¿Una historia del cómputo en México?

Abril 30, 2008

ibm650.jpgEn un comentario incluido en este blog, Alejandro Pisanty ha observado que 2008 es fecha celebrable para la historia del cómputo (esto es, del cómputo electrónico) en México. Efectivamente, en 1958 la Universidad Nacional Autónoma de México adquirió una IBM 650, destinada a su flamante Centro de Cálculo Electrónico. El aniversario al parecer incluirá actividades diversas de las que sin duda pronto sabremos, y convocará a universidades, instituciones y empresas.

Más allá del asunto puramente conmemorativo -que tiene sus propios méritos- el tema no deja de ser intrigante para el historiador. En efecto, ¿existe o debería existir una historia del cómputo mexicano? ¿O es sólo una colección de anécdotas y datos curiosos, que no da para más que una crónica ordenada de acontecimientos?

Del punto de vista particular y profesional del historiador (que desde luego no es ni tiene por qué ser el único), hay varias perspectivas, dudas y problemas que por ahora me limitaré a señalar brevemente, para intentar, en un mensaje posterior, dar otras tantas respuestas

1. ¿Es la historia del cómputo un tema de interés? Al cabo, la tarea del historiador no es contarlo todo sobre todas las cosas. En el pasado, escogemos aquello que nos parece relevante. La historia, desde este punto de vista, está en los ojos de quien la estudia. Hace medio siglo los asuntos del historiador eran la política, la diplomacia, las instituciones y las grandes personalidades. Los obreros, las mujeres, los pueblos provincianos, las leyendas y tradiciones populares, las técnicas artesanales o industriales eran a lo sumo historia menor, anecdótica. Esto desde luego, ha cambiado radicalmente en tiempos recientes. Sin embargo, aun no hay en México a una historiografía dedicada a temas computacionales.

2. La historia del cómputo en general tiene poco más de seis décadas, y aun menos tiempo en México. ¿Es este espacio de tiempo suficiente para sostener que existe materia para escribir historia? Al cabo, en el acontecimiento en sí no hay historia; el historiador requiere tener la posibilidad de una perspectiva de largo plazo, que le permita establecer regularidades y tendencias.

3. ¿Pueden existir historiadores de lo inmediato? Por una peculiar tradición nacional, los historiadores en México nos hemos dedicado al pretérito lejano. La historia ya no digamos imediata, sino incluso la reciente ha sido el tema de interés de los sociólogos, politólogos o eocnomistas interesados en la historia. Mucho antes que Francis Fukuyama, los historiadores proclamamos informalmente que la historia había acabado, y en nuestro caso no con el triunfo del capitalismo sino con el final de la Revolución Mexicana.

4. ¿Puede haber una historia del cómputo mexicano? Al cabo, se trata de un desarollo dependiente y derivado del que ocurría en Estados Unidos. Para que exista un objeto de estudio debe haber un conjunto de acontecimientos y situaciones que puedan y deban ser estudiados de manera separada. Podría hacerse un argumento en el sentido de que la historia del cómputo solamente tiene sentido cuando se estudian los procesos ocuridos en los países que le dieron origen, y que su desarrollo en México no justifica más que unas breves notas o apéndices.

5. Si las preguntas anteriores son respondidas afirmativamente, entonces ¿qué problemas técnicos y metodológicos plantearía al historiador el estudio de la historia del cómputo? ¿Donde están las “fuentes”, esto es, los libros, revistas o acervos documentales por donde el historiador debería comenzar a adentrarse en el tema? ¿Cuáles son las tareas inmediatas que deberían, en su caso, llevarse a cabo de manera inmediata para preservar la memoria de la historia del cómputo en México? ¿Cuáles son los grandes temas que debería abordar la historia del cómputo en México? Y finalmente, ¿es el explosivo desarrollo contemporáneo de Internet un subtema de la historia del cómputo, o un campo de reflexión que debería considerarse de manera particular?


