Twitter vs Facebook vs Blogs: impresiones de un #neotuitero historiador

Hace algunos años abrí una cuenta en Twitter. Lo hice con cierta renuencia, porque mis revisiones iniciales de lo que se publicaba en esta plataforma no me convencían de que valiera el esfuerzo, y por otro lado no me faltaban actividades que requerían mi atención. La utilicé poco más que para difundir las notas de mis blogs, y por un tiempo para crear una especie de “espejo” de lo que se publicaba en H-MEXICO en el tiempo que fui su editor. Para comentarios y notas más personales, prefería Facebook, que me daba la opción de una red “semiabierta”, donde podía poner, por ejemplo, algunas fotografías de mis viajes o breves comentarios personales destinados solamente a algunos colegas cercanos y a mis tres que cuatro amigos.

Hace cosa de un año tuve  más tiempo disponible y me decidí a “darle una segunda oportunidad” a Twitter, a manera de experimento en comunicación. Los siguientes son mis comentarios (no una “evaluación”), desde luego muy personales, sobre que…

* De mi informal estadística, parece haber muchos más académicos “tuiteros” que “blogueros”.  La mayor parte, son de la generación de entre 20 y 40 años.

* Publicar en Twitter  implica (aparentemente) mucho menos tiempo de trabajo. Una entrada en mis blogs puede llevarme varias horas de labor; son “mini ensayos”, que además requieren imágenes, inclusión de vínculos, edición posterior de comentarios, etc. En cambio, los tuiteos pueden hacerse casi al vuelo, en alguna pausa momentánea de las actividades cotidianas.

* Por lo mismo, es fácil derivar hacia la “comunicación todo el tiempo/ todo el día”,  sobre todo teniendo en cuenta de que es posible mantenerse conectado con esta plataforma mediante los ahora ubicuos “gadgets” portátiles. Viéndolo bien y despacio,  mantenerse activo en Twitter no requiere menos tiempo que un blog; la diferencia está en la concentración requerida por la actividad.

* Aunque los contenidos en Twitter no destacan precisamente por su pulimento narrativo, hay autores que tratan de conjugar una imagen, un ritmo y un argumento en brevísimo espacio. En realidad, podría ser un género literario de interés, con sus propias dificultades, porque no es fácil resumir una idea en 140 caracteres. Esta extensa nota, de hecho, puede ser un buen ejemplo de lo dicho.

* Las interacciones en Twitter son más fáciles y frecuentes. Una queja común de los blogueros es la escasez de respuestas y comentarios pertinentes, que muchas veces acaba por desanimar al autor. Este es un gran punto a favor de esta plataforma.

* Por otro lado, los “tuiteos” son muy perecederos; después de poco tiempo dejan de recibir atención. Los temas de interés cambian casi día con día, y las interacciones son muy efímeras. En cambio, una entrada en un blog sigue siendo consultada y atrayendo comentarios, aunque sea en menor grado, a través de los años.

* La inmediatez de la comunicación puede llevar a que el tuitero reaccione de inmediato ante cualquier suceso, lo cual proporciona espontaneidad y a veces mucha emotividad, con los consiguientes encantos y riesgos. No es el tipo de lenta reflexión y escritura propia de los blogs.

* A diferencia de Facebook u otras redes sociales, donde el usuario puede delimitar y restringir el grupo con el que interactúa, cada tuiteo está abierto potencialmente a cientos de miles de personas. Twitter es una red abierta. La única opción existente es  mantener la propia cuenta como “privada”; no hay opciones intermedias.

* La masividad (y la consiguiente impersonalidad) tiene sus ventajas. Para seguir a alguien en Facebook, hay que convertirse muchas veces en su “amigo”, porque esa fue su intención inicial: dar vehículo a redes de amistad. Pero ¿son todos mis colegas, lectores  y alumnos mis “amigos”? No, realmente. En este sentido, la interacción en Twitter resulta más conveniente, más “profesional”.

* Los “cliotuiteros” utilizan sus escritos para una gran variedad de fines: difundir noticias de actividades académicas, vínculos a recursos de interés, afirmaciones enigmáticas que sólo pueden comprender los entendidos, aforismos (un género muy interesante, con ilustres antecedentes), opiniones sobre sucesos de actualidad, campañas diversas de diferentes propósitos sociales y políticos, y notas muy personales (lo que está haciendo el tuitero en este instante, el humor con el que se despertó esta mañana, entusiasmos futboleros, las fotos de sus sus mascotas…)

* Como puede verse, las antiguas diferencias entre lo privado y lo público, entre amigos  y  “seguidores”, resultan cada día más borrosas, aunque hay tuiteros que mantienen escrupulosamente estas distinciones.

