Por qué escribir un blog académico: los motivos y los resultados

Hace unos días, Francisco García-Jurado, autor del excelente blog Reinventar la antigüedad escribió una nota de la que aquí he recogido en parte el título. Dice que

“…al menos para mí, los blogs académicos son preciosas tentativas para esbozar textos e ideas que luego me sirvan como materiales reelaborables. En este sentido, los blogs se parecen mucho a los ensayos, sobre todo por la libertad que implica su redacción, no tan sujeta a la tiranía de los textos “definitivos”. Asimismo, la posibilidad de poderlos corregir a posteriori confiere a su escritura vivacidad y hasta cierta audacia que no siento cuando hay que cerrar otro tipo de prosas de manera ‘irreversible’.

Para este filólogo dedicado a los estudios clásicos, la escritura de sus blogs es complementaria a la de sus ensayos más formales, y también le resulta útil para mostrar el “cómo se hizo” determinado trabajo, o cuáles fueron las circunstancias en que nació una idea concreta, lo cual siempre es de mucho interés para el lector.

Este texto me llevó a pensar en las razones por las cuáles comencé mis escrituras blogueras, allá por el año de 2007. Al principio, me interesaba seguir lo que llamé “el amor y el desamor de los historiadores por el ciberespacio” en el blog Clíotropos, a manera de un observatorio que comentara la evolución de su uso y ambigua aceptación. Luego, como derivación natural, inauguré otra “bitácora” titulada Peregrinaciones sobre el pasado, sobre mis investigaciones particulares.

Inicié estos blogs en gran medida porque ya era posible hacerlo. Esto es, en los albores del internet la posibilidad de publicar estaba de hecho restringida por las dificultades técnicas y las restricciones del “hospedaje” en línea. En cambio, llegó un momento en el cual establecer y dar mantenimiento a un blog de aspecto profesional era algo que podía hacerse fácilmente en WordPress o Blogger, por citar las dos plataformas más populares. Definitivamente, no requería aprender programación; y era gratuito, lo cual también era de tenerse en alguna consideración.

* En cuanto a los motivos, los blogs para mí fueron un experimento en “des-intermediación”. Por lo común, los académicos dependemos de instituciones y editoriales que reciben nuestros escritos y luego de una prolongada serie de instancias y procesos técnicos, les dan la debida difusión impresa. En cambio, los blogs nos permiten comunicamos con el público lector de manera directa e inmediata. Desde luego, no tengo nada en contra de las instituciones académicas, y sus protocolos y requerimientos tienen su razón de ser. Pero publicar por mi cuenta, cuando yo lo deseara, sin depender de nadie más, fue algo liberador.

* Me interesaba mostrar al lector (que muchas veces tiene una imagen bastante imprecisa de lo que realmente hacemos) no solamente el resultado, sino también las fases previas de una investigación, esto es, todo aquello que al final desaparece para mostrar el producto terminado. La posibilidad de recibir comentarios me resultaba, también, atractiva.

* Asimismo, quería difundir e incentivar el uso de los blogs entre la comunidad académica como un recurso versátil y útil, al igual que promover su reconocimiento por parte de las instituciones.

En perspectiva, tendría que decir que algunos de estos propósitos se cumplieron, y otros no tanto. Disfruté de la redacción de mis blogs, aunque mi capacidad para mantenerlos activos ha tenido sus altibajos, siguiendo las alternativas del trabajo académico. No se trata exactamente del tiempo disponible, sino más bien que mis “picos” de actividad bloguera han coincidido con el inicio y fin de diversos proyectos. En este sentido, los blogs me han servido bien para publicar ideas tentativas, avances parciales  y resultados secundarios que no podían tener otro lugar.

El número de “visitas” (tal como se refleja en las estadísticas que las plataformas recopilan automáticamente) no ha sido  espectacular, pero muestra un interés sostenido del público; hay notas que escribí hace muchos años que siguen siendo leídas. Los comentarios, en cambio, han sido muy esporádicos.

En cuanto al entorno académico, me consta que algunos colegas (no demasiados…) leen mis notas con asiduidad, incluyen los “vínculos” correspondientes en sus espacios en Twitter o Facebook, y algún contenido ha sido utilizado como materia de artículos publicados en revistas especializadas. La recepción parece haber sido más amplia entre estudiantes de posgrado, y hace unos meses tuve la satisfacción de ver como un párrafo de una mis notas aparecía en el epígrafe de una tesis.

