Museos en Google Art Project: desarrollo, perspectivas y ambigüedades

El Google Art Project compila y presenta en línea desde febrero de 2011 imágenes de sorprendente precisión y detalle de obras de arte de diversas galerías y museos de todo el mundo, así como visitas “virtuales” a estas instituciones. Inicialmente incluyó obras del Metropolitan Museum of Art (Nueva York), la Galleria degli Uffizi (Florencia), el Rijksmuseum, el Museo Van Gogh (Amsterdam), el Hermitage (San Petersburgo) y un puñado de otras instituciones en Europa y Estados Unidos. Acaba ahora de presentar una notable y explosiva ampliación:  abarca más de  30 mil obras pertenecientes a 151 museos, establecidos en 41 distintos países. En el caso de México, cuenta con pinturas, esculturas, cerámicas y otros objetos  del Museo Nacional de AntropologíaMuseo Nacional de Arte, y los museos  Dolores Olmedo y Casa Azul – Frida Kahlo. Otras instituciones disponibles, de interés particular para el estudioso de la historia y la antropología latinoamericanas son el Museo del Oro (Bogotá), el Museo del Arte (Lima), el Musée du Quai Branly (París). Notablemente, están ausentes algunas de las grandes instituciones, como el Louvre o el Museo Británico.  Pero si la experiencia del caso paralelo de digitalización de libros es aplicable (como parece), habrá una fuerte presión para que estos museos se unan al proyecto de Google o bien establezcan su propia versión “virtual”.

En el caso mexicano, existen aun ciertas limitaciones: la “visita virtual” (similar a Google Street View, que da la sensación de recorrer físicamente los pasillos, con imágenes de 360´) solo está disponible en el MNA, y las imágenes en escala  “gigapixel“, de mayor definición, únicamente se aplican a una pieza, la llamada “Piedra del Sol” (de la cual, de esta manera, puede verse detalles que a simple vista no podrían bien apreciarse en el mismo museo).

El Museo Nacional de Antropología en Google Art Project
El Museo Nacional de Antropología en Google Art Project

Además de la imagen, el lector puede consultar una ficha técnica con datos sobre la obra, autor, material, datación y alguna breve información, todo disponible en 18 idiomas. Puede asimismo crear su propia “colección “virtual”, ya sea pública o privada, o compartirla con la red de Google+ Varios filtros (por país, título de la obra, materiales) facilitan la ubicación de obras (por donde se halla, por cierto, que hay piezas mesoamericanas en lugares insospechados, como el Denver Art Museum).

Hay aspectos detrás de este fascinante proyecto que ameritan algunos comentarios. El primero es la relación entre Google y las instituciones participantes. Al parecer (según alguna nota periodística, porque no hay información oficial disponible), las imágenes digitalizadas pertenecen a cada museo,  y el gigante de la cibernética realiza los recorridos “virtuales” y brinda asesoría en las tomas de “gigapixel” (como puede verse en el siguiente video).

Cada institución decide que obras se incorporarán al proyecto. Hasta aquí, en lo que puede apreciarse, todo resulta muy equitativo y amistoso. De hecho, los directores de los museos mexicanos parecen bastante entusiasmados con la idea.

Por otro lado, resta la cuestión de qué puede hacerse libremente con estas imágenes. No hay en Google Art Project indicaciones muy claras sobre lo que constituya “buen uso”. Por defecto, es de suponer que se aplica el régimen legal de cada país  (cuál sea, por ejemplo, el de Australia, es algo que desconozco) y la normativa de cada institución (que puede ser muy variable). En la citada nota periodística, Hilda Trujillo, directora del museo Casa Azul – Frida Kahlo, comentó (en referencia a las obras de Kahlo y Rivera) que

Escanear una obra de arte es algo que se podía hacer desde hace mucho tiempo. Seguirá restringida la comercialización, y quien se atreva a lucrar con las obras sin pagar se enfrentará a quien detenta los derechos que es el Fideicomiso del Banco de México.

Diana Magaloni, directora del MNA, consideró por su parte que “Es normal que las obras salgan por el mundo y los originales son absolutamente reconocibles. Todo se puede usar si se pagan los derechos”.

Todo esto es muy interesante, pero bastante impreciso. Puesto a hacer suposiciones, pensaría que el uso educativo (en un salón de clases, o una conferencia) es más o menos seguro, pero la inclusión en una página web o una publicación académica es terreno más incierto e inestable. La legislación sobre “derechos de imagen” es, en todo el mundo,  caótica y tecnológicamente obsoleta. Es algo que  probablemente entretendrá a juristas y legisladores por un buen rato.

