Una primera revisión del Portal de Datos Abiertos de la UNAM

Con cierta pompa y ceremonia la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) inauguró en días pasados su Portal de Datos Abiertos – Colecciones Universitarias. Como se explica en la presentación, incluye de entrada 29 colecciones procedentes de once distintas dependencias universitarias, con un impresionante conjunto de más de un millón y medio de registros. Éstos se dividen en materiales referentes a biodiversidad (plantas, animales, fósiles o microorganismos, sobre todo del Instituto de Biología); obra artística (destacadamente, del Instituto de Investigaciones Estéticas, notablemente fotografías de “viajes de campo”); proyectos universitarios y “objetos digitales” (que viene a ser la sección “miscelánea”, con textos varios, artículos, conferencias, tesis, partituras)

Portal de datos abiertos.

La intención aparente es digitalizar todo lo que se hace en la institución, incluyendo cursos, aulas virtuales, bibliografías e investigaciones, lo cual desde luego es un propósito muy ambicioso. No resulta claro cómo va a relacionarse este proyecto con otros ya existentes que tienen contenidos afines, como el catálogo TesiUNAM, la Hemeroteca Naci0nal Digital, o los libros ya digitalizados que ofrecen diversas dependencias, tanto los recientes como de sus acervos antiguos.

Debe notarse un aspecto muy notable: los materiales publicados son de acceso abierto, contienen los metadatos, su ubicación será permanente y serán de libre uso, sin necesidad siquiera de un registro previo del usuario;  bastará con que se dé el crédito correspondiente. Muy encomiable, y ciertamente coherente con el principio general de Toda la UNAM en Línea. Por otro lado, habría que mencionar un “pero”: la mayor parte de las imágenes no están todavía disponibles. Sin duda será algo que se solucionará paulatinamente, pero por el momento resulta muy frustrante para el lector. Una breve mención en los metadatos (o una opción de búsqueda que enliste “sólo archivos con imágenes disponibles”) sería un buen recurso transitorio.

Si le interesan las posibilidades que ofrece el empleo de este notable conjunto de materiales artísticos, históricos y etnográficos, vea un ejemplo en esta nota.

 

*Actualización (30 de octubre de 21016): En los metadatos de las imágenes pertenecientes al Instituto de Investigaciones Estéticas aparece una  línea que expresa que “Las imágenes del Archivo Fotográfico Manuel Toussaint se publican únicamente para su consulta”, y agrega el procedimiento para obtener permisos para su utilización. Desde luego, cada institución tiene el derecho de manejar su patrimonio como mejor le parezca, pero cómo esto se concilia con la política general del Portal (sus imágenes son “De libre uso: Citan la fuente de origen como único requerimiento para ser utilizados libremente” no me queda claro.

 

 

 

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Arqueología bloguera: un listado de pasadas navegaciones en la historia de México

Hace cosa de un año, en mi resumen decembrino de la “blogosfera” de historia mexicana,

Estampa en la portada del "Arte de navegar", de Lázaro de Flores, 1673
Estampa en la portada del “Arte de navegar”, de Lázaro de Flores, 1673

comenté que parecía un mar lleno de melancólicos pecios abandonados, aunque había también bastantes navíos que seguían navegando gallardamente y a toda vela. Pueden suponerse razones varias de tanto naufragio o permanencia duradera en muelles:  el interés y  los comentarios del público son limitados; la indiferencia institucional acaba por resultar frustrante; la constante presión laboral lleva a recortar actividades; o convence más la popularidad alternativa de las redes sociales como Twitter o Facebook, con su comunicación inmediata y más fluida (pero, también, más perecedera). O, simplemente, la temática era temporal y el blog ya cumplió con sus fines.[1]

Vista en perspectiva, la expansión inicial  parece que llegó a lo que no sé si describir como estabilidad o estancamiento. De hecho, el pasado año ya no presenté mi ejercicio de revisión anual porque los blogs que seguían publicados eran casi los mismos de 2014 (puede consultarse ese listado aquí). La situación ciertamente contrasta con la existente en otros países, porque por ejemplo en España, Francia y Alemania la plataforma académica Hypotheses no deja de generar nuevas  iniciativas todos los meses, y muchas realmente muy atractivas.