Las instituciones académicas mexicanas, por su lado, no acaban de comprender o aceptar un género de publicación independiente, que no se desarrolla en los habituales y bien supervisados carriles administrativos.  Es algo que contrasta, ciertamente, con lo que ocurre en España, Francia o Alemania, donde la plataforma de Hypotheses* y el apoyo formal de algunas instituciones innovadoras han generado un crecimiento muy prometedor en la cantidad y calidad de los blogs.

En resumen, si algún colega o joven investigador me preguntara si tiene sentido el esfuerzo necesario para iniciar y mantener un blog, mi respuesta sería sin duda afirmativa. Es una empresa que depara satisfacciones personales, permite una mayor difusión social del conocimiento y atrae cierto reconocimiento profesional. Pero, por otro lado, hay que conocer los límites que puede tener el impacto de un blog de temática académica, en inevitable y desigual competencia con la multiforme y casi infinita oferta de contenidos en línea; y tener claro que la aceptación pública es por lo común algo que llega sólo después de mucho tiempo de edición constante.

Desde luego, los blogs y su empleo tienen una historia que continúa en desarrollo. Y su utilización futura probablemente deparará, como siempre ocurre en el ciberespacio, derivaciones sorprendentes e inesperadas.

Actualización (01/03): Si le interesó este artículo, puede que también encuentre de buena lectura las sugerentes reflexiones de Elena Azofra, autora del blog Morflog, sobre el mismo tema.

 

 

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* El autor forma parte del consejo científico de esta plataforma.

Twitter vs Facebook vs Blogs: impresiones de un #neotuitero historiador

Hace algunos años abrí una cuenta en Twitter. Lo hice con cierta renuencia, porque mis revisiones iniciales de lo que se publicaba en esta plataforma no me convencían de que valiera el esfuerzo, y por otro lado no me faltaban actividades que requerían mi atención. La utilicé poco más que para difundir las notas de mis blogs, y por un tiempo para crear una especie de “espejo” de lo que se publicaba en H-MEXICO en el tiempo que fui su editor. Para comentarios y notas más personales, prefería Facebook, que me daba la opción de una red “semiabierta”, donde podía poner, por ejemplo, algunas fotografías de mis viajes o breves comentarios personales destinados solamente a algunos colegas cercanos y a mis tres que cuatro amigos.

Hace cosa de un año tuve  más tiempo disponible y me decidí a “darle una segunda oportunidad” a Twitter, a manera de experimento en comunicación. Los siguientes son mis comentarios (no una “evaluación”), desde luego muy personales, sobre que…

* De mi informal estadística, parece haber muchos más académicos “tuiteros” que “blogueros”.  La mayor parte, son de la generación de entre 20 y 40 años.

* Publicar en Twitter  implica (aparentemente) mucho menos tiempo de trabajo. Una entrada en mis blogs puede llevarme varias horas de labor; son “mini ensayos”, que además requieren imágenes, inclusión de vínculos, edición posterior de comentarios, etc. En cambio, los tuiteos pueden hacerse casi al vuelo, en alguna pausa momentánea de las actividades cotidianas.

* Por lo mismo, es fácil derivar hacia la “comunicación todo el tiempo/ todo el día”,  sobre todo teniendo en cuenta de que es posible mantenerse conectado con esta plataforma mediante los ahora ubicuos “gadgets” portátiles. Viéndolo bien y despacio,  mantenerse activo en Twitter no requiere menos tiempo que un blog; la diferencia está en la concentración requerida por la actividad.

* Aunque los contenidos en Twitter no destacan precisamente por su pulimento narrativo, hay autores que tratan de conjugar una imagen, un ritmo y un argumento en brevísimo espacio. En realidad, podría ser un género literario de interés, con sus propias dificultades, porque no es fácil resumir una idea en 140 caracteres. Esta extensa nota, de hecho, puede ser un buen ejemplo de lo dicho.

* Las interacciones en Twitter son más fáciles y frecuentes. Una queja común de los blogueros es la escasez de respuestas y comentarios pertinentes, que muchas veces acaba por desanimar al autor. Este es un gran punto a favor de esta plataforma.