* A través de las personas a las que el tuitero “sigue” y sus propios “seguidores”, esta plataforma establece un flujo continuo de notas que llegan automáticamente al espacio personal de cada quien, sobre todo en la sección “descubre”, definida como “Lo que está sucediendo ahora, hecho a tu medida”. Puede ser un recurso útil,  pero también contribuye a la sobrecarga de información que se ha convertido en uno de los problemas de la red de redes.

*  Los historiadores con más “seguidores” son frecuentemente los que se adentran en temas actuales. Es una red cuyos contenidos privilegian la inmediatez. Obviamente, el historiador no tiene porqué ser un anticuario, o mostrarse indiferente ante las urgentes realidades del presente. Pero dedicarse primordialmente al pasado (esto es, al asunto propio del historiador) no es la mejor vía para reunir  muchos “seguidores” en la esfera  tuiteriana (si ese es un propósito, porque no tiene porqué serlo).

* Y bien, en resumen ¿vale la pena emplear Twitter como herramienta de difusión académica? La respuesta no puede ser general; depende de lo que espere de esta plataforma, de las inclinaciones y personales estilos. Espero haberles dado algunas ideas al respecto.

La blogosfera de historia mexicana: comentarios sobre una revisión analítica

Los blogs o “bitácoras” han sido una aportación muy interesante en la difusión de la historia en México. Tienen ya su historia, desarrollo y tendencias, de las que en Clíotropos he dado brevemente cuenta, tanto en notas parciales como en una tradicional  revisión findeañera. Son, también, un posible y válido objeto de estudio si se consideran estos aspectos, y asimismo el carácter, formación, propósitos, logros y limitaciones de los blogueros, tanto de los que persisten a través del tiempo como aquéllos que han optado por dedicar su tiempo e imaginación a otros fines.

En este sentido, es particularmente bienvenida la aparición de un artículo de Íñigo Fernández Fernández en el volumen XX del Anuario de la Investigación en Comunicación (que puede consultarse aquí),  dedicado a “Algunos apuntes en torno a la blogósfera de historia en México”.  En su trabajo, partió  de las compilaciones anuales de este blog (un reconocimiento que agradezco) para realizar un seguimiento analítico de 41 de ellos. Asimismo, recurrió a un cuestionario remitido a sus autores, entregado en abril de 2013 (que fue contestado por la mitad, aproximadamente). El criterio de selección fue que estos blogs trataran de historia de México (incluyendo varios radicados fuera del país) y que estuvieran escritos en español (lo cual excluyó a algunos otros, como el recomendable Mexique Ancien).

De las respuestas, análisis estadístico y comentarios de Fernández se derivan datos muy relevantes. El primero es que en cuanto a su aparición y permanencia, los blogs tuvieron su momento de auge entre 2008 y 2010, y posteriormente experimentaron un retroceso cuantitativo, con varias “bitácoras” abandonadas que no fueron enteramente compensadas por los nuevos ingresos. Los motivos expuestos por los autores que así procedieron fueron sobre todo falta de tiempo por requerimientos personales y profesionales (82%),  y simple pérdida de interés (18%).

Blogs-años
Fernández Fernández, “La blogósfera….”

Un elemento llamativo es que la cuarta parte de los blogueros no tienen estudios formales en historia, lo cual podría (desde mi punto de vista) interpretarse tanto como que existe un considerable interés de personas de otras profesiones en la historia de México, o bien que no hay suficientes historiadores que opten por los blogs como medio de difusión. La encuesta muestra, por otro lado, que un 77% hicieron estudios de posgrado en distintas áreas, que un 49% reside en la ciudad de México, y que por su edad pertenecen (como quien esto escribe) a lo que Fernández llama la “generación X”, esto es, el grupo que hizo la “migración” desde la máquina de escribir a la computadora.

En cuanto a los motivos, el 54.6% inició sus blogs con el propósito de difundir la historia de México, lo cual coincide con su intención predominante (54.5%) de acercarse al público general, con un 31.8% guiado por motivos profesionales (difundir las propias investigaciones, publicaciones y actividades académicas).