Ahora bien, viéndolo en retrospectiva, la arqueología marinera bloguera no deja de tener su interés y podría ocupar a quienes se dediquen a la historia de la “historiografía virtual”. Asimismo, algunas de las notas publicadas han resistido bien el paso el tiempo,  y es una pena que no tengan la adecuada visibilidad. Así pues, me he decidido  a presentar aquí una lista de pasados navegantes de la blogosfera. He incluido los blogs dedicados a historia de México  (publicados en este u otros países) que en mi opinión eran originales y alcanzaron a tener alguna duración, pero que hace por lo menos un año que no tienen movimiento. Si halla usted que este listado tiene alguna omisión o error notable, envíeme una nota y veré el caso.
El orden es el de primera aparición pública.

Las tres potencias, blog personal de Federico Navarrete (julio 2007 -noviembre de 2008)

Ancient Mesoamerica News Updates (julio de  2007  – enero de 2013), de Axhimbalmaya; del mismo autor,  Maya News Updates (septiembre de 2006  – octubre de 2013) y Maya Glyph Blog (agosto de 2007 – diciembre de 2012).

Mayistas, de Rocío García Valgañón (noviembre de 2007 – abril de 2013).

Leyendas mexicanas y tradiciones de México, de Homero Adame (abril de 2008 – septiembre de 2011)

Gabinete de luz, de Lenice Rivera ( (diciembre de 2008 – abril de 2010) (actualmente no accesible).

Imágenes volantes, blog personal de Helia Bonilla ( (diciembre de 2008 – enero 2013) (actualmente no accesible).

De aquí p’ al real. A la historia por la libre, blog personal de Iván Escamilla (diciembre de 2008 – septiembre 2014) (actualmente no accesible).

Caleidoscopio histórico: formas y colores de la historia, de Mariel Rodríguez Sánchez (abril de 2009 – noviembre de 2013).

Leo gente muerta, de Pamela Romero Pereyra (mayo de 2009 – julio 2012)

Clíoregio (“un blog creado para la difundir la historia regia”) (junio de 2009 – agosto 2012).

Policromía de la historia, de Alejandra López Camacho. Historia conceptual, política, cultural y de la prensa de México y España en el siglo XIX (agosto 2009 – octubre 2014).

Cine silente mexicano, de Luis Recillas Enecoiz (agosto de 2009 – agosto 2014)

Xaltocan Archaeological Project, de Lisa Overholtzer (septiembre de 2009 – abril 2010)

Uacúsecha, de Marion Forest. Projet archéologique mené dans l’État du Michoacán (febrero 2010 -marzo 2013).

Cuaderno de notas, blog personal de Víctor Gayol (septiembre de 2010 – noviembre de 2014).

Jocheri erátsikua – Nuestro pensamiento.  Diálogos sobre la enseñanza de la historia.  Blog colectivo de los estudiantes de la maestría en historia de la UMSNH (marzo de 2012  – enero de 2013)

Toda historia es contemporánea, blog personal de Catherine Andrews (mayo de 2012 – diciembre de 2014).

………….

[1]. Véase al respecto una encuesta realizada por Íñigo Fernández en “Algunos apuntes en torno a la blogósfera de historia de México”,  XX Anuario de Investigación de la comunicación. CONEICC, 2013, p. 269-288.

Por qué escribir un blog académico: los motivos y los resultados

Hace unos días, Francisco García-Jurado, autor del excelente blog Reinventar la antigüedad escribió una nota de la que aquí he recogido en parte el título. Dice que

“…al menos para mí, los blogs académicos son preciosas tentativas para esbozar textos e ideas que luego me sirvan como materiales reelaborables. En este sentido, los blogs se parecen mucho a los ensayos, sobre todo por la libertad que implica su redacción, no tan sujeta a la tiranía de los textos “definitivos”. Asimismo, la posibilidad de poderlos corregir a posteriori confiere a su escritura vivacidad y hasta cierta audacia que no siento cuando hay que cerrar otro tipo de prosas de manera ‘irreversible’.

