso informa del estado del tráfico “en vivo” y estima el tiempo del recorrido. Es algo que técnicamente cabía en lo posible, pero que no deja de ser sorprendente.

Museo Regional de Querétaro, desde (evidentemente) la calle Francisco I Madero
Museo Regional de Querétaro, desde (evidentemente) la calle Francisco I Madero

* El recorrido “a nivel de piso” ahora es más fluido, sin los “saltos” que eran anteriormente muy típicos (y algo fastidiosos). El nombre de las calles y carreteras aparece “sobre escrito” virtualmente, para que el usuario no pierda el rumbo.

*Los mapas ahora  incluyen a pie de página, a manera de carrusel, las mejores fotografías que los usuarios han dado de alta en Panoramio, la plataforma de fotos de Google. El efecto (ver arriba) es muy interesante.

Zihuatanejo - vista de hoteles
Zihuatanejo – vista de hoteles

* La nueva versión contiene mucha más información (y mejor presentada) sobre establecimientos comerciales. Esto desde luego tiene que ver  con la necesidad de Google de hallar la forma de “desquitar” los grandes costos que seguramente ha tenido fotografiar el mundo, incluyendo suburbios, montañas, carreteras y sitios despoblados. Es algo comprensible y no resulta molesto, porque se activa a petición del usuario (por ejemplo, al escribir “Zihuatanejo, hotel”).

*Hay una mayor integración con Google+, la red no tan exitosa de esta corporación, de manera que en los resultados aparecen los sitios preferidos e incluso los comentarios de mis “amigos G+” sobre sitios, atracciones y comercios. La intención es obvia. Además, parece ser que Google Maps “recuerda” las búsquedas anteriores, y puede “configurar” los resultados automáticamente, de manera que concuerden con los intereses del usuario. (Sí, ya sé que es algo que tiene sus bemoles en cuanto a privacidad se refiere, pero esa es otra discusión…)

* Una consecuencia de la abundancia de recursos es que ahora se requiere (si se desea utilizarlos) un equipo razonablemente moderno, y una buena conexión a internet. De otra manera, las imágenes pueden tardar su rato en aparecer nítidamente en pantalla.

La antigua (y desaparecida) vista global de Street View (México en 2011)
La antigua (y desaparecida) vista global de Street View (México en 2011)

* Lo que no me convence es que anteriormente, al “arrastrar” con el “ratón” a nuestro “amigo amarillo”, aparecían claramente remarcados en azul todos los sitios del mapa  donde estaba disponible la “vista de calle”. Ahora es algo que se descubre solamente al intentar obtenerla en un lugar específico, lo cual deja al usuario limitado a un lento y enfadoso procedimiento de “ensayo y error”.  También resultaba muy interesante ver la densidad de la cobertura por región, país e incluso continente. Esta es una opción que realmente echo en falta.

Afortunadamente, si al usuario no le gusta la nueva versión, Google tiene la respuesta: es posible volver fácilmente al antiguo modelo, ya sea por una vez o definitivamente. Por ahora, al menos, es una decisión que dejaré pendiente mientras recorro el mundo a golpe de “clicks”.

Acceso abierto y validación académica: una discusión en progreso

En su excelente blog “Facetas históricas”, Luis Ignacio Sánchez Rojas se ha ocupado de “El vicioso sistema de reputación y las nuevas redes sociales académicas“. El artículo es muy pertinente, y es ciertamente adecuado que estos temas se expongan en público. Los argumentos retoman y discuten un escrito de Richard Price, fundador de Academia.edu, una red sobre la cual en el pasado he hecho algunos comentarios. Las propuestas presentadas son principalmente dos: la injusticia de que el lector tenga que pagar dos veces por acceder a un artículo científico (primero, cuando entrega impuestos que sostienen los centros de investigación, y luego cuando debe pagar por acceder a los contenidos); y el carácter vicioso del “sistema  de reputación académico”, en el cual es necesario para un investigador someter sus productos a una revista especializada, que publica (y vende) el resultado.