La parte menos brillante que ofrece este “estado de la cuestión” se refiere a la interacción con el público lector. En efecto, aunque algunos blogs tienen gran visibilidad en línea, los comentarios son otro asunto. La mayoría de los blogueros establece límites para su publicación, ya sea mediante la revisión previa (48.8%) o de plano no los acepta(24.6%). Las razones han sido la presencia de “trollers” agresivos (que sí los hay…), spam (propaganda comercial) o simplemente, comentarios no pertinentes a los temas publicados (un blog no es un foro….). Es algo que da mucho sentido a lo que seguidamente se señala: aunque los autores tienen en principio mucho interés por los comentarios, se muestran más bien escépticos acerca de su valor concreto, hay escasas interacciones entre los propios blogueros, y no parece haber comentaristas habituales, que formen una red de comunicación. En este sentido, Fernández concluye que la blogosfera de historia en México tiene una función principalmente informativa, lo cual parece correcto aunque no nos dé la mejor imagen de los logros de la “clíosfera”.

Hay otro aspecto que ameritaría comentario. Fernández considera otras plataformas sociales (como Facebook o Twitter) en su capacidad como complementos de la actividad bloguera. Pero también es posible que la popularidad creciente de su uso haya contribuido a limitar la expansión de los blogs:  la actualización constante de estas redes sociales no requiere de tanto tiempo y dedicación, permiten (potencialmente) una mayor audiencia, y tienen una interactividad más fácil y frecuente, sobre todo para breves notas, difundir recursos, noticias y actividades académicas. Estas plataformas, como es obvio, también tienen sus inconvenientes, pero lo que aquí nos interesa sería dilucidar si están desplazando a las “bitácoras” en las funciones que parecían propias. Es probable que así sea, al menos en el caso de la historia de México, lo cual nos llevaría a repensar su función. Quizás la utilidad de los blogs sea más formal que la prevista, y que tenga más sentido acercarlos a repositorios de breves ensayos, y a publicaciones afines como las revistas académicas (que, de manera convergente, tienen ya cierta incipiente tendencia a expandirse hacia las redes digitales, como puede verse con los recientes experimentos de la venerable Hispanic American Historical Review).

Más allá de sus valiosos datos y pertinentes reflexiones, este artículo muestra que la evolución de  la historia digital es un sujeto muy digno de estudio, y que ya resulta aceptable y aceptado por publicaciones formales. Ojalá sea algo que tenga una deseable continuidad, porque permitiría a las instituciones acercarse a temas contemporáneos, y a reflexionar sobre la manera en que hoy día hacemos y difundimos la historia.

Google y las elecciones en México

Para satisfacción de algunos y desconsuelo de otros, las elecciones mexicanas de 2012 (presidente, senado, diputados, varios gobernadores y presidencias municipales) están en camino de ser historia.  Técnicamente aun no concluyen.  Aunque la votación fue el pasado domingo 1 de julio y se han anunciado resultados parciales, falta todavía el cómputo final que aparecerá en un par de días, y desde luego resolver las posibles irregularidades y múltiples impugnaciones, lo cual llevará su tiempo.

El tema dará mucho de qué hablar durante los próximos días y meses (notoriamente, las visibles  diferencias entre el México del norte y el del sur), pero entre los “saldos” que ya pueden apreciarse está el papel de las redes sociales y otros medios “virtuales” en la movilización (y en algunos casos, manipulación) electoral.  Un aspecto,  la presencia  de Google,  me interesa aquí en particular (más allá del previsiblemente simpático “doodle”).

En efecto, el organismo responsable de organizar las elecciones, esto es, el Instituto Federal Electoral, realizó un acuerdo de colaboración con el gigante de las búsquedas cibernéticas.  En primer lugar para ubicar las casilla de votación mediante su aplicación “Google Maps”

como puede apreciarse con la 111, de la ciudad de Campeche, cuya ubicación está marcada con un icono en forma de urna electoral azul. Y en caso necesario, para mayor facilidad, pueden verse la calle y el edificio, que parecer ser una escuela pública

El icono reaparece en este caso  astutamente sobrepuesto en la barda perimetral de la escuela (aunque es poco visible, y aquí lo he rodeado de un círculo rojo)

Por otro lado, el acuerdo ha incluido el traslado del Programa de Resultados Electorales Preliminares del IFE.

como puede apreciarse en el link puesto (junto al de otros medios e  instituciones) en el portal de la institución o, directamente, aquí.