Para este filólogo dedicado a los estudios clásicos, la escritura de sus blogs es complementaria a la de sus ensayos más formales, y también le resulta útil para mostrar el “cómo se hizo” determinado trabajo, o cuáles fueron las circunstancias en que nació una idea concreta, lo cual siempre es de mucho interés para el lector.

Este texto me llevó a pensar en las razones por las cuáles comencé mis escrituras blogueras, allá por el año de 2007. Al principio, me interesaba seguir lo que llamé “el amor y el desamor de los historiadores por el ciberespacio” en el blog Clíotropos, a manera de un observatorio que comentara la evolución de su uso y ambigua aceptación. Luego, como derivación natural, inauguré otra “bitácora” titulada Peregrinaciones sobre el pasado, sobre mis investigaciones particulares.

Inicié estos blogs en gran medida porque ya era posible hacerlo. Esto es, en los albores del internet la posibilidad de publicar estaba de hecho restringida por las dificultades técnicas y las restricciones del “hospedaje” en línea. En cambio, llegó un momento en el cual establecer y dar mantenimiento a un blog de aspecto profesional era algo que podía hacerse fácilmente en WordPress o Blogger, por citar las dos plataformas más populares. Definitivamente, no requería aprender programación; y era gratuito, lo cual también era de tenerse en alguna consideración.

* En cuanto a los motivos, los blogs para mí fueron un experimento en “des-intermediación”. Por lo común, los académicos dependemos de instituciones y editoriales que reciben nuestros escritos y luego de una prolongada serie de instancias y procesos técnicos, les dan la debida difusión impresa. En cambio, los blogs nos permiten comunicamos con el público lector de manera directa e inmediata. Desde luego, no tengo nada en contra de las instituciones académicas, y sus protocolos y requerimientos tienen su razón de ser. Pero publicar por mi cuenta, cuando yo lo deseara, sin depender de nadie más, fue algo liberador.

* Me interesaba mostrar al lector (que muchas veces tiene una imagen bastante imprecisa de lo que realmente hacemos) no solamente el resultado, sino también las fases previas de una investigación, esto es, todo aquello que al final desaparece para mostrar el producto terminado. La posibilidad de recibir comentarios me resultaba, también, atractiva.

* Asimismo, quería difundir e incentivar el uso de los blogs entre la comunidad académica como un recurso versátil y útil, al igual que promover su reconocimiento por parte de las instituciones.

En perspectiva, tendría que decir que algunos de estos propósitos se cumplieron, y otros no tanto. Disfruté de la redacción de mis blogs, aunque mi capacidad para mantenerlos activos ha tenido sus altibajos, siguiendo las alternativas del trabajo académico. No se trata exactamente del tiempo disponible, sino más bien que mis “picos” de actividad bloguera han coincidido con el inicio y fin de diversos proyectos. En este sentido, los blogs me han servido bien para publicar ideas tentativas, avances parciales  y resultados secundarios que no podían tener otro lugar.

El número de “visitas” (tal como se refleja en las estadísticas que las plataformas recopilan automáticamente) no ha sido  espectacular, pero muestra un interés sostenido del público; hay notas que escribí hace muchos años que siguen siendo leídas. Los comentarios, en cambio, han sido muy esporádicos.

En cuanto al entorno académico, me consta que algunos colegas (no demasiados…) leen mis notas con asiduidad, incluyen los “vínculos” correspondientes en sus espacios en Twitter o Facebook, y algún contenido ha sido utilizado como materia de artículos publicados en revistas especializadas. La recepción parece haber sido más amplia entre estudiantes de posgrado, y hace unos meses tuve la satisfacción de ver como un párrafo de una mis notas aparecía en el epígrafe de una tesis.

Las instituciones académicas mexicanas, por su lado, no acaban de comprender o aceptar un género de publicación independiente, que no se desarrolla en los habituales y bien supervisados carriles administrativos.  Es algo que contrasta, ciertamente, con lo que ocurre en España, Francia o Alemania, donde la plataforma de Hypotheses* y el apoyo formal de algunas instituciones innovadoras han generado un crecimiento muy prometedor en la cantidad y calidad de los blogs.