La Biblioteca Nacional Digital (UNAM)

Enero 17, 2008

Biblioteca Nacional, UNAMLa Biblioteca Nacional ((BN) de la Universidad Nacional Autónoma de México acaba de anunciar la próxima puesta en línea de la “Biblioteca Nacional Digital”, que pondrá a disposición de los usuarios cerca de un millón de documentos custodiados en el Fondo Reservado. Se trata, según lo que puede apreciarse en las declaraciones de la coordinadora de la BN, Rosa María Gasca Núñez, de documentos “significativos” y libros “de prestigio”, como los Impresos Mexicanos del siglo XVI (que deberían incluir la Recognitio summularum y la Dialectica resolutio, de fray Alonso de la Veracruz, impresas por Juan Pablos en 1554), el acta de proclamación de la Independencia de México, el archivo epistolar de Benito Juárez (17,000 documentos aproximadamente), la Colección Lafragua (folletería, mayormente del siglo XIX) , la colección Enrique de Olavarría y Ferrari, la correspondencia del poeta Carlos Pellicer y la Colección Cardoza y Aragón (documentos y fotografías de la vida cultural en el siglo XX). Algunos de estos documentos fueron declarados Memoria regional del mundo por la UNESCO. Según la BN esta biblioteca digital será la más completa de Iberoamérica en el ramo de obras patrimoniales.

La Biblioteca Nacional ya tiene en línea el Archivo Franciscano, las Revistas Literarias del siglo XIX (las dedicadas, como se decía entonces, al “bello sexo”) y parte de la
Colección Olavarría y Ferrari No queda clara la relación entre estas publicaciones previas y la nueva Biblioteca Digital.

La BN tiene en proceso la digitalización y puesta en línea los archivos de Francisco I. Madero, de Mariano Azuela, y de Victoriano Salado Álvarez.

Son sin duda excelentes noticias para los los aficionados a la historia. Resta por ver si este meritorio esfuerzo puede integrarse para beneficio del público lector con otras iniciativas afines de digitalización , como por ejemplo el Portal Nacional México de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes


Digitalización de libros: la experiencia francesa

Enero 10, 2008

bnf2.jpgEn una crítica aparecida en Proceso sobre el acuerdo de digitalización y difusión entre la UNAM y Google, del que me ocupé anteriormente, se presentó como posible modelo alternativo el impulsado por la Biblioteca Nacional de Francia (Bnf). Prometí en mis comentarios que posteriormente me ocuparía de revisar estos sistemas, no tanto porque en lo inmediato sean útiles para los mexicanistas, sino por lo que podrían ofrecer como modelo alternativo de digitalización.

Gallica no es un proyecto de digitalización global, sino que ha estado orientada a ciertos campos prioritarios, como las ediciones “de prestigio”, los diccionarios y periódicos. Privilegia, en consecuencia, los autores franceses (algunos de los cuales se ocuparon de México), aunque también pueden hallarse otras obras, como los clásicos greco-romanos. El sistema de consulta es simple y claro. El resultado es un listado de obras, que puede consultarse en imágenes (aunque algunas, provenientes de otros proyectos, permanecen en modo texto) y descargarse a la computadora del usuario. También tiene un valioso “banco” de imágenes (pero no, la valiosa colección de códices mexicanos de la BnF no está incluida…) y de añejas y encantadoras grabaciones de la música popular francesa. Es, por tanto, un proyecto limitado en su ámbito, pero a la vez ambicioso en sus dimensiones, dado que incluye los vastos fondos de una gran institución. Tiene actualmente 90 000 documentos y 80 000 imágenes y está prevista una próxima ampliación acelerada de los fondos digitalizados, que serán incorporados en una versión del sistema técnico de Europeana, los cuales a su vez formarán parte de una hipotética Biblioteca Digital Europea.

Europeana es un prototipo de biblioteca en línea. Reúne alrededor de 12000 documentos de la BnF (o sea, parte del sistema Gallica), además de la Bibliothèque Nationale Széchényi de Hungrìa y de la Biblioteca Nacional de Portugal. Los organizadores aclaran que no es un proyecto terminado y que no es seguro que se desarrolle hacia una versión definitiva. El diseño es complicado. Presenta al usuario un espacio de “búsqueda general” (sin distinguir, como es usual, campos para título, autor, contenido y tema) o bien una búsqueda temática, en la cual deben escogerse criterios (época, lengua y origen), además de opciones para temas que siguen el criterio del sistema bibliotecario Dewey (”Historia y geografía”, “ciencias”, “religión”, etc.) que todos hemos tenido que sufrir alguna vez. Los resultados ofrecen un listado que permite acceder a la imagen del texto. Actualmente no se puede “descargar” esta imagen a la computadora del usuario.
Una interesante novedad es la inclusión de un espacio particular para el usuario, donde puede (luego de un registro personal simple) guardar y ordenar sus búsquedas, de manera que en sesiones sucesivas su tarea resulte más sencilla. No resulta claro donde van a quedar los documentos sonoros o el banco de imágenes de Gallica.
En resumen, se trata de un proyecto ambicioso, que lamentablemente no recoge la simplicidad de consulta de su antecesor y parece orientado estrictamente a la producción bibliográfica. Falta ver si el sistema, como es deseable, incorpore o se asocie a las demás bibliotecas europeas, lo cual parece que dependerá de muy variadas circunstancias técnicas, institucionales y políticas, como inevitablemente sucede con todos los programas gubernamentales.