Al acudir al sitio, pueden apreciarse los resultados parciales en Google Maps a  las 02.00 horas del lunes 2 de julio (y sí, hasta esa hora nos quedamos muchos despiertos, siguiendo la votación).

También podía verse la distribución regional de la votación de cada partido (en este caso la de Acción Nacional, aunque los matices de colores no se sabe bien a bien qué representan);

y por cada municipio, como en este ejemplo, Chilpancingo, Gro., pudiéndose hace un click para obtener las cifras. En la columna de la izquierda aparecen los resultados estatales, útiles para cuestiones comparativas.

Nótese que todos estos ejemplos que he incluido son resultados parciales que obviamente van a cambiar  en el curso de las siguientes horas.

Dejando de lado su interés inmediato, que es el electoral, estos materiales también serán muy útiles para quienes se dediquen a estudiar esta votación, analizarla y sacar las correspondientes conclusiones, tanto académicas como políticas. En lo personal me hubiera gustado tener el mapa de conjunto del país con el color del vencedor en cada municipio, porque la visualización de conjunto da una falsa impresión de uniformidad.

Google no se contentó con su acuerdo con el IFE.  En asociación con el  Centro de  Estudios Sobre Internet y Sociedad, del  Tecnológico de Montererrey,  ha establecido un canal en youtube donde se anima a los usuarios a compartir videos de sus observaciones del proceso electoral.  Al día de hoy podían verse muchos que denunciaban irregularidades varias.

Estas iniciativas pueden verse como parte del programa de continua expansión de Google, pero también como una respuesta frente a la popularidad creciente del uso de Facebook y Twitter (ya se sabe, Google+, su red social, parece no estar yendo a ninguna parte). De manera interesante, la opción  de Google en México ha sido acercarse a las instituciones (ahora el IFE, una universidad privada), como antes lo hizo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Viéndolo en perspectiva, lo que todas estas compañías procuran es ocupar un “nicho” de interés que les dé ventaja sobre sus competidores, y asimismo conseguir que sus productos se “cotidianicen”, se  inserten como vehículos “naturales” de las relaciones entre personas,  y como parte imprescindible de nuestra vida diaria. No tengo en sí nada en contra de ello, mientras la correlación entre sus beneficios y nuestras conveniencias sea justa y adecuada.

La historia de México en las páginas públicas de Facebook

A pesar de todas las reservas, de sus  limitaciones y de ciertos inconvenientes (véase “Razones de un historiador para usar/no usar Facebook“), cada vez es más frecuente que instituciones y asociaciones académicas recurran a una “página pública”  de Facebook para fines de difusión y divulgación.  Las ventajas son evidentes: pueden establecerse y administrarse muy fácilmente, no tienen costo, y atraen la atención de un público joven que mucho nos interesa (o debería interesarnos). También hay grupos  que han encontrado en Facebook un medio adecuado de difusión, sin tener que recurrir a los enredados y lentos procedimientos institucionales para acceder a la red.

Fuente: AMIPCI. Estudio de hábitos de los usuarios de Internet, 2010.

Desde luego, no siempre es seguro que estas páginas correspondan exactamente a una institución o un autor, porque hace un tiempo Facebook introdujo unas páginas de comunidad que son creadas de manera automática a partir de Wikipedia, o bien  de informaciones puestas en el “perfil” de los usuarios. Con un poco de atención, es posible darse cuenta de quienes realmente son quienes dicen ser.

He compilado aquí un listado de las páginas “públicas” de Facebook  (esto es, las que puede consultar cualquier persona, sin necesidad de ser usuario registrado), excluyendo  las páginas “personales” (aunque no lo crea, hay instituciones que utilizan esta opción) y los “grupos”. Estos dos últimos  requieren ser usuario de Facebook para consultarlos, o bien registrarse como “amigo”.

Instituciones

Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)

El Colegio de México, A.C.

El Colegio de México. Doctorado de Historia

El Colegio de San Luis.

Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)

INAH TV

INAH. Escuela Nacional de Antropología e Historia. Difusión Cultural

Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora

UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) en línea.

Casa de las Humanidades

Facultad de Filosofía y Letras. Extensión Académica

Instituto de Investigaciones Antropológicas

Instituto de Investigaciones Bibliográficas

Instituto de Investigaciones Estéticas

Instituto de Investigaciones Filológicas

Archivos, bibliotecas y museos

Archivo General de la Nación (AGN)

Archivo Histórico del Arzobispado de México

Acervo Histórico del Palacio de Minería, Facultad de Ingeniería. UNAM.