* Por otro lado, los “tuiteos” son muy perecederos; después de poco tiempo dejan de recibir atención. Los temas de interés cambian casi día con día, y las interacciones son muy efímeras. En cambio, una entrada en un blog sigue siendo consultada y atrayendo comentarios, aunque sea en menor grado, a través de los años.

* La inmediatez de la comunicación puede llevar a que el tuitero reaccione de inmediato ante cualquier suceso, lo cual proporciona espontaneidad y a veces mucha emotividad, con los consiguientes encantos y riesgos. No es el tipo de lenta reflexión y escritura propia de los blogs.

* A diferencia de Facebook u otras redes sociales, donde el usuario puede delimitar y restringir el grupo con el que interactúa, cada tuiteo está abierto potencialmente a cientos de miles de personas. Twitter es una red abierta. La única opción existente es  mantener la propia cuenta como “privada”; no hay opciones intermedias.

* La masividad (y la consiguiente impersonalidad) tiene sus ventajas. Para seguir a alguien en Facebook, hay que convertirse muchas veces en su “amigo”, porque esa fue su intención inicial: dar vehículo a redes de amistad. Pero ¿son todos mis colegas, lectores  y alumnos mis “amigos”? No, realmente. En este sentido, la interacción en Twitter resulta más conveniente, más “profesional”.

* Los “cliotuiteros” utilizan sus escritos para una gran variedad de fines: difundir noticias de actividades académicas, vínculos a recursos de interés, afirmaciones enigmáticas que sólo pueden comprender los entendidos, aforismos (un género muy interesante, con ilustres antecedentes), opiniones sobre sucesos de actualidad, campañas diversas de diferentes propósitos sociales y políticos, y notas muy personales (lo que está haciendo el tuitero en este instante, el humor con el que se despertó esta mañana, entusiasmos futboleros, las fotos de sus sus mascotas…)

* Como puede verse, las antiguas diferencias entre lo privado y lo público, entre amigos  y  “seguidores”, resultan cada día más borrosas, aunque hay tuiteros que mantienen escrupulosamente estas distinciones.

* A través de las personas a las que el tuitero “sigue” y sus propios “seguidores”, esta plataforma establece un flujo continuo de notas que llegan automáticamente al espacio personal de cada quien, sobre todo en la sección “descubre”, definida como “Lo que está sucediendo ahora, hecho a tu medida”. Puede ser un recurso útil,  pero también contribuye a la sobrecarga de información que se ha convertido en uno de los problemas de la red de redes.

*  Los historiadores con más “seguidores” son frecuentemente los que se adentran en temas actuales. Es una red cuyos contenidos privilegian la inmediatez. Obviamente, el historiador no tiene porqué ser un anticuario, o mostrarse indiferente ante las urgentes realidades del presente. Pero dedicarse primordialmente al pasado (esto es, al asunto propio del historiador) no es la mejor vía para reunir  muchos “seguidores” en la esfera  tuiteriana (si ese es un propósito, porque no tiene porqué serlo).

* Y bien, en resumen ¿vale la pena emplear Twitter como herramienta de difusión académica? La respuesta no puede ser general; depende de lo que espere de esta plataforma, de las inclinaciones y personales estilos. Espero haberles dado algunas ideas al respecto.

La blogosfera de historia mexicana en 2014

Como ya ha sido tradición decembrina de Clíotropos, les presento el listado de blogs  “de autor” dedicados a la historia mexicana.  No es exhaustivo, evidentemente. He incluido únicamente aquéllos que (en mi opinión) aportan ideas originales,  y que han mantenido cierta continuidad a lo largo del año. No he compilado los institucionales,  los que sirven de apoyo a un curso particular en algún centro educativo, o solamente distribuyen avisos o noticias (todos los cuales pueden ser, evidentemente, muy útiles). Tampoco he registrado (por ahora) los blogs de MAPFRE, donde ocasionalmente se publican excelentes artículos.