Mirado desde este lado de la mar, esta experiencia sugiere varios temas y suscita diversas interrogantes. El proyecto de “Europeana” fue en un principio de naturaleza defensivo: se trataba de impedir el dominio anglosajón que teóricamente traería Google Libros consigo. Esta preocupación se ha mostrado vana, porque de hecho el sistema de Google está incorporando (y haciendo fácilmente accesible o al menos ubicable) los recursos bibliográficos en todos los idiomas. El problema, más bien, consiste en determinar si es realmente una buena idea confiar este patrimonio cultural a una empresa trasnacional, por más que hasta ahora haya mostrado buenas intenciones (o sea, trato respetuoso, ausencia de cargos por digitalización, consulta gratuita).

Por otro lado, más allá de asuntos prácticos, es evidente que la experiencia digital francesa está guiada por motivos de orgullo nacional que son, desde luego, muy atendibles. Es probable que cada país desarrolle sus propias bibliotecas digitales, más o menos por los mismos motivos que cada gobierno apoya (e incluso financia, directa o indirectamente) a las frecuentemente deficitarias líneas aéreas nacionales. Si estas razones impulsan proyectos de esta índole en los países hispanoamericanos, parecería urgente que las instituciones responsables se pongan de acuerdo entre sí para desarrollar un formato único de digitalización de obras y un sistema centralizado de localización, que permita su fácil consulta. Lo contrario, precisamente, es lo que ya está ocurriendo en México.

……….

Imagen: Biblioteca Nacional de Francia
Cortesía de Wikimedia

Computer History Museum en youtube

Enero 3, 2008
computer_history_museum.jpg

El blog de Alejandro Pisanty advierte sobre una presentación en youtube del Computer History Museum, situado en Mountain View, California. El video explica la historia y propósito del museo, así como pertinentes comentarios sobre la importancia de la computación en el mundo contemporáneo. Además de su interés, el video inevitablemente lleva a pensar en la posibilidad y conveniencia de documentar y estudiar el origen y evolución de la computación en México. Es algo que debería ser motivo de reflexión para ingenieros de sistemas, historiadores, sociólogos, comunicólogos y antropólogos. Prometo regresar en breve sobre este tema.

 


Wikipedia y los historiadores

Diciembre 21, 2007

picture-11.jpgUna de las preocupaciones que muchos historiadores compartimos es el progresivo alejamiento de la profesión con la difusión del conocimiento histórico. Es un hecho que los historiadores tenemos solamente una influencia limitada e indirecta en los mayores vehículos de enseñanza y divulgación de la historia (los libros de texto gratuitos, la prensa periódica, la televisión). No es un asunto menor, porque la conciencia del pasado es uno de los elementos decisivos de conformación de la identidad nacional.

Podría pensarse que la aparición y el explosivo crecimiento en años recientes de la World Wide Web proporcionaría un medio muy apropiado para la difusión del conocimiento histórico. Sin embargo, es bastante evidente que ni los historiadores ni las instituciones de docencia o investigación en historia han recurrido plenamente a este valioso medio, que podría tender un puente hacia un público que tiene un gran interés por la historia, pero que ha permanecido mayormente indiferente ante la obra de los historiadores. Es una cuestión de políticas institucionales, de actitudes profesionales pero, también, de la inexistencia de un instrumento apropiado. Lo cual nos lleva a considerar la relación de los historiadores con la Wikipedia, la enciclopedia colectiva mundial.

La versión inglesa de Wikipedia (la más antigua y extendida) tiene actualmente más de dos millones de artículos. En el “ranking” de páginas más consultadas a nivel mundial, se ubica siempre entre las diez primeras, lo cual significa que tiene cientos de miles de lectores cada día. Hay en el mundo más de seis millones de wikipedistas (esto es, autores y colaboradores) registrados. Wikipedia también ha desarrollado proyectos paralelos , como Wiki Commons (dedicado a imágenes y audios), Wikiccionario (un diccionario en línea) y, de particular interés para los historiadores, Wikifuente, dedicado a reproducir documentos históricos.