Por lo pronto, hay decenas de museos y  cientos de imágenes para descubrir y explorar. Un verdadero banquete iconográfico, disponible en el teclado de cada computadora conectada a internet.

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Los blogs, los lectores y la difusión de la historia

Hace unos días noté que  Clíotropos había rebasado las 100.000 “visitas”, desde su creación en noviembre de 2007. No está mal para un blog  especializado, que por su enfoque solamente interesa a los historiadores atraídos por los medios virtuales, amén de algún que otro curioso.  Pero no escribo esta nota para agregar un item más a la extraña fascinación de nuestra cultura por las cifras que terminan en uno o más ceros, sino para traer a colación un asunto que es central y principal en la blogosfera (¿o será “cliosfera”?) de historia: su supuesto o real  papel en la difusión del conocimiento histórico especializado.

La mayor parte (pero  ciertamente no todos) de los blogs sobre historia son animados por profesores, investigadores y estudiantes de posgrado. Es algo muy peculiar y característico de este espacio. La motivación comúnmente expresada es la de llevar el conocimiento de nuestras investigaciones, de forma directa, sencilla y atractiva, a un público más amplio que el muy limitado de los espacios académicos. Es cosa bien sabida que los libros y revistas especializadas, con alguna excepción, tienen escasa distribución; y el mismo estilo de las publicaciones académicas no es el más adecuado para su amplia difusión entre los lectores.  Los blogs, entonces, parecen una buena, e incluso necesaria, alternativa.

Y es cierto que lo son, y de manera demostrable. Puede que usted haya visto en algún blog un “contador de visitas” o que al abrir un sitio encuentre la leyenda (“usted es el visitante número…”). Desde luego, un  “visitante” no implica necesariamente un lector, porque puede arribar buscando alguna información o algún contenido que no está ahí, y no quedarse más que unos pocos segundos. Aun con esta reserva, el número  de lectores suma fácilmente cientos en cualquier blog, y con el tiempo asciende a miles. No todos los blogueros tienen la pequeña vanidad de adjuntar un “contador”, pero las cifras con las que sí contamos son llamativas. Al día de hoy, por ejemplo, “Clionáutica” de Arno Burkholder (editado desde noviembre de 2008), tenía 83.374 visitas; La batalla de Monterrey, de Pablo Ramos (enero de 2008), andaba por las 176.511; Los reinos de Indias en el Nuevo Mundo, de Natalia Silva Prada (noviembre de 2009), contaba ya con 10.526 visitantes; Mexique Ancien (en francés) con 110,595.

No es mi intención ponerme a hacer un listado en orden decreciente o ascendente de “blogs más populares”. Hay varios factores que inciden en la aceptación pública de un blog, que serían asunto de otra discusión. Lo que me interesa aquí es el fuerte contraste con los medios impresos. En efecto, quitando algunos pocos “best sellers” (como La visión de los vencidos, de Miguel León Portilla), los libros académicos juntan polvo en los anaqueles de librerías. La cantidad de ejemplares de una edición típica, que en un tiempo estuvo en los 2000 ó 3000, ha tendido a bajar, y ya es frecuente que no exceda de 500. Y no se diga de las revistas académicas, de las cuales el público, por lo general, ni siquiera tiene idea de su existencia. El contraste con la visibilidad de los  blogs no puede ser más notorio.

Evidentemente, comparar unos con otros no es del todo justo. Un artículo en una revista académica está dirigido a especialistas, y permite ciertas discusiones que habitualmente no interesan al público en general. Un libro es un esfuerzo intelectual de largo alcance, que requiere la dedicación y el tiempo del lector. Y aunque existe la tendencia de que estos medios pasen a estar disponibles en línea, no es aun algo general. El precio, obviamente, es un factor inhibitorio.

En realidad, un blog debería ser no el contrario, sino el complemento de libros y revistas. Es más ágil, permite la edición inmediata, tiene un formato más flexible, atractivo, y sin costos. No es, por lo común, el espacio para discusiones muy especializadas, ni para textos de larga extensión. Vistos de esta manera, bien puede sostenerse que deberían ser un medio usual de la producción académica. Que esto solo ocurra hasta ahora en pocos (pero notables) casos es algo que probablemente discuta en un próximo artículo.

Hay nuevos blogs, pero ¿cómo encontrarlos?