En resumen, si algún colega o joven investigador me preguntara si tiene sentido el esfuerzo necesario para iniciar y mantener un blog, mi respuesta sería sin duda afirmativa. Es una empresa que depara satisfacciones personales, permite una mayor difusión social del conocimiento y atrae cierto reconocimiento profesional. Pero, por otro lado, hay que conocer los límites que puede tener el impacto de un blog de temática académica, en inevitable y desigual competencia con la multiforme y casi infinita oferta de contenidos en línea; y tener claro que la aceptación pública es por lo común algo que llega sólo después de mucho tiempo de edición constante.

Desde luego, los blogs y su empleo tienen una historia que continúa en desarrollo. Y su utilización futura probablemente deparará, como siempre ocurre en el ciberespacio, derivaciones sorprendentes e inesperadas.

Actualización (01/03): Si le interesó este artículo, puede que también encuentre de buena lectura las sugerentes reflexiones de Elena Azofra, autora del blog Morflog, sobre el mismo tema.

 

 

…………………….

* El autor forma parte del consejo científico de esta plataforma.

La blogosfera de historia mexicana en 2014

Como ya ha sido tradición decembrina de Clíotropos, les presento el listado de blogs  “de autor” dedicados a la historia mexicana.  No es exhaustivo, evidentemente. He incluido únicamente aquéllos que (en mi opinión) aportan ideas originales,  y que han mantenido cierta continuidad a lo largo del año. No he compilado los institucionales,  los que sirven de apoyo a un curso particular en algún centro educativo, o solamente distribuyen avisos o noticias (todos los cuales pueden ser, evidentemente, muy útiles). Tampoco he registrado (por ahora) los blogs de MAPFRE, donde ocasionalmente se publican excelentes artículos.

En relación a los años pasados (véanse aquí la referente a 2013), casi podría estar de acuerdo con un interesante análisis reciente de la “clíosfera”, realizado por Iñigo Fernández. Esto es, parece verse un estancamiento de lo que fue en su momento una novedad que atraía autores y lectores por su fácil acceso, flexibilidad y atractiva presentación. De hecho,  este  es el primer informe anual en el que no puedo anotar algún nuevo blog de interés. Incluso, en comparación con el año pasado, el número ha decrecido levemente: de 39 que eran, restan sólo 37. Algunos comentarios al respecto de estas tendencias pueden verse aquí.  En términos menos estadísticos, podría decirse que este multiforme archipiélago abunda en pecios blogueros, con cubiertas y mástiles poblados por melancólicos musgos y líquenes digitales. Pero aún hay muchos blogs que navegan a todo trapo, cual galante armada.

Es bueno comparar esta situación con la española, donde la plataforma Hypotheses está en franca expansión. En este caso hay un apoyo institucional, el de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, y la posibilidad de obtener un ISSN (esto es, un registro legal, similar al de las revistas), lo cual da a los blogs “respetabilidad” académica. Nada parecido hay en México, donde por alguna razón que no acabo de comprender las instituciones se han mostrado indiferentes respecto a las posibilidades autónomas de difusión de la historia.

Respecto al listado, he clasificado como “blogs personales” aquéllos que más que tener una temática, publican todo lo que interesa al autor, que puede ser muy variado. El orden es el usual y alfabético. Si en su opinión falta alguno, déjeme una nota en la sección de “comentarios”.

BLOGS SOBRE HISTORIA DE MÉXICO, activos en 2014

Aportaciones Históricas Taurinas de José Francisco Coello Ugalde

Apuntes de historia del catolicismo, de David Carbajal López (continúa el desaparecido “Ayer y hoy de la Iglesia Católica”).

La batalla de Monterrey, 1846, de Pablo Ramos.

Bibliofilia novohispana, de Marco Fabrizio Ramírez Padilla.

Cabezas de Águila, de Benjamín Arredondo.

Calixtlahuaca Archaeological Project, de Michael E. Smith y otros autores.

Cine silente mexicano, de Luis Recillas Enecoiz.

Clioscopia, de Eder Gallegos. Historia militar, historiografía y temas contemporáneos.

Colonial Mexico, de Richard Perry. Arquitectura y patrimonio.

Clíotropos, de Felipe Castro Gutiérrez. Crónicas del amor (y el desamor) de los historiadores por el mundo virtual. Del mismo autor: Peregrinaciones en el pasado, blog personal.