En relación a los años pasados (véanse aquí la referente a 2013), casi podría estar de acuerdo con un interesante análisis reciente de la “clíosfera”, realizado por Iñigo Fernández. Esto es, parece verse un estancamiento de lo que fue en su momento una novedad que atraía autores y lectores por su fácil acceso, flexibilidad y atractiva presentación. De hecho,  este  es el primer informe anual en el que no puedo anotar algún nuevo blog de interés. Incluso, en comparación con el año pasado, el número ha decrecido levemente: de 39 que eran, restan sólo 37. Algunos comentarios al respecto de estas tendencias pueden verse aquí.  En términos menos estadísticos, podría decirse que este multiforme archipiélago abunda en pecios blogueros, con cubiertas y mástiles poblados por melancólicos musgos y líquenes digitales. Pero aún hay muchos blogs que navegan a todo trapo, cual galante armada.

Es bueno comparar esta situación con la española, donde la plataforma Hypotheses está en franca expansión. En este caso hay un apoyo institucional, el de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, y la posibilidad de obtener un ISSN (esto es, un registro legal, similar al de las revistas), lo cual da a los blogs “respetabilidad” académica. Nada parecido hay en México, donde por alguna razón que no acabo de comprender las instituciones se han mostrado indiferentes respecto a las posibilidades autónomas de difusión de la historia.

Respecto al listado, he clasificado como “blogs personales” aquéllos que más que tener una temática, publican todo lo que interesa al autor, que puede ser muy variado. El orden es el usual y alfabético. Si en su opinión falta alguno, déjeme una nota en la sección de “comentarios”.

BLOGS SOBRE HISTORIA DE MÉXICO, activos en 2014

Aportaciones Históricas Taurinas de José Francisco Coello Ugalde

Apuntes de historia del catolicismo, de David Carbajal López (continúa el desaparecido “Ayer y hoy de la Iglesia Católica”).

La batalla de Monterrey, 1846, de Pablo Ramos.

Bibliofilia novohispana, de Marco Fabrizio Ramírez Padilla.

Cabezas de Águila, de Benjamín Arredondo.

Calixtlahuaca Archaeological Project, de Michael E. Smith y otros autores.

Cine silente mexicano, de Luis Recillas Enecoiz.

Clioscopia, de Eder Gallegos. Historia militar, historiografía y temas contemporáneos.

Colonial Mexico, de Richard Perry. Arquitectura y patrimonio.

Clíotropos, de Felipe Castro Gutiérrez. Crónicas del amor (y el desamor) de los historiadores por el mundo virtual. Del mismo autor: Peregrinaciones en el pasado, blog personal.

Crónica de Torreón, de Sergio Antonio Corona Páez.

De aquí p’ al real. A la historia por la libre, blog personal de Iván Escamilla.

Del  museo imaginario, de Adriana Gallegos. Un espacio de conversación sobre arte, museos, patrimonio y gestión cultural.

Espejo de mudanzas, Blog personal de 

Blog personal de Luis Ignacio Sánchez Rojas; sobre el periodo porfiriano y el ejército federal de esa época (este blog continúa el de Facetas históricas).

Grandes casas de México, de Rafael Fierro Gossman.

Historia, crítica y política. Blog personal de Alfredo Ávila.

Idólatras y herejes en el México colonial, de José Antonio González.

Maya Decipherment, de David Stuart. A weblog on the ancient Maya script.

Maya Mythos, de Carl Callaway.

Mexique Ancien, de Bertrand Lobjois. Blog d’information archéologique sur la Mésoamerique

La nao va, de Cuauhtemoc Villamar. El galeón de Manila y la interacción humana que une a América y Asia.

Pasado y presente de la economía mundial. Blog colectivo sobre economía e historia económica.

El pensador mexicano, blog personal de Gonzalo Tlacxani Segura.

Policromía de la historia, de Alejandra López Camacho. Historia conceptual, política, cultural y de la prensa de México y España en el siglo XIX.

El presente del pasado. Blog colectivo del Observatorio de Historia.

El reino de todos los días, blog personal de Bertha Hernández, periodista e historiadora.

Los reinos de las Indias en el Nuevo Mundo, de Natalia Silva Prada.

Repensar la conquista, de Guy Rozat.

El señor del hospital, de Benjamín Arredondo.

Teoría de la historia, de Miguel Ángel Guzmán López.

Tlamatqui, blog sobre documentos históricos.

Toda historia es contemporánea, blog personal de Catherine Andrews.

Un historiador y sus viajes, de Paulo César López Romero.