Los buscadores como Google (aunque no lo crea, hay otros) ordenan los resultados de las búsquedas por relevancia y (en términos muy toscos) por la cantidad  de “vínculos” o links que apuntan a determinada página. Es un método lógico, pero que tiene sus inconvenientes. Uno de ellos es que la mejor forma en que una página web o un blog alcancen a ser conocidos y populares, es gozar previamente de cierto reconocimiento y popularidad. En otros términos, cuanto más crece un sitio, más alto aparece en la jerarquía de búsquedas. El lado negativo es que resulta difícil obtener la masa crítica mínima para iniciar todo este proceso; requiere considerable esfuerzo, ingenio y persistencia. A veces no se consigue (a pesar de que los contenidos en sí pueden ser atractivos), y el sitio aparece solamente en la cuarta o quinta página de resultados del buscador, esto es, las que el usuario promedio rara vez llega a consultar.

Esto viene muy al caso de algunos recomendables  blogs sobre historia de México de cuya existencia a veces me entero tardíamente, de manera un tanto incidental, en ocasiones cuando hago una búsqueda inusual o noto que se encuentra “referenciado” por algún otro autor cuyos escritos  sigo. Esta larga introducción espero que sirva de explicación (¿o será excusa?) para dar cuenta de un blog nuevo y también de otros que tenían ya algún tiempo de ser editados.

Martha Beatriz Guerrero Mills es una egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana. Publica desde hace breve tiempo el blog Historia y recepción, que es un buen ejemplo de la diversidad de fines y estilos que puede adoptar esta plataforma. En efecto, más que una serie de notas misceláneas, por el momento se trata de un conjunto de artículos o capítulos de una valiosa investigación sobre la recepción de la obra de Frank Tannenbaum en México, con el formato característico de un producto académico impreso.

El apropiadamente llamado La gula de Clío es un blog de María Ruiz, quien presenta a sus lectores-comensales notas sobre la historia de la vida cotidiana, de las mentalidades y la historia oral que, como dice, están   “alejadas de la -aburrida- historia de fechas y datos `importantes´”.  Desde  marzo de 201o ha escrito sobre recetas tradicionales (la última, de ardillas guisadas), bebidas (con preferencia por el mezcal),  recetarios y reuniones gastronómicas. El blog no ha mantenido su continuidad en fechas recientes, pero la autora (egresada del Instituto Cultural Helénico) tiene más notas prometidas en el menú.

Policromías de la historia, y un poco más, de Alejandra López Camacho, quien es egresada  del doctorado  del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, dedica su blog a historia conceptual, política, cultural y de la prensa en México y España durante el siglo XIX. Comenzó a publicar esporádicamente en  su blog en agosto de 2009, y con regularidad en el último año.

Estas novedades, sumadas a las de otros blogs de los que dí cuenta hace algunos días, parecen insinuar un renovado interés de los historiadores en esta plataforma como medio de expresión y difusión.  ¿Será? Habrá que verlo; les tendré al tanto aquí y en la página Facebook de H-MEXICO.

La expansión (y las posibilidades) de Google Maps en México

Sin hacer mucho ruido mediático, Google Maps ha continuado su expansión en el territorio mexicano.

Compárense estos dos mapas de disponibilidad (las partes en azul son la que ya han sido fotografiadas), pertenecientes a mediados de 2010 y 2011 . En el centro del país ya abarca no solamente ciudades medias, sino incluso numerosas poblaciones menores. En cuanto a la elección de lugares,   parece simplemente haberse seguido el trazado de las principales carreteras (lo cual explica, por ejemplo, que en Michoacán pueda “visitarse” virtualmente el centro de la población de Quiroga, pero no la muy interesante ciudad de Pátzcuaro).

Para el interesado en historia, arqueología y patrimonio, Google Maps está resultando un recurso cada vez más valioso. Véanse, por ejemplo, esta toma aérea de la llamada “pirámide del sol” en Teotihuacan

O, si se desea una perspectiva panorámica, que incluya el entorno, está fácilmente disponible en la aplicación paralela, Google Earth:

Después de ver estas fotografías, es posible que el lector se sienta motivado a visitar la zona arqueológica por sí mismo, pero ya no recuerde muy bien como llegar desde, por ejemplo,  San Angel, en la ciudad de México.  Muy simple: Google Maps sugiere un mapa del recorrido, en el que puede hacerse “zoom” para ver los detalles.

El punto delicado en esta travesía ha sido siempre en qué lugar abandonar la carretera federal México-Pachuca para tomar la México-Pirámides. No hay problema: es posible ver también ese punto exacto, a nivel de carretera, con Google Street View.