Crónica de Torreón, de Sergio Antonio Corona Páez.

De aquí p’ al real. A la historia por la libre, blog personal de Iván Escamilla.

Del  museo imaginario, de Adriana Gallegos. Un espacio de conversación sobre arte, museos, patrimonio y gestión cultural.

Espejo de mudanzas, Blog personal de 

Blog personal de Luis Ignacio Sánchez Rojas; sobre el periodo porfiriano y el ejército federal de esa época (este blog continúa el de Facetas históricas).

Grandes casas de México, de Rafael Fierro Gossman.

Historia, crítica y política. Blog personal de Alfredo Ávila.

Idólatras y herejes en el México colonial, de José Antonio González.

Maya Decipherment, de David Stuart. A weblog on the ancient Maya script.

Maya Mythos, de Carl Callaway.

Mexique Ancien, de Bertrand Lobjois. Blog d’information archéologique sur la Mésoamerique

La nao va, de Cuauhtemoc Villamar. El galeón de Manila y la interacción humana que une a América y Asia.

Pasado y presente de la economía mundial. Blog colectivo sobre economía e historia económica.

El pensador mexicano, blog personal de Gonzalo Tlacxani Segura.

Policromía de la historia, de Alejandra López Camacho. Historia conceptual, política, cultural y de la prensa de México y España en el siglo XIX.

El presente del pasado. Blog colectivo del Observatorio de Historia.

El reino de todos los días, blog personal de Bertha Hernández, periodista e historiadora.

Los reinos de las Indias en el Nuevo Mundo, de Natalia Silva Prada.

Repensar la conquista, de Guy Rozat.

El señor del hospital, de Benjamín Arredondo.

Teoría de la historia, de Miguel Ángel Guzmán López.

Tlamatqui, blog sobre documentos históricos.

Toda historia es contemporánea, blog personal de Catherine Andrews.

Un historiador y sus viajes, de Paulo César López Romero.

Vámonos al Bable, de Benjamín Arredondo.

Veracruz antiguo, de Uluapa Sr.

Los blogs de MAPFRE: debates y perspectiva

Una de las propuestas recientes más interesantes en la “clíosfera” son los blogs de la Fundación MAPFRE. Esta institución, sustentada por una empresa española, es bien conocida de los historiadores americanistas; ha tenido la loable iniciativa de respaldar la edición de recomendables libros de historia y, más recientemente, una colección de historias generales que reúne a conocidos autores. Su nueva plataforma bloguera (desde enero de 2014), denominada “Debate y perspectivas” es una excelente demostración de la manera en que puede realizarse la divulgación de los resultados de la investigación de una manera versátil y atractiva. Agréguese que su portal, como puede verse abajo, proporciona una perspectiva más amplia que la tradicional y fragmentaria que tanto ha afectado a nuestras historiografías nacionales.

MAPFRE-ScreenshotCabe hacer algunos comentarios. Uno de ellos es que la reunión de los distintos autores parece haberse derivado primordialmente de su participación anterior en las obras publicadas por esta empresa/casa editorial. Es cierto que no todos han contribuido con los blogs (en la mayoría, su intervención se reduce a un resumen curricular), pero parece un buen y conveniente punto de partida, que podrían adoptar otras editoriales académicas. También esta vinculación autor/bloguero subscribe una idea que ha tenido desiguales pero prometedores resultados: los blogs como extensión y continuación natural de la obra impresa. Hay ya en esta plataforma muchos contenidos de interés; véanse, sólo para dar algunos ejemplos, los de Javier Garcíadiego,  Fréderique Langue y Manuel Chust.