Hay aquí dos asuntos distintos, aunque relacionados entre sí. La restricción del acceso a publicaciones especializadas es un problema particular de la academia anglosajona, donde ha sido común considerar el conocimiento como objeto valioso y comercializable. Tiene que ver, también, con el modelo de financiamiento de las universidades públicas, que no depende tanto (para bien o para mal) del Estado como en lo que podríamos llamar el “modelo latino”. Es bueno mencionar que existe en Estados Unidos un movimiento para “liberar” los contenidos, que ha puesto presión sobre los proveedores como JSTOR, que ha establecido recientemente un servicio de acceso abierto (bien que aún limitado y ambiguo, como han señalado algunos críticos). En Inglaterra está ocurriendo una tendencia en el mismo sentido, impulsada desde el gobierno, que podría afectar las muchas revistas de interés para los mexicanistas publicadas por Cambridge University Press. Es conveniente hacer notar que aunque para el lector o estudiante el acceso abierto es algo casi de sentido común (y que yo respaldo), hay también aspectos legales (derechos de autor) y de recuperación de inversión que no son menores para las instituciones.

En México este problema  ha dejado de ser tal: prácticamente todas las revistas importantes de investigación histórica (hay alguna  excepción menor) son de libre acceso (véase aquí).  En España ocurre lo mismo, e incluso revistas como Anuario de Estudios Americanos y Revista de Indias han abandonado la práctica del “embargo” temporal, que restringía la lectura libre al último número publicado. En Francia este movimiento aun no es tan evidente, pero la plataforma Cléo ha realizado importantes progresos en este sentido.

El otro asunto toca al mismo núcleo de la publicación en revistas. Price (cuyas opiniones no son del todo desinteresadas, porque promueve su propia red como opción “abierta”) señala los vicios intrínsecos del sistema de evaluación, que está detrás de la existencia misma de las revistas científicas. Esto es, todos los artículos remitidos son enviados para su dictamen a un par de especialistas (que no conocen el autor). Estos expertos dan su opinión, que puede ser negativa, favorable o condicionada (lo cual es muy frecuente e implica por lo común días, e incluso semanas adicionales de trabajo).Vuelve luego a revisarse, y si todo está bien, pasa a un laborioso proceso de edición impresa. El sistema es complicado, lento (puede tardar mas de un año)  e  imperfecto, pero es resultado de una experiencia que viene de más de un siglo de vida académica, y no se ha encontrado hasta el presente otro mejor. Price propone que actualmente existe la posibilidad de publicar directamente (por ejemplo, en su propia plataforma 🙂 ), comunicar de inmediato los resultados de la investigación, recibir los comentarios de toda  la comunidad científica e incluso (aunque es bastante vago al respecto) obtener ingresos por esta vía. Va tan lejos como augurar la próxima extinción de las revistas, algo que ciertamente no parece que ocurrirá en el corto ni mediano plazo. En esto, como en muchos aspectos, es riesgoso confundir los propios deseos con la realidad.

La opción de publicación directa, sin intermediarios, también traería nuevos criterios de validación (o “reputación”): el número de citas en Google Scholar, el de “me gusta” (“likes”) y “seguidores” registrados como tales. En vez de tener el dictamen de “expertos” y el apoyo de una revista prestigiosa, sería una entidad amorfa y anónima (el “público” o “los lectores”) la que representaría la sabiduría colectiva y atribuiría el criterio de verdad (o de confiabilidad). Fue el método utilizado por Knol, la frustrada  (y ya desaparecida) enciclopedia de Google.  En el ámbito de la historia, lo mismo puede decirse de Historiador.net donde los usuarios “suben” artículos y alcanzan el honor de ser promovidos a la primera página según las preferencias de los demás miembros registrados.

El asunto no es menor porque no está solamente en juego la mayor o menor vanidad de un autor, sino la atribución de recursos presupuestales (que, en las humanidades, no son muy cuantiosos, pero suelen ser mucho mayores e imprescindibles en las ciencias “duras”).  Asimismo, confiar en el mejor criterio del público lector puede resultar riesgoso, ya no digamos solamente en los estudios históricos,  sino en campos como la medicina o la ingeniería, donde el error inducido por una publicación (por muy popular que sea) puede tener graves consecuencias. En realidad, no hay razón para no combinar el acceso abierto con la validación de especialistas, como hacen por ejemplo las páginas “wiki” de Scholarpedia, Citizendium o, en el caso de revistas,  la muy notable iniciativa de  “Nuevo Mundo – Mundos Nuevos“.

Desde luego, los historiadores somos razonables analistas del pasado, pero nuestro “record” en predecir el futuro es bastante, uhm, modesto. El vertiginoso y acelerado desarrollo de Internet, y de sus muchas aplicaciones y recursos, es bastante impredecible. Habrá que ver que nos depara.