Hay otras posibilidades interesantes en Google Maps, que puede desarrolle en próximas notas.

Nueva versión de los “Sitios de interés sobre historia de México”

Desde las primeras versiones de la página de H-MEXICO incluí una sección de Sitios de interés disponibles en línea. Cada tanto la actualizaba, pero dejé de hacerlo durante un buen tiempo. En parte se debió a que estábamos preparando una actualización general de la página (ya disponible al público)  y, también, a que estuve muy ocupado en diversas actividades y compromisos. Ahora, finalmente, en este lluvioso periodo vacacional me decidí a revisar y poner al día ese documento.

El resultado ha sido de interés, porque refleja las inercias y los cambios ocurridos en la vertiente cibernética del mundo académico. Además de lo previsible (páginas web que cambiaron de dirección, otras que simplemente desaparecieron), pude constatar la multiplicación de bibliotecas digitales  (se ha vuelto algo “de prestigio” para las instituciones). En cambio, los archivos aun  ofrecen en línea solamente sus catálogos, con solo progresos muy parciales (como en el Archivo General de la Nación) hacia la presentación en línea de manuscritos; no hay nada comparable a la excelente iniciativa española de PARES.  Asimismo, prácticamente todas las revistas de importancia tienen ya en línea sus artículos. En contraste, los libros siguen ofreciéndose (con raras excepciones) solo en su versión impresa.

He revisado el contenido, el texto y los “vínculos” con cuidado, pero seguramente todavía aparecerá algún error o imprecisión. Se agradecen los comentarios y observaciones.

Nuevos blogs sobre historia de México

El género de la comunicación bloguera tuvo un lento avance, un explosivo crecimiento por allá de fines de 2008 e inicios de 2009, y luego arribó a algo que no sé si llamar estancamiento o consolidación. Buen número de blogs  simplemente desaparecieron, algunos siguieron publicando entradas de manera intermitente, y otros confirmaron su existencia y aceptación con un flujo continuo de entradas. Es materia que, algún día, sospecho  dará asunto a algún sesudo artículo científico o tesis escolar. Por lo pronto, vale dar noticia y  prestar la atención a las novedades que de aparecen por aquí y allá.

Aportaciones Históricas Taurinas del conocido historiador de la tauromaquia José Francisco Coello Ugalde, se ha dedicado desde diciembre de 2010 a anécdotas, efemérides, figuras y figurones del toreo, y ha incluido aquí varias ponencias y conferencias sobre el tema. Seguramente atraerá la atención de los adeptos a la tauromaquia, y de  los interesados en la historia de la ganadería, de las crónicas de época y de las fiestas populares.

Natalia Silva Prada es autora de  numerosos  trabajos sobre historia cultural, y  entre ellos el excelente libro  La política de una rebelión. Los indígenas frente al tumulto de 1692 en la Ciudad de México (2007). Presenta ahora  el blog Los reinos de las Indias en el Nuevo Mundo. En términos estrictos, no es de nueva creación, porque las primeras entradas corresponden al año de 2009, cuando se llamaba un tanto desangeladamente  “Historia colonial”. En aquel entonces era un medio de los que he llamado “curriculares”, destinado a dar cuenta de las publicaciones y actividades del autor. En fechas recientes ha cambiado su nombre y ampliado su propósito. Incluye ahora muchas notas, noticias, comentarios y documentos sobre historia política y cultural del siglo XVIII hispanoamericano.

Habrá que seguir estas dos nuevas publicaciones que vienen a ampliar y  renovar la “blogosfera” de historia mexicana.

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Si le interesa examinar mi último listado de blogs sobre historia, haga click aquí

Qwiki, o el historiador automático

Allá en los ya no muy cercanos tiempos en que era un joven historiador recién contratado por el Instituto de Investigaciones Históricas de  la UNAM, descubrí que en una bodega de la biblioteca había una computadora  IBM (el modelo con  monitor con letras verdes sobre  fondo negro, que utilizaba discos floppy de 5 1/4).  Pedí permiso para desempolvarla, y prontamente comencé a escribir mis textos en un procesador, Word Perfect, ahora ya desaparecido del mercado. De vez en vez alguno de los investigadores más establecidos (que eran, o podían haber sido, mis maestros) se acercaba para ver porqué  estaba yo tecleando frente a un monitor. Después de una breve explicación,  les decía que llegaría el tiempo en que podrían meterse las notas de trabajo por una ranura de la computadora, luego escoger opciones interpretativas y de estilo, y por el otro lado saldría el texto ya escrito. Se me quedaban viendo, algunos con escepticismo y otros con inquietud. No faltaba quien iniciaba una larga y razonada exposición sobre por qué tal cosa nunca sería posible, para mi secreta y privada diversión.