Por otro lado, estos blogs de MAPFRE no tienen la vivacidad y carácter personal  típico en estos medios, en los que el lector puede acercarse no solamente a la obra, sino también a la persona de quien escribe, y al empleo de una narrativa más informal.  Lo que aquí leemos son breves ensayos con el estilo propio y característico de la academia.  La impresión que dan (sin que me conste) es que no hay una edición directa del autor, sino que los editores solicitan y gestionan los ensayos. Se parecen más, en resumen, a los artículos de una “revista virtual”. Esto no es en ningún modo una objeción; simplemente, es constatación de un modelo de publicación que, como cualquier otro,  tiene sus virtudes y limitaciones. En todo caso,  sólo tendría que criticar la parquedad en el empleo de recursos propios de la edición en web (sobre todo, hiperenlaces o vínculos a recursos afines) y la ausencia de un buscador específico para los blogs (el existente compila todos los materiales existentes en la plataforma, lo cual dificulta encontrar los artículos). Pero ciertamente, ya quisiéramos tener de este lado del mar una institución con estos propósitos y un recurso tan interesante.

Habrá que seguir la evolución de esta plataforma, que presenta una alternativa más formal y coordinada frente a la caótica espontaneidad y el disperso entusiasmo  que han sido tan típicos de la blogosfera de historia.

La blogosfera de historia mexicana: comentarios sobre una revisión analítica

Los blogs o “bitácoras” han sido una aportación muy interesante en la difusión de la historia en México. Tienen ya su historia, desarrollo y tendencias, de las que en Clíotropos he dado brevemente cuenta, tanto en notas parciales como en una tradicional  revisión findeañera. Son, también, un posible y válido objeto de estudio si se consideran estos aspectos, y asimismo el carácter, formación, propósitos, logros y limitaciones de los blogueros, tanto de los que persisten a través del tiempo como aquéllos que han optado por dedicar su tiempo e imaginación a otros fines.

En este sentido, es particularmente bienvenida la aparición de un artículo de Íñigo Fernández Fernández en el volumen XX del Anuario de la Investigación en Comunicación (que puede consultarse aquí),  dedicado a “Algunos apuntes en torno a la blogósfera de historia en México”.  En su trabajo, partió  de las compilaciones anuales de este blog (un reconocimiento que agradezco) para realizar un seguimiento analítico de 41 de ellos. Asimismo, recurrió a un cuestionario remitido a sus autores, entregado en abril de 2013 (que fue contestado por la mitad, aproximadamente). El criterio de selección fue que estos blogs trataran de historia de México (incluyendo varios radicados fuera del país) y que estuvieran escritos en español (lo cual excluyó a algunos otros, como el recomendable Mexique Ancien).

De las respuestas, análisis estadístico y comentarios de Fernández se derivan datos muy relevantes. El primero es que en cuanto a su aparición y permanencia, los blogs tuvieron su momento de auge entre 2008 y 2010, y posteriormente experimentaron un retroceso cuantitativo, con varias “bitácoras” abandonadas que no fueron enteramente compensadas por los nuevos ingresos. Los motivos expuestos por los autores que así procedieron fueron sobre todo falta de tiempo por requerimientos personales y profesionales (82%),  y simple pérdida de interés (18%).

Blogs-años
Fernández Fernández, “La blogósfera….”

Un elemento llamativo es que la cuarta parte de los blogueros no tienen estudios formales en historia, lo cual podría (desde mi punto de vista) interpretarse tanto como que existe un considerable interés de personas de otras profesiones en la historia de México, o bien que no hay suficientes historiadores que opten por los blogs como medio de difusión. La encuesta muestra, por otro lado, que un 77% hicieron estudios de posgrado en distintas áreas, que un 49% reside en la ciudad de México, y que por su edad pertenecen (como quien esto escribe) a lo que Fernández llama la “generación X”, esto es, el grupo que hizo la “migración” desde la máquina de escribir a la computadora.

En cuanto a los motivos, el 54.6% inició sus blogs con el propósito de difundir la historia de México, lo cual coincide con su intención predominante (54.5%) de acercarse al público general, con un 31.8% guiado por motivos profesionales (difundir las propias investigaciones, publicaciones y actividades académicas).