Vámonos al Bable, de Benjamín Arredondo.

Veracruz antiguo, de Uluapa Sr.

Los blogs de MAPFRE: debates y perspectiva

Una de las propuestas recientes más interesantes en la “clíosfera” son los blogs de la Fundación MAPFRE. Esta institución, sustentada por una empresa española, es bien conocida de los historiadores americanistas; ha tenido la loable iniciativa de respaldar la edición de recomendables libros de historia y, más recientemente, una colección de historias generales que reúne a conocidos autores. Su nueva plataforma bloguera (desde enero de 2014), denominada “Debate y perspectivas” es una excelente demostración de la manera en que puede realizarse la divulgación de los resultados de la investigación de una manera versátil y atractiva. Agréguese que su portal, como puede verse abajo, proporciona una perspectiva más amplia que la tradicional y fragmentaria que tanto ha afectado a nuestras historiografías nacionales.

MAPFRE-ScreenshotCabe hacer algunos comentarios. Uno de ellos es que la reunión de los distintos autores parece haberse derivado primordialmente de su participación anterior en las obras publicadas por esta empresa/casa editorial. Es cierto que no todos han contribuido con los blogs (en la mayoría, su intervención se reduce a un resumen curricular), pero parece un buen y conveniente punto de partida, que podrían adoptar otras editoriales académicas. También esta vinculación autor/bloguero subscribe una idea que ha tenido desiguales pero prometedores resultados: los blogs como extensión y continuación natural de la obra impresa. Hay ya en esta plataforma muchos contenidos de interés; véanse, sólo para dar algunos ejemplos, los de Javier Garcíadiego,  Fréderique Langue y Manuel Chust.

Por otro lado, estos blogs de MAPFRE no tienen la vivacidad y carácter personal  típico en estos medios, en los que el lector puede acercarse no solamente a la obra, sino también a la persona de quien escribe, y al empleo de una narrativa más informal.  Lo que aquí leemos son breves ensayos con el estilo propio y característico de la academia.  La impresión que dan (sin que me conste) es que no hay una edición directa del autor, sino que los editores solicitan y gestionan los ensayos. Se parecen más, en resumen, a los artículos de una “revista virtual”. Esto no es en ningún modo una objeción; simplemente, es constatación de un modelo de publicación que, como cualquier otro,  tiene sus virtudes y limitaciones. En todo caso,  sólo tendría que criticar la parquedad en el empleo de recursos propios de la edición en web (sobre todo, hiperenlaces o vínculos a recursos afines) y la ausencia de un buscador específico para los blogs (el existente compila todos los materiales existentes en la plataforma, lo cual dificulta encontrar los artículos). Pero ciertamente, ya quisiéramos tener de este lado del mar una institución con estos propósitos y un recurso tan interesante.

Habrá que seguir la evolución de esta plataforma, que presenta una alternativa más formal y coordinada frente a la caótica espontaneidad y el disperso entusiasmo  que han sido tan típicos de la blogosfera de historia.

La blogosfera de historia mexicana: comentarios sobre una revisión analítica

Los blogs o “bitácoras” han sido una aportación muy interesante en la difusión de la historia en México. Tienen ya su historia, desarrollo y tendencias, de las que en Clíotropos he dado brevemente cuenta, tanto en notas parciales como en una tradicional  revisión findeañera. Son, también, un posible y válido objeto de estudio si se consideran estos aspectos, y asimismo el carácter, formación, propósitos, logros y limitaciones de los blogueros, tanto de los que persisten a través del tiempo como aquéllos que han optado por dedicar su tiempo e imaginación a otros fines.

En este sentido, es particularmente bienvenida la aparición de un artículo de Íñigo Fernández Fernández en el volumen XX del Anuario de la Investigación en Comunicación (que puede consultarse aquí),  dedicado a “Algunos apuntes en torno a la blogósfera de historia en México”.  En su trabajo, partió  de las compilaciones anuales de este blog (un reconocimiento que agradezco) para realizar un seguimiento analítico de 41 de ellos. Asimismo, recurrió a un cuestionario remitido a sus autores, entregado en abril de 2013 (que fue contestado por la mitad, aproximadamente). El criterio de selección fue que estos blogs trataran de historia de México (incluyendo varios radicados fuera del país) y que estuvieran escritos en español (lo cual excluyó a algunos otros, como el recomendable Mexique Ancien).