Actualmente la historia de México tal como la presenta Wikipedia está centrada en aspectos políticos, militares e institucionales. Los contenidos son más bien expositivos, con cierta inclinación hacia la anécdota. La interpretación descansa en buena medida en consideraciones psicológicas sobre las decisiones que han tomado las grandes personalidades. Los procesos abstractos, que inciden en el desarrollo de una sociedad, como los demográficos, económicos o culturales, reciben poca atención. Hay problemas ocasionales de orden narrativo (contradicciones, ambigüedades, repeticiones), lo cual era de esperarse en un texto redactado simultáneamente por muchas personas. Para crédito de los wikipedistas, no hay demasiados errores notables en los datos incluidos. Tampoco es la suya una historia de “héroes y villanos” ni deriva más de lo que podría esperarse hacia el nacionalismo moralizante.

Del punto de vista del desarrollo historiográfico, Wikipedia parece corresponder (con algunas excepciones en ciertos excelentes artículos) a la historiografía tal como se hacía en los años cincuenta del siglo pasado. En conjunto, sale razonablemente bien librada en comparación con otras enciclopedias comerciales, como Encarta.  Y ciertamente, tiene mucha más información  sobre México (y mas reciente) que la muy respetada Enciclopedia Británica.

En principio, debería haber sido natural e inmediata la convergencia entre un producto como Wikipedia, de fácil edición, atractiva presentación y enormemente popular, pero que requiere urgentemente de una actualización, y una numerosa comunidad de historiadores, que tiene mucho que decir pero no tienen donde hacerlo en el mundo virtual. No parece, sin embargo, haber sido así. Dado el anonimato de los wikipedistas es difìcil realizar afirmaciones muy terminantes, pero si juzgamos por los contenidos actuales, parece evidente que en México hay pocos historiadores de oficio entre ellos.

Hay varios factores y situaciones que han provocado que así sea. Una rápida revisión de los libros y artículos editados por nuestras instituciones mostraría que, por su temática, lenguaje y presentación, parecen estar escritos por unos historiadores para ser leídos por otros colegas de su mismo oficio (o por aspirantes a serlo). Es ciertamente una consecuencia inevitable de la tendencia a la especialización propia de toda rama del conocimiento, pero asimismo una política institucional, porque los criterios existentes hoy día para la selección y promoción de los académicos claramente consideran a la difusión popular del conocimiento como una actividad secundaria, casi prescindible. Así, del punto de vista puramente práctico (que no es el único que cuenta en la profesión) para una historiador resulta poco aconsejable dedicar tiempo y esfuerzo a redactar artículos para Wikipedia. .

Un segundo punto tiene que ver con la propiedad del conocimiento. En muchas culturas no occidentales (incluyendo a las nativas mexicanas) la historia es un producto colectivo, en donde la narración pasa de generación en generación sin que tenga un autor particular, aunque se reconozca la maestría memoriosa de algunos narradores. En cambio, la tradición occidental, que hemos heredado los historiadores profesionales, acabó derivando hacia la “obra de autor”. Un autor espera un razonable reconocimiento por los años dedicados a aprender el oficio, revisar libros viejos y polvosos documentos, y redactar finalmente un a obra. Wikipedia se adapta mal a estos principios, porque simplemente los artículos son anónimos y de autoría colectiva. El wikipedista no espera un reconocimiento público; hace su labor por afición por la historia, porque le agrada sentirse parte de una comunidad intelectual, o bien porque tiene un compromiso altruista con la difusión del conocimiento. Desde luego, los historiadores realizan de manera frecuente, casi cotidiana, muchas actividades en las que bien saben que no tendrán mayor recompensa ni retribución; pero escribir en Wikipedia no parece ser una de ellas

El estilo requerido por Wikipedia, como el de cualquier otra enciclopedia, es también distinto al habitual en los estudios históricos. Típicamente, el historiador utiliza los acontecimientos solo como paso previo para desarrollar un argumento, que debe ser lo suficientemente original, distinto a lo que se ha escrito previamente, para que amerite ser publicado. En cambio, en una enciclopedia el autor hasta cierto punto desaparece, dado que lo que interesa es presentar el “estado de la cuestión” de una manera neutral y didáctica. Esto significa que se da más peso a lo que podríamos llamar “las conclusiones socialmente aceptadas” que a las ideas y propuestas novedosas. Cabría incluso notar que una de las políticas originales de esta gran enciclopedia virtual es que “La información que Wikipedia presenta no debe nunca ser original, puesto que el trabajo que implica verificar la exactitud y corrección de esa información es imposible para una enciclopedia. Los artículos de Wikipedia deben estar basados en la recolección y organización de otras fuentes.” Con todo, esto no debería ser un inconveniente mayor, dado que este punto de vista es el propio de algunas actividades que, como la impartición de un curso de nivel licenciatura, implican presentar las diferentes perspectivas y opiniones sobre un tema de manera general e imparcial.