Antiguo Colegio de San Ildefonso.UNAM.

Biblioteca Histórica José María Lafragua, BUAP

Museo Numismático Nacional

SINAFO. Fototeca Nacional,  INAH.

Sociedades y asociaciones científicas

Academia Mexicana de la Historia

Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México (ADABI)

Asociación Mexicana de Historia Económica

Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales, A.C. (CEAS)

Editoriales y revistas

Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México (UNAM)

Portal de Revistas Científicas y Arbitradas de la UNAM

20/10 Memoria de las Revoluciones en México

Revista Bicentenario. Instituto Mora

Temáticos

La ciudad de México en el tiempo. Un espacio abierto para compartir fotografías, anécdotas e información sobre la ciudad de México.

Archeográfica. Reconstrucción virtual, maqueta y ambientación tridimensionales asistidos por computadora sobre arqueología precolombina

Archivo para la Memoria. Pograma académico y archivístico que rescata, organiza, resguarda y difunde los vestigios de la vida cotidiana e institucional generados por particulares

Artes e Historia México.  Portal dedicado a la difusión de la historia, el arte y la cultura.

H-MEXICO, grupo virtual sobre historia de México

Cultura y Lengua Maya. Dedicada a los investigadores, admiradores y aficionados de esta gran civilización.

 ……………

Si encuentra que hay alguna otra  página pública FB de interés que debería agregarse a este listado, envíeme una nota en “comentarios”.

Qwiki, o el historiador automático

Allá en los ya no muy cercanos tiempos en que era un joven historiador recién contratado por el Instituto de Investigaciones Históricas de  la UNAM, descubrí que en una bodega de la biblioteca había una computadora  IBM (el modelo con  monitor con letras verdes sobre  fondo negro, que utilizaba discos floppy de 5 1/4).  Pedí permiso para desempolvarla, y prontamente comencé a escribir mis textos en un procesador, Word Perfect, ahora ya desaparecido del mercado. De vez en vez alguno de los investigadores más establecidos (que eran, o podían haber sido, mis maestros) se acercaba para ver porqué  estaba yo tecleando frente a un monitor. Después de una breve explicación,  les decía que llegaría el tiempo en que podrían meterse las notas de trabajo por una ranura de la computadora, luego escoger opciones interpretativas y de estilo, y por el otro lado saldría el texto ya escrito. Se me quedaban viendo, algunos con escepticismo y otros con inquietud. No faltaba quien iniciaba una larga y razonada exposición sobre por qué tal cosa nunca sería posible, para mi secreta y privada diversión.

Pues bien, en el mundo de la tecnología es mejor no hacer bromas sobre futuros improbables, porque siempre hay el riesgo de que acaben por ser verídicos. Ocurre que la acumulación de información y de interpretaciones en artículos y libros científicos disponibles hoy día en red es tal que ha llegado a constituirse en valiosa (y casi imprescindible) fuente de referencia para el estudioso.  Desde luego,  se requieren conocimientos y un buen criterio para discriminar entre lo pertinente y lo banal, así como para organizar el material y, obviamente, realizar un análisis, con sus correspondientes hipótesis y argumentos. Es una tarea intelectualmente compleja,  que resulta difícil para una computadora. Sin embargo, en la medida en que los sistemas cibernéticos son cada vez  más sofisticados, pueden utilizar sus capacidades de ordenamiento y clasificación de tal manera que imitan cada vez mejor el pensamiento humano.

Gracias a una nota del siempre alerta e interesante  blog de Libros y bitios, vengo a enterarme de Qwiki, una combinación de buscador con agregador de contenidos, procedentes en este caso de Wikipedia (en su versión inglesa) y materiales gráficos publicados  con licencia Commons, de Wikimedia. El resultado de las búsquedas es un audio  a manera de “cápsulas informativas”, de poco menos de un minuto, acompañado de imágenes, ilustraciones y (en su caso), mapas,  cuadros y gráficas.   La versión “texto” de la exposición también está disponible.  En esta versión preliminar o “alfa”, hay dos millones de entradas. Para empezar, no está nada mal.

Qwiki da al lector (previo registro) la posibilidad de sugerir imágenes o videos (pero no de corregir contenidos). También provee enlaces a contenidos pertinentes en Wikipedia, Youtube y Google, así como la opción de compartir el resultado mediante e-correo, Facebook o Twitter. Igualmente, propone cápsulas afines, de manera que puede navegarse una y otra vez por contenidos temáticamente vinculados.