La parte menos brillante que ofrece este “estado de la cuestión” se refiere a la interacción con el público lector. En efecto, aunque algunos blogs tienen gran visibilidad en línea, los comentarios son otro asunto. La mayoría de los blogueros establece límites para su publicación, ya sea mediante la revisión previa (48.8%) o de plano no los acepta(24.6%). Las razones han sido la presencia de “trollers” agresivos (que sí los hay…), spam (propaganda comercial) o simplemente, comentarios no pertinentes a los temas publicados (un blog no es un foro….). Es algo que da mucho sentido a lo que seguidamente se señala: aunque los autores tienen en principio mucho interés por los comentarios, se muestran más bien escépticos acerca de su valor concreto, hay escasas interacciones entre los propios blogueros, y no parece haber comentaristas habituales, que formen una red de comunicación. En este sentido, Fernández concluye que la blogosfera de historia en México tiene una función principalmente informativa, lo cual parece correcto aunque no nos dé la mejor imagen de los logros de la “clíosfera”.

Hay otro aspecto que ameritaría comentario. Fernández considera otras plataformas sociales (como Facebook o Twitter) en su capacidad como complementos de la actividad bloguera. Pero también es posible que la popularidad creciente de su uso haya contribuido a limitar la expansión de los blogs:  la actualización constante de estas redes sociales no requiere de tanto tiempo y dedicación, permiten (potencialmente) una mayor audiencia, y tienen una interactividad más fácil y frecuente, sobre todo para breves notas, difundir recursos, noticias y actividades académicas. Estas plataformas, como es obvio, también tienen sus inconvenientes, pero lo que aquí nos interesa sería dilucidar si están desplazando a las “bitácoras” en las funciones que parecían propias. Es probable que así sea, al menos en el caso de la historia de México, lo cual nos llevaría a repensar su función. Quizás la utilidad de los blogs sea más formal que la prevista, y que tenga más sentido acercarlos a repositorios de breves ensayos, y a publicaciones afines como las revistas académicas (que, de manera convergente, tienen ya cierta incipiente tendencia a expandirse hacia las redes digitales, como puede verse con los recientes experimentos de la venerable Hispanic American Historical Review).

Más allá de sus valiosos datos y pertinentes reflexiones, este artículo muestra que la evolución de  la historia digital es un sujeto muy digno de estudio, y que ya resulta aceptable y aceptado por publicaciones formales. Ojalá sea algo que tenga una deseable continuidad, porque permitiría a las instituciones acercarse a temas contemporáneos, y a reflexionar sobre la manera en que hoy día hacemos y difundimos la historia.

Notas sobre las anotaciones académicas: el pasado erudito y el presente digital

El  lector que se acerca hoy día a una obra académica -porque los hay, sí- encontrará que la narración está salpicada de pequeños números consecutivos que remiten a textos donde aparecen referencias a otras publicaciones, abreviaturas tan obscuras como “comp.”, “cf.” o “loc.cit.” y comentarios diversos. En lo que podríamos llamar la “tradición humanística”, se hallan a pie de página; en las ciencias sociales, al fin del capítulo, o incluso del libro. [1]

Lo que este desconcertado lector encuentra es la derivación moderna de una práctica que comenzó con las glosas hechas por estudiosos

Notas en Ranke, “The ecclesiastical and political history of the popes of Rome…”, 1840
Notas en Ranke, “The ecclesiastical and political history of the popes of Rome…”, 1840

judíos de las Escrituras, y continuó con las anotaciones marginales de los manuscritos medievales (similares a las que aún pueden apreciarse en algunas ediciones bíblicas). Con la aparición de la imprenta y la tipografía, las notas alcanzaron espacios propios, como puede verse en algunas ediciones eruditas del siglo XVIII, hasta llegar a adquirir ciertas convenciones fijas y una difusión general en el siglo XIX. Fue el resultado de un deliberado propósito de acercar la historia a una “ciencia”, reconocer su carácter acumulativo y progresivo, reclamar un estatuto de “verdad demostrable”  y separarla así de la novela histórica. También fueron las notas aprovechadas para otros fines útiles o convenientes: breves textos aclaratorios sobre algún personaje, institución o concepto; referencias de obras que podrían ser de interés para el lector; y comentarios personales, que no podían incluirse en el cuerpo del texto porque distraían del argumento principal. Ejemplos notables en este sentido (a veces deliciosamente irónicos) aparecen en las obras de Leopold von Ranke y Edward Gibbon.

Las notas tienen su propia historia, comentada en el libro de Anthony Grafton, The Footnote: A Curious History (London: Faber and Faber, 1997). Lo que aquí me interesa es su evolución actual, en particular lo que parece señalar tanto el apogeo como ciertas transformaciones que ponen en cuestión su razón de ser.