Más grave, en cambio, es el hecho de que el esfuerzo dedicado a publicar en Wikipedia puede acabar siendo en vano. Por lo común, las publicaciones académicas pasan por algún tipo de revisión previa que idealmente llevan a cabo expertos en cada campo del conocimiento. En cambio, una de las características de esta enciclopedia colectiva es que todos los participantes se constituyen en árbitros de lo publicado, y pueden libremente modificar o borrar lo escrito previamente. Una persona que ha publicado varios libros sobre un tema tiene la misma autoridad que alguien que escribe recurriendo a diccionarios, libros de texto o artículos periodísticos. Como se advierte en el texto explicatorio de los cinco pilares básicos de Wikipedia: “Deberás aceptar que cualquiera podrá modificar en cualquier momento y sin avisar tus artículos y que nadie los vigilará. Cualquier texto con el que contribuyas podrá ser editado y redistribuido sin piedad por toda la Comunidad.” (en cursivas en el original)

Para evitar supresiones o modificaciones arbitrarias, existen en Wikipedia dos procedimientos. Por un lado, cada artículo tiene un espacio para la discusión, de modo que todos los autores pueden explicar porqué han hecho ciertos cambios; es posible asimismo marcar que una sentencia requiere de una nota explicando el sustento bibliográfico o documental, e incluso poner una advertencia indicando que todo un artículo es incompleto o tendencioso. Asimismo, cualquier wikipedista o lector puede restaurar la versión anterior de un artículo. De manera más bien sorprendente, este conjunto de procedimientos funciona bastante bien. Aun así, muchos historiadores acaban por desertar de su labor después de que lo que se ha escrito con extremo cuidado, pesando cada palabra y concepto, acaba siendo anulado el siguiente día.

Resulta riesgoso aventurar conclusiones en una realidad tan fluida y diversa. Sin embargo, voy a permitirme aventurar algunas generalizaciones que son, al mismo tiempo, propuestas.

* El descuido institucional por la difusión y divulgación de la historia en México es casi escandaloso. Aunque obviamente es importante el tiempo dedicado a la investigación especializada, el destinatario natural de los estudios históricos debería ser la sociedad que es producto de esa historia. Algunas iniciativas, como la revista Arqueología mexicana muestran que esta no es una labor imposible ni comercialmente inviable. Aun así, los historiadores difícilmente podrán dedicarse a labores de difusión sino se acepta que esta actividad es de primordial interés institucional.

* Wikipedia no es un espacio apropiado para presentar y exponer los resultados originales y más novedosos de la investigación histórica, porque no fue creada con ese fin. Quienes tengan este recomendable propósito, deberían buscar otros medios. En lo inmediato, mientras las instituciones acaban de despertar de su confortable letargo, es posible recurrir a la autoedición, con recursos gratuitos y de uso sencillo, como Google Pages o WordPress. Desde luego, sería deseable (aunque parece por ahora poco probable) que aparecieran proyectos colectivos específicamente organizados por los propios historiadores para la difusión de sus investigaciones Por lo pronto, existen algunas alternativas, aunque todavía son más bien proyectos en desarrollo, como Citizendium (una derivación de Wikipedia), o el recientemente anunciado Knol de Google

* Por otro lado, Wikipedia se ha convertido en un medio fundamental e inevitable para la difusión de la historia, con sus decenas de miles de lectores potenciales. Para los historiadores debería ser parte de su labor dedicar al menos unas horas de su año laboral (¿el “día de Wikipedia”?) a actualizar la información existente en su campo particular de especialidad. Es ciertamente una tarea que requiere de paciencia y de una perspectiva que aprecie más los resultados acumulativos que los logros inmediatos. Pero, al fin y al cabo, los historiadores estamos acostumbrados a pensar precisamente en estos términos.