Desde luego, la confiabilidad de los resultados de Qwiki es tan buena como sus fuentes, pero en una revisión rápida no encontré errores notables. Incluso en historia, sociedad y cultura de México hay más entradas de las que podría esperarse en un sistema basado en referencias anglófonas. Puede comenzarse, por ejemplo, en “Mexican Revolution“, y luego navegar hacia “Franciso I. Madero“, “Porfirio Díaz” y “Cristero War”. O, si se tiene poca paciencia con los “grandes acontecimientos”, consultar la cápsula de Day of the Dead, y de ahí derivar hacia La calavera catrina. No hay todavía una versión en español. Pensándolo bien, quizás no sea buena idea que la haya, dada las muchas imprecisiones que aparecen en la versión hispana de Wikipedia.

Qwiki se acerca bastante a la antigua  fantasía de ciencia ficción, aquella en la cual el protagonista se colocaba frente a una gran y ronroneante computadora, con muchas luces y unidades de cinta, para decirle  cosas como “Computadora, proporcióname información sobre la atmósfera de Júpiter”. Más cercano a nuestros intereses, podría pensarse que en algún momento el historiador podría sentarse frente a un equipo de cómputo  y pedirle  el “estado de la cuestión” sobre las haciendas en México en las primeras décadas del siglo XIX. No sería imposible, sobre todo si se partiera del enorme y creciente acervo de revistas y libros disponibles, por ejemplo, en Google Académico.

La inquietante mirada de Hal 9000
La inquietante mirada de Hal 9000

Por otro lado, Qwiki también recuerda inevitablemente a Hal 9000, la supercomputadora de la nave espacial de la película Odisea en el espacio, de Stanley Kubrick. Como recordarán los memoriosos, Hal encuentra una excelente razón para asesinar a toda la tripulación.  Sin llegar a tanto,  ¿acabarán algún día no tan lejano las computadoras y las aplicaciones como la que aquí he comentado por dejar sin trabajo a los historiadores? Yo podría aquí dar muchas razones por las cuales tal cosa nunca será posible… pero prefiero no correr el riesgo de que dentro de algunos años algún joven universitario lea mis argumentos con un aire de  secreta y privada diversión.

Lo público, lo privado y las “páginas de comunidad” de Facebook

El pasado abril Facebook introdujo un nuevo servicio, las “páginas de comunidad”, al que  inicialmente no hice mayor caso

El logo de las "páginas de comunidad"
El logo de las "páginas de comunidad"

porque no les veía mayor utilidad. Sin embargo, en una revisión reciente, he notado que hay buen número de historiadores que tienen aquí un espacio.  Aparecen  Alfredo Federico López Austin, Lucas Alamán, Miguel León-Portilla, Carlos María de Bustamante, Josefina Zoraida Vázquez y fray Bernardino de Sahagún, entre muchos otros.

La mezcla de autores contemporáneos y del pasado puede resultar un poco desconcertante. El motivo estriba en las peculiares características de estas páginas de comunidad,  cuya explicación requiere (como siempre) un poco de historia.

Facebook tiene desde hace años un popular servicio de “páginas”, que puede crear libremente cualquier usuario. A diferencia de los “grupos”, cualquier persona con acceso a internet puede consultarlas, aunque se requiere ser usuario registrado para agregar contenidos (si el editor de la página así lo acepta) y comentarios. Como podrá suponerse, hay páginas sobre todo, y del más diverso estilo; las hay incluso (por miles) que fueron creadas sin otro  fin  ni propósito que el mismo hecho de crearlas, al parecer en algún momento de aburrimiento.

Ahora bien, muy prontamente ocurrió que algunos usuarios establecían páginas dedicadas a alguna compañía, institución o personalidad sin tener la representación formal para hacerlo. Esto inevitablemente dio lugar a situaciones indeseables, que podían acabar en los tribunales. La respuesta de Facebook fue atender las reclamaciones caso por caso (clausurando la página o atribuyéndolas a quienes tenían el derecho legal) y por otro lado exigir que los editores de las páginas más populares acreditaran  su derecho cuando pasaban de cierto número de usuarios.  La situación se prestaba a muchas confusiones, protestas y litigios.