Google y las elecciones en México

Para satisfacción de algunos y desconsuelo de otros, las elecciones mexicanas de 2012 (presidente, senado, diputados, varios gobernadores y presidencias municipales) están en camino de ser historia.  Técnicamente aun no concluyen.  Aunque la votación fue el pasado domingo 1 de julio y se han anunciado resultados parciales, falta todavía el cómputo final que aparecerá en un par de días, y desde luego resolver las posibles irregularidades y múltiples impugnaciones, lo cual llevará su tiempo.

El tema dará mucho de qué hablar durante los próximos días y meses (notoriamente, las visibles  diferencias entre el México del norte y el del sur), pero entre los “saldos” que ya pueden apreciarse está el papel de las redes sociales y otros medios “virtuales” en la movilización (y en algunos casos, manipulación) electoral.  Un aspecto,  la presencia  de Google,  me interesa aquí en particular (más allá del previsiblemente simpático “doodle”).

En efecto, el organismo responsable de organizar las elecciones, esto es, el Instituto Federal Electoral, realizó un acuerdo de colaboración con el gigante de las búsquedas cibernéticas.  En primer lugar para ubicar las casilla de votación mediante su aplicación “Google Maps”

como puede apreciarse con la 111, de la ciudad de Campeche, cuya ubicación está marcada con un icono en forma de urna electoral azul. Y en caso necesario, para mayor facilidad, pueden verse la calle y el edificio, que parecer ser una escuela pública

El icono reaparece en este caso  astutamente sobrepuesto en la barda perimetral de la escuela (aunque es poco visible, y aquí lo he rodeado de un círculo rojo)

Por otro lado, el acuerdo ha incluido el traslado del Programa de Resultados Electorales Preliminares del IFE.

como puede apreciarse en el link puesto (junto al de otros medios e  instituciones) en el portal de la institución o, directamente, aquí.

Al acudir al sitio, pueden apreciarse los resultados parciales en Google Maps a  las 02.00 horas del lunes 2 de julio (y sí, hasta esa hora nos quedamos muchos despiertos, siguiendo la votación).

También podía verse la distribución regional de la votación de cada partido (en este caso la de Acción Nacional, aunque los matices de colores no se sabe bien a bien qué representan);

y por cada municipio, como en este ejemplo, Chilpancingo, Gro., pudiéndose hace un click para obtener las cifras. En la columna de la izquierda aparecen los resultados estatales, útiles para cuestiones comparativas.

Nótese que todos estos ejemplos que he incluido son resultados parciales que obviamente van a cambiar  en el curso de las siguientes horas.

Dejando de lado su interés inmediato, que es el electoral, estos materiales también serán muy útiles para quienes se dediquen a estudiar esta votación, analizarla y sacar las correspondientes conclusiones, tanto académicas como políticas. En lo personal me hubiera gustado tener el mapa de conjunto del país con el color del vencedor en cada municipio, porque la visualización de conjunto da una falsa impresión de uniformidad.

Google no se contentó con su acuerdo con el IFE.  En asociación con el  Centro de  Estudios Sobre Internet y Sociedad, del  Tecnológico de Montererrey,  ha establecido un canal en youtube donde se anima a los usuarios a compartir videos de sus observaciones del proceso electoral.  Al día de hoy podían verse muchos que denunciaban irregularidades varias.

Estas iniciativas pueden verse como parte del programa de continua expansión de Google, pero también como una respuesta frente a la popularidad creciente del uso de Facebook y Twitter (ya se sabe, Google+, su red social, parece no estar yendo a ninguna parte). De manera interesante, la opción  de Google en México ha sido acercarse a las instituciones (ahora el IFE, una universidad privada), como antes lo hizo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Viéndolo en perspectiva, lo que todas estas compañías procuran es ocupar un “nicho” de interés que les dé ventaja sobre sus competidores, y asimismo conseguir que sus productos se “cotidianicen”, se  inserten como vehículos “naturales” de las relaciones entre personas,  y como parte imprescindible de nuestra vida diaria. No tengo en sí nada en contra de ello, mientras la correlación entre sus beneficios y nuestras conveniencias sea justa y adecuada.