De las respuestas, análisis estadístico y comentarios de Fernández se derivan datos muy relevantes. El primero es que en cuanto a su aparición y permanencia, los blogs tuvieron su momento de auge entre 2008 y 2010, y posteriormente experimentaron un retroceso cuantitativo, con varias “bitácoras” abandonadas que no fueron enteramente compensadas por los nuevos ingresos. Los motivos expuestos por los autores que así procedieron fueron sobre todo falta de tiempo por requerimientos personales y profesionales (82%),  y simple pérdida de interés (18%).

Blogs-años
Fernández Fernández, “La blogósfera….”

Un elemento llamativo es que la cuarta parte de los blogueros no tienen estudios formales en historia, lo cual podría (desde mi punto de vista) interpretarse tanto como que existe un considerable interés de personas de otras profesiones en la historia de México, o bien que no hay suficientes historiadores que opten por los blogs como medio de difusión. La encuesta muestra, por otro lado, que un 77% hicieron estudios de posgrado en distintas áreas, que un 49% reside en la ciudad de México, y que por su edad pertenecen (como quien esto escribe) a lo que Fernández llama la “generación X”, esto es, el grupo que hizo la “migración” desde la máquina de escribir a la computadora.

En cuanto a los motivos, el 54.6% inició sus blogs con el propósito de difundir la historia de México, lo cual coincide con su intención predominante (54.5%) de acercarse al público general, con un 31.8% guiado por motivos profesionales (difundir las propias investigaciones, publicaciones y actividades académicas).

La parte menos brillante que ofrece este “estado de la cuestión” se refiere a la interacción con el público lector. En efecto, aunque algunos blogs tienen gran visibilidad en línea, los comentarios son otro asunto. La mayoría de los blogueros establece límites para su publicación, ya sea mediante la revisión previa (48.8%) o de plano no los acepta(24.6%). Las razones han sido la presencia de “trollers” agresivos (que sí los hay…), spam (propaganda comercial) o simplemente, comentarios no pertinentes a los temas publicados (un blog no es un foro….). Es algo que da mucho sentido a lo que seguidamente se señala: aunque los autores tienen en principio mucho interés por los comentarios, se muestran más bien escépticos acerca de su valor concreto, hay escasas interacciones entre los propios blogueros, y no parece haber comentaristas habituales, que formen una red de comunicación. En este sentido, Fernández concluye que la blogosfera de historia en México tiene una función principalmente informativa, lo cual parece correcto aunque no nos dé la mejor imagen de los logros de la “clíosfera”.

Hay otro aspecto que ameritaría comentario. Fernández considera otras plataformas sociales (como Facebook o Twitter) en su capacidad como complementos de la actividad bloguera. Pero también es posible que la popularidad creciente de su uso haya contribuido a limitar la expansión de los blogs:  la actualización constante de estas redes sociales no requiere de tanto tiempo y dedicación, permiten (potencialmente) una mayor audiencia, y tienen una interactividad más fácil y frecuente, sobre todo para breves notas, difundir recursos, noticias y actividades académicas. Estas plataformas, como es obvio, también tienen sus inconvenientes, pero lo que aquí nos interesa sería dilucidar si están desplazando a las “bitácoras” en las funciones que parecían propias. Es probable que así sea, al menos en el caso de la historia de México, lo cual nos llevaría a repensar su función. Quizás la utilidad de los blogs sea más formal que la prevista, y que tenga más sentido acercarlos a repositorios de breves ensayos, y a publicaciones afines como las revistas académicas (que, de manera convergente, tienen ya cierta incipiente tendencia a expandirse hacia las redes digitales, como puede verse con los recientes experimentos de la venerable Hispanic American Historical Review).

Más allá de sus valiosos datos y pertinentes reflexiones, este artículo muestra que la evolución de  la historia digital es un sujeto muy digno de estudio, y que ya resulta aceptable y aceptado por publicaciones formales. Ojalá sea algo que tenga una deseable continuidad, porque permitiría a las instituciones acercarse a temas contemporáneos, y a reflexionar sobre la manera en que hoy día hacemos y difundimos la historia.