Pues bien, en el mundo de la tecnología es mejor no hacer bromas sobre futuros improbables, porque siempre hay el riesgo de que acaben por ser verídicos. Ocurre que la acumulación de información y de interpretaciones en artículos y libros científicos disponibles hoy día en red es tal que ha llegado a constituirse en valiosa (y casi imprescindible) fuente de referencia para el estudioso.  Desde luego,  se requieren conocimientos y un buen criterio para discriminar entre lo pertinente y lo banal, así como para organizar el material y, obviamente, realizar un análisis, con sus correspondientes hipótesis y argumentos. Es una tarea intelectualmente compleja,  que resulta difícil para una computadora. Sin embargo, en la medida en que los sistemas cibernéticos son cada vez  más sofisticados, pueden utilizar sus capacidades de ordenamiento y clasificación de tal manera que imitan cada vez mejor el pensamiento humano.

Gracias a una nota del siempre alerta e interesante  blog de Libros y bitios, vengo a enterarme de Qwiki, una combinación de buscador con agregador de contenidos, procedentes en este caso de Wikipedia (en su versión inglesa) y materiales gráficos publicados  con licencia Commons, de Wikimedia. El resultado de las búsquedas es un audio  a manera de “cápsulas informativas”, de poco menos de un minuto, acompañado de imágenes, ilustraciones y (en su caso), mapas,  cuadros y gráficas.   La versión “texto” de la exposición también está disponible.  En esta versión preliminar o “alfa”, hay dos millones de entradas. Para empezar, no está nada mal.

Qwiki da al lector (previo registro) la posibilidad de sugerir imágenes o videos (pero no de corregir contenidos). También provee enlaces a contenidos pertinentes en Wikipedia, Youtube y Google, así como la opción de compartir el resultado mediante e-correo, Facebook o Twitter. Igualmente, propone cápsulas afines, de manera que puede navegarse una y otra vez por contenidos temáticamente vinculados.

Desde luego, la confiabilidad de los resultados de Qwiki es tan buena como sus fuentes, pero en una revisión rápida no encontré errores notables. Incluso en historia, sociedad y cultura de México hay más entradas de las que podría esperarse en un sistema basado en referencias anglófonas. Puede comenzarse, por ejemplo, en “Mexican Revolution“, y luego navegar hacia “Franciso I. Madero“, “Porfirio Díaz” y “Cristero War”. O, si se tiene poca paciencia con los “grandes acontecimientos”, consultar la cápsula de Day of the Dead, y de ahí derivar hacia La calavera catrina. No hay todavía una versión en español. Pensándolo bien, quizás no sea buena idea que la haya, dada las muchas imprecisiones que aparecen en la versión hispana de Wikipedia.

Qwiki se acerca bastante a la antigua  fantasía de ciencia ficción, aquella en la cual el protagonista se colocaba frente a una gran y ronroneante computadora, con muchas luces y unidades de cinta, para decirle  cosas como “Computadora, proporcióname información sobre la atmósfera de Júpiter”. Más cercano a nuestros intereses, podría pensarse que en algún momento el historiador podría sentarse frente a un equipo de cómputo  y pedirle  el “estado de la cuestión” sobre las haciendas en México en las primeras décadas del siglo XIX. No sería imposible, sobre todo si se partiera del enorme y creciente acervo de revistas y libros disponibles, por ejemplo, en Google Académico.

La inquietante mirada de Hal 9000
La inquietante mirada de Hal 9000

Por otro lado, Qwiki también recuerda inevitablemente a Hal 9000, la supercomputadora de la nave espacial de la película Odisea en el espacio, de Stanley Kubrick. Como recordarán los memoriosos, Hal encuentra una excelente razón para asesinar a toda la tripulación.  Sin llegar a tanto,  ¿acabarán algún día no tan lejano las computadoras y las aplicaciones como la que aquí he comentado por dejar sin trabajo a los historiadores? Yo podría aquí dar muchas razones por las cuales tal cosa nunca será posible… pero prefiero no correr el riesgo de que dentro de algunos años algún joven universitario lea mis argumentos con un aire de  secreta y privada diversión.