El apogeo viene, como frecuentemente ocurre, de una  multiplicación, sino de un exceso (en inglés se le ha llamado a veces footnotitis). Hay notas extensas, que incluso continúan de una página a la otra por falta de espacio. Es más: hay páginas donde hay más texto en las notas que en el cuerpo narrativo en sí.  Puede explicarse por cierta pedantería académica (un pecadillo del que nos resulta difícil escapar); por la idea de que cuantas más notas haya, más científico y bien fundamentado será un texto; o a veces, simplemente, por pereza y falta de oficio  -cuando no se sabe como insertar un comentario en la narración, se abre la correspondiente anotación, como una especie de muleta retórica. Incluso, aunque parezca extraño para el no iniciado, el contenido de las notas expresa de manera oblicua relaciones de identidad intelectual, solidaridad, exclusión o vinculaciones profesionales (si, a veces por nuestras notas nos conoceréis).   Y también llega el caso de que el procesamiento estadístico de las anotaciones (quien es más o menos citado) se vuelve una socorrida herramienta en la evaluación del trabajo académico. Lo que antes era un apoyo al texto principal ha cobrado una vida propia; como algún célebre monstruo literario, su existencia acaba por atormentar a sus creadores.

La utilidad y funciones (directas e indirectas) de las notas les han permitido sobrevivir en la era digital.  En efecto, los modernos procesadores de texto recogieron su posible inclusión en la correspondiente opción del menú “editar”. Lo que hacen, en realidad, es crear automáticamente un “vínculo” (un hyperlink”) a otra parte del texto, sin que el autor lo note. Es un procedimiento que se ha hecho tan habitual que ni siquiera pensamos en  él, y menos en su cada vez mayor anacronismo. En efecto ¿cuál es el sentido de apoyarnos en un texto paralelo cuando podemos “enlazar” con toda clase de recursos externos, ya sean otros escritos, catálogos bibliográficos, imágenes o videos? Obsérvese que, tradicionalmente, el lector revisaba y aceptaba las notas como un acto de fe: daba por supuesto que el sustento documental o bibliográfico aludido era tal cual lo presentaba el autor, dado que no podía leer cada libro, documento o ver cada imagen por sí mismo. Esto ya no es tan así, porque de manera tan creciente como inevitable mucho del sustento intelectual de la reflexión académica está disponible para quien desee examinarlo. Lo que era opaco, lejano, deviene cada vez más transparente y accesible.

Lo que estamos presenciando es una especie de inercia tecnológica, la misma que llevó a que los primeros automóviles se parecieran en mucho a un coche de caballos, con su carrocería abierta, grandes ruedas, ausencia de parabrisas y de luces.  Hasta ahora, los autores hemos utilizado la edición digital como si fuese un texto impreso tradicional, con sus típicas convenciones  tipográficas, y la única modificación de que ahora se lee en una pantalla. En este sentido, es interesante ver como las plataformas creadas para textos específicamente escritos para su edición cibernética (como WordPress, en el que escribo este blog) no se han molestado en crear una opción evidente para “notas”, aunque técnicamente podrían hacerlo. Ya no son necesarias.

¿Están condenadas las “notas” a desaparecer en cuanto autores y lectores nos habituemos a los recursos (y limitaciones, que también las tiene) de la edición digital?  ¿O más bien lo que veremos es una adecuación a los nuevos tiempos (como proponen algunos programas del estilo de los muy populares Zotero o Endnote)? Al cabo, las anotaciones sobrevivieron la gran transformación que implicó la introducción de la imprenta, y hallaron incluso el modo de crecer, prosperar y hallar inesperadas funciones secundarias. Es algo que sin duda comprobaremos en un futuro muy cercano.

……..
1. Evidentemente, este texto no podía publicarse sin una nota, en este caso para señalar que en las “ciencias duras” se ha acostumbrado incluir las referencias en el cuerpo del texto, entre paréntesis, y prácticamente suprimir las anteriormente dedicadas a aclaraciones o comentarios. Al parecer, los estudiosos de la cultura y la sociedad somos demasiado verbosos….