Notas sobre las anotaciones académicas: el pasado erudito y el presente digital

El  lector que se acerca hoy día a una obra académica -porque los hay, sí- encontrará que la narración está salpicada de pequeños números consecutivos que remiten a textos donde aparecen referencias a otras publicaciones, abreviaturas tan obscuras como “comp.”, “cf.” o “loc.cit.” y comentarios diversos. En lo que podríamos llamar la “tradición humanística”, se hallan a pie de página; en las ciencias sociales, al fin del capítulo, o incluso del libro. [1]

Lo que este desconcertado lector encuentra es la derivación moderna de una práctica que comenzó con las glosas hechas por estudiosos

Notas en Ranke, “The ecclesiastical and political history of the popes of Rome…”, 1840
Notas en Ranke, “The ecclesiastical and political history of the popes of Rome…”, 1840

judíos de las Escrituras, y continuó con las anotaciones marginales de los manuscritos medievales (similares a las que aún pueden apreciarse en algunas ediciones bíblicas). Con la aparición de la imprenta y la tipografía, las notas alcanzaron espacios propios, como puede verse en algunas ediciones eruditas del siglo XVIII, hasta llegar a adquirir ciertas convenciones fijas y una difusión general en el siglo XIX. Fue el resultado de un deliberado propósito de acercar la historia a una “ciencia”, reconocer su carácter acumulativo y progresivo, reclamar un estatuto de “verdad demostrable”  y separarla así de la novela histórica. También fueron las notas aprovechadas para otros fines útiles o convenientes: breves textos aclaratorios sobre algún personaje, institución o concepto; referencias de obras que podrían ser de interés para el lector; y comentarios personales, que no podían incluirse en el cuerpo del texto porque distraían del argumento principal. Ejemplos notables en este sentido (a veces deliciosamente irónicos) aparecen en las obras de Leopold von Ranke y Edward Gibbon.

Las notas tienen su propia historia, comentada en el libro de Anthony Grafton, The Footnote: A Curious History (London: Faber and Faber, 1997). Lo que aquí me interesa es su evolución actual, en particular lo que parece señalar tanto el apogeo como ciertas transformaciones que ponen en cuestión su razón de ser.

El apogeo viene, como frecuentemente ocurre, de una  multiplicación, sino de un exceso (en inglés se le ha llamado a veces footnotitis). Hay notas extensas, que incluso continúan de una página a la otra por falta de espacio. Es más: hay páginas donde hay más texto en las notas que en el cuerpo narrativo en sí.  Puede explicarse por cierta pedantería académica (un pecadillo del que nos resulta difícil escapar); por la idea de que cuantas más notas haya, más científico y bien fundamentado será un texto; o a veces, simplemente, por pereza y falta de oficio  -cuando no se sabe como insertar un comentario en la narración, se abre la correspondiente anotación, como una especie de muleta retórica. Incluso, aunque parezca extraño para el no iniciado, el contenido de las notas expresa de manera oblicua relaciones de identidad intelectual, solidaridad, exclusión o vinculaciones profesionales (si, a veces por nuestras notas nos conoceréis).   Y también llega el caso de que el procesamiento estadístico de las anotaciones (quien es más o menos citado) se vuelve una socorrida herramienta en la evaluación del trabajo académico. Lo que antes era un apoyo al texto principal ha cobrado una vida propia; como algún célebre monstruo literario, su existencia acaba por atormentar a sus creadores.

La utilidad y funciones (directas e indirectas) de las notas les han permitido sobrevivir en la era digital.  En efecto, los modernos procesadores de texto recogieron su posible inclusión en la correspondiente opción del menú “editar”. Lo que hacen, en realidad, es crear automáticamente un “vínculo” (un hyperlink”) a otra parte del texto, sin que el autor lo note. Es un procedimiento que se ha hecho tan habitual que ni siquiera pensamos en  él, y menos en su cada vez mayor anacronismo. En efecto ¿cuál es el sentido de apoyarnos en un texto paralelo cuando podemos “enlazar” con toda clase de recursos externos, ya sean otros escritos, catálogos bibliográficos, imágenes o videos? Obsérvese que, tradicionalmente, el lector revisaba y aceptaba las notas como un acto de fe: daba por supuesto que el sustento documental o bibliográfico aludido era tal cual lo presentaba el autor, dado que no podía leer cada libro, documento o ver cada imagen por sí mismo. Esto ya no es tan así, porque de manera tan creciente como inevitable mucho del sustento intelectual de la reflexión académica está disponible para quien desee examinarlo. Lo que era opaco, lejano, deviene cada vez más transparente y accesible.