Por esta razón (y por otras, probablemente de índole comercial) Facebook creó las “páginas de comunidad“, que han sido bien definidas como espacios que, cuando se refieren a una persona o institución, no son “oficiales” sino “oficiosas”. Presentan una advertencia legal:

Las páginas de la comunidad no están afiliadas ni apoyadas por nadie que esté relacionado con el tema. Cualquier usuario puede crear una página de comunidad.

Hasta aquí la idea y los propósitos resultaban bastante claros, pero en su afán de impulsar este proyecto (y de ocupar “territorios cibernéticos”), Facebook dio un paso riesgoso: las “páginas de comunidad” no son solamente creadas por iniciativa individual.  Aparecen asimismo de manera automática a partir de los datos incluidos en los perfiles de los usuarios (aficiones, escuela, trabajo) y sobre todo desde algunos contenidos de Wikipedia (el resultado ha sido llamado, un poco en broma, “Facebookipedia“). Esto significa que todo autor que contribuya en la popular enciclopedia en línea puede ver sus textos reproducidos,  le parezca bien o no, por Facebook. En el caso que nos interesa, la fuente principal ha sido la sección Historiadores de México, aunque de una manera irregular (porque no están todos los biografiados). También sucede que  hay “páginas de comunidad” de instituciones, como el Instituto José María Luis Mora, o la Universidad Nacional Autónoma de México.

Los contenidos del “muro” de estas páginas no pueden editarse, sino que son incorporados también automáticamente. Puede suceder (dependiendo de las opciones particulares de privacidad) que un comentario puesto en el propio “muro” resulte inadvertidamente reproducido en la “página de comunidad” de alguna institución o de cierto destacado profesor (en la “pestaña” “Publicaciones relacionadas”). Y no hay manera de que el involuntario contribuyente o la persona objeto del comentario realicen o soliciten la supresión del texto. El asunto puede dar lugar a situaciones entre cómicas (en la página de Joaquín García Icazbalceta aparecen notas sobre un puesto de tacos que se encuentra en la calle que honra  el nombre de este erudito decimonónico) y embarazosas. En términos más analíticos, los límites entre lo público y lo privado ahora resultan no solamente más confusos, sino también mucho más porosos.

Las páginas de la comunidad no están afiliadas ni apoyadas por nadie que esté relacionado con el tema.Las páginas de la comunidad no están afiliadas ni apoyadas por nadie que esté relacionado con el tema.

La red social planetaria, según Facebook

Paul Butler, un pasante que realiza una estancia de trabajo en Facebook, ha tenido la idea de representar en un mapa el lugar donde se hallan los usuarios de esta red social. Es algo que se ha hecho antes. pero le ha dado un interesante giro: plasmar  los vínculos personales establecidos entre los usuarios que se han aceptado como “amigos”. Obviamente, es algo que solamente puede realizarse con un acceso a los datos internos de la propia compañía. El resultado es la visualización de una red social planetaria, algo de mucho interés para los curiosos e interesados en el desarrollo de internet, con independencia de la opinión que se tenga de Facebook.

El mapa ha motivado varios comentarios acerca de la presencias y ausencias en diversos continentes y países, pero aquí lo que me interesa es América Latina, en particular.

Facebook está bien establecido en México, los países de  Centroamérica, así como Colombia y Venezuela. Aún más hacia el sur, los usuarios y las comunicaciones siguen la costa del Pacífico y obtienen un notable brillo en el área rioplatense. En el resto de los países,  es notorio que esta red social se asienta principalmente en las capitales y algunas grandes ciudades.

En general, Latinoamérica está integrada en un espacio de comunicaciones estrechamente asociado con Estados Unidos.  Tan es así que el Golfo de México no está cruzado por líneas, sino por un denso y sólido color. Es algo que tiene implicaciones y posibles consecuencias del mayor interés. En contraste, líneas más aisladas atraviesan el océano para conectarse con Europa.

Dentro de México, en particular, el núcleo de las comunicaciones cruza diagonalmente el corredor Puebla – Distrito Federal – Guadalajara. Las ciudades ubicadas en las carreteras que van al norte son claramente visibles, y existe cierta densidad en las cercanías de la metrópoli regiomontana.

Este mapa desde luego no necesariamente refleja la conectividad a Internet, ni la distribución de la totalidad de las redes sociales (por ejemplo, Orkut es la favorita en Brasil). Pero es un buen, fascinante y visualmente muy atractivo acercamiento.