Alternativas a Wikipedia (4): evaluación y perspectivas

La combinación de la popularidad mundial de Wikipedia, la frustración de muchos wikipedistas con su sistema de edición  anónimo e impredecible, y la inquietud por llevar el conocimiento especializado más allá de los restringidos espacios académicos, ha llevado a la creación de varios sitios “wiki” alternativos, con diferencias combinaciones de  criterios editoriales. La idea es ciertamente atractiva. En este sentido, comenté en notas pasadas los logros y limitaciones de Scholarpedia, Citizendium y The Encyclopedia of Earth, con la idea (no tan implícita) de examinar posibles modelos aplicables para una alternativa en español sobre los temas que nos son cercanos. Podría evidentemente seguir reseñando sitios con propósitos similares,  pero me parece que con los reseñados ya tenemos un buen panorama y puedo aventurar algunas conclusiones.

* Pese a todas sus limitaciones, Wikipedia con el tiempo ha logrado establecerse en la conciencia y preferencias del público como sitio de consulta. Ha conseguido asimismo algo muy difícil: reunir una vasta red de colaboradores que escriben y corrigen textos constantemente, sin esperar recompensa ni reconocimiento. Comon muestran los casos de Citizendium, y  Knol (de Google) no parece probable que aparezca y se consolide alguna otra enciclopedia similar. Nos agrade o no,  es preferible realizar el esfuerzo para que los textos de Wikipedia sean lo más confiable posibles, aunque a veces parezca arar en el mar.

En cambio, es posible que sitios “wiki” temáticamente especializados (digamos, por decir algo, sobre historia y patrimonio histórico de México), redactado por expertos que le den confiabilidad,  puedan tener un nicho propio y perspectivas interesantes de desarrollo. Esto nos lleva a las diferentes soluciones adoptadas para resolver las delicadas cuestiones  de la autoría, convocatoria de autores, calidad, organización y estructura.

* Autoría: En este indispensable rubro, Scholarpedia se ha ido a un extremo: procura que cada artículo esté redactado por la máxima autoridad reconocida en su campo de conocimiento (o, al menos, alguien que haya investigado el tema, y que cuente con un doctorado).  Encyclopedia of Earth (EoE) ha adoptado un criterio más flexible: acepta investigadores y docentes de posgrados  universitarios, pero también profesores de licenciatura o de enseñanza media,  miembros de ONGs, de agencias gubernamentales, miembros de sociedades científicas, de organizaciones empresariales, y en general cualquier persona que pueda demostrar conocimientos especializados en algún área.

* Convocatoria. La reunión de autores “expertos” presenta considerables dificultades prácticas. Suelen ser personas muy ocupadas, que administran cuidadosamente su tiempo, y que entre artículos, conferencias, cursos y comités no tienen muchos ratos disponibles para actividades adicionales. En general, estas wikis enfatizan un curioso argumento negativo: no son Wikipedia, o sea, reconocen y respeta el derecho de autor,  no hay anonimatos, la contribución es citable, y el entorno es académico. Hace falta evidentemente algo más, y Encyclopedia of Earth ha tratado de presentar argumentos convincentes: el resultado de las investigaciones puede alcanzar públicos más amplios que el de los medios impresos,  es posible actualizar constantemente los artículos, el autor participará en un modelo de publicación en rápida expansión,  y se integrará en una comunidad académica respetada, que comparte y discute objetivos comunes.

Calidad: tanto Scholarpedia como EoE han adoptado un modelo de aprobación similar al de las revistas académicas: los artículos son sometidos a revisión por “pares“, esto es, por otros expertos que conocen el tema. El texto no es publicado hasta que  no se haya respondido adecuadamente a las observaciones de los dictaminadores, a criterio de los editores.  Es algo que para un contribuyente de Wikipedia le parecería una forma inaceptable de censura, pero que es habitual en el entorno académico. No es un procedimiento simple ni exento de errores, pero es el mejor que se ha encontrado.

* Ingeniería social.  Aun así, no es fácil convocar a un número suficientemente numeroso de autores. Un sitio wiki no puede depender del entusiasmo voluntarista de un editor, sino que debe necesariamente integrar una comunidad que  reúna expertos de diferentes temas y épocas, y que por su número permita el trabajo conjunto, la  colaboración y el reparto de tareas.  Y pensar que el prestigio de los miembros de un comité editorial , el respaldo de una o más  institucioneso empresas, criterios adecuados de edición, y una plataforma tecnológica  sofisticada y atractiva atraerán  la atención y el interés de los expertos es algo razonable, pero no seguro.  Pero que vale la pena intentarlo, y que los resultados podrían ser muy interesantes, no me cabe duda.