Lo que estamos presenciando es una especie de inercia tecnológica, la misma que llevó a que los primeros automóviles se parecieran en mucho a un coche de caballos, con su carrocería abierta, grandes ruedas, ausencia de parabrisas y de luces.  Hasta ahora, los autores hemos utilizado la edición digital como si fuese un texto impreso tradicional, con sus típicas convenciones  tipográficas, y la única modificación de que ahora se lee en una pantalla. En este sentido, es interesante ver como las plataformas creadas para textos específicamente escritos para su edición cibernética (como WordPress, en el que escribo este blog) no se han molestado en crear una opción evidente para “notas”, aunque técnicamente podrían hacerlo. Ya no son necesarias.

¿Están condenadas las “notas” a desaparecer en cuanto autores y lectores nos habituemos a los recursos (y limitaciones, que también las tiene) de la edición digital?  ¿O más bien lo que veremos es una adecuación a los nuevos tiempos (como proponen algunos programas del estilo de los muy populares Zotero o Endnote)? Al cabo, las anotaciones sobrevivieron la gran transformación que implicó la introducción de la imprenta, y hallaron incluso el modo de crecer, prosperar y hallar inesperadas funciones secundarias. Es algo que sin duda comprobaremos en un futuro muy cercano.

……..
1. Evidentemente, este texto no podía publicarse sin una nota, en este caso para señalar que en las “ciencias duras” se ha acostumbrado incluir las referencias en el cuerpo del texto, entre paréntesis, y prácticamente suprimir las anteriormente dedicadas a aclaraciones o comentarios. Al parecer, los estudiosos de la cultura y la sociedad somos demasiado verbosos….

Del blog al libro impreso: una propuesta de Natalia Silva Prada

¿Para qué (o porqué) escribe un historiador un blog? Al cabo, se trata de una actividad muchas veces bien apreciada por el público lector, pero sin reconocimiento oficial, que aparentemente no resulta “productiva” a la hora de presentar los concursos, promociones y evaluaciones que van marcando el desarrollo profesional.  Que yo sepa, nadie se ha puesto a averiguar de manera sistemática las razones de los “clíoblogueros”, pero en primera instancia las respuestas parecen ser el deseo de divulgar sus investigaciones fuera del estrecho ámbito académico, el interés por la difusión de productos menores y laterales, la voluntad de opinar sobre distintos asuntos institucionales o políticos, y a veces,  simplemente, el entretenimiento  de nuestros inexistentes momentos de ocio (sí, porque así somos de obsesivos…)

ReinosIndias

Natalia Silva Prada, una reconocida historiadora que ha animado un muy interesante blog sobre historia de la cultura política, acaba de presentar una inesperada derivación de sus afanes: la publicación de un libro con los artículos consecutivamente publicados durante dos años, titulado precisamente Los Reinos de las Indias” y el lenguaje de denuncia política en el mundo Atlántico (S. XVI-XVIII): Dos años de aventuras históricas en un blogEs un tránsito en cierta forma paradójico, porque lo habitual ha sido que un libro impreso pase a versión digital (y no a la inversa, como ahora hace).

Como comenta la autora

Cada una de las entradas del blog puede decirse que es una investigación en miniatura, pero cada una de ellas está vinculada a una lógica general: el conocimiento y análisis del significado de las palabras subversivas en el antiguo régimen…..

El libro aborda precisamente las expresiones de una cultura política en las que el temor al muy posible y severo castigo no impedía a sus protagonistas dejar testimonios de sus opiniones críticas, incluso subversivas, mediante pasquines, oraciones ‘religiosas’ burlescas, cartas y rumores. Son temas fascinantes, que prometen muy buena lectura.

Esta publicación (disponible como e-book o en versión impresa) es muy interesante como experimento de divulgación científica. Espero que prospere, que su propuesta tenga seguidores, y que contribuya al muy necesario reconocimiento público e institucional de la actividad bloguera