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Si le atrae el tema, probablemente le interesará asimismo la lectura de Roy Rosenzweig, “Can History be Open Source? Wikipedia and the Future of the Past” y de Molly MacDonald “Wikipedia: Confessions of a Neo-Luddite”


Knol, la enciclopedia de Google

Diciembre 18, 2007

picture-11.jpgGoogle acaba de anunciar que tiene en fase de pruebas un nuevo proyecto de orientación académica, que viene a sumarse a sus servicios previos de Google Libros y Google Académico. Se trata de Knol (el término se deriva de “knowledge”). Una primera entrada a modo de muestra o maqueta está ya disponible al público.

Se ha supuesto inmediatamente que Google tiene en la mira desplazar a Wikipedia de su posición dominante como medio de difusión y adquisición en línea de conocimientos. Sin embargo, hay entre estos dos medios variaciones importantes, que pueden conducir a dos sistemas diferenciados y coexistentes.

Knol es muy insistente respecto del reconocimiento de la autoría individual, mientras que los artículos de Wikipedia son por definición de autoría colectiva y, para efectos prácticos, anónimos. Así, Knol puede atraer a muchos autores que quieren difundir el resultado de su trabajo, pero que sienten que el conocimiento adquirido pacientemente durante años no es reconocido en Wikipedia. Recuérdese, asimismo, que en Wikipedia cualquier persona sin particular calificación puede modificar cualquier entrada previa, incluso la redactada por una autoridad en determinado tema.

El reconocimiento de la autoría individual en Knol tendrá ciertas consecuencias inevitables. El texto escrito por un autor no podrá ser modificado por otro; se supone que los autores que sigan al primero escribirán páginas adicionales, aunque sean contradictorias o repetitivas. Así, en vez de que el lector encuentre un resumen ordenado sobre determinado tópico, va a hallar múltiples páginas, entre las cuales tendrá que escoger cuál es la más adecuada. Va a resultar poco práctico e incluso confuso para quien busca una rápida consulta o aclaración sobre cierto tema (que es la especialidad de Wikipedia).

Google ha previsto el problema y planeado ciertas soluciones. No es su intención recurrir a árbitros o editores generales (que es lo que hace, por ejemplo, un buscador “asistido por humanos”, el poco conocido Mahalo). Las propuestas de Knol son dos: cada página tendrá un espacio para comentarios y calificación de cada artículo (es decir, todos los usuarios serán árbitros) y por otro lado al hacer una búsqueda el famoso algoritmo de Google pondrá en orden descendente de popularidad todas las entradas.

Un asunto lateral, de interés para los países cuya lengua no es el inglés, es si Knol va a tener versiones en otros idiomas. Wikipedia así lo ha hecho con gran éxito, y la proliferación lingüìstica resulta favorecida porque la ausencia de autoría individual permite que cualquier persona realice una traducción de un artículo de otro idioma al suyo propio. De hecho, es algo que Wikipedia estimula a realizar a todos los wikipedistas, lo cual hace posible que las versiones de lenguas minoritarias crezcan rápidamente en contenidos (como ocurre, por ejemplo, con Huiquipedia, la versión en nahuatl ). Esto no será tan fácil en Knol, dado que los autores de artículos tendrán naturalmente la preocupación de que sus afirmaciones sean traducidas correctamente; y evidentemente, la traducción en sí será un sujeto de derechos de autor.

Resta por ver como funciona en la práctica Knol, dado que probablemente pasará todavía por algunos ajustes. En principio, parecería que Google estaría destinado a imponer lo que algunos comentaristas han ya denominado informalmente como “Googlepedia”. Pero el gigante de la información en línea ha tenido grandes e indudables aciertos, pero también algunas ideas que no han ido a ningún lado, como la escasamente popular red social Orkut. Ya veremos…


La Benson Latin American Collection en Google Libros

Diciembre 13, 2007

Benson Latin American Collection, UTLa Nettie Lee Benson Latin American Collection de la Universidad de Texas, que custodia alrededor de 800,000 obras sobre México, Sudamérica y el Caribe está procediendo a digitalizar sus colecciones en el contexto del proyecto de Google Libros. Se trata de obras especializadas, raras y a veces únicas, lo cual ha motivado y motiva a muchos estudiantes e investigadores a trasladarse hasta Austin, Texas, para poder consultarlas. Es ciertamente un viaje del mayor interés, pero que implica trámites, tiempos y costos considerables.

El proyecto ha tropezado con un inconveniente: los derechos de autor de cada libro están sujetos a la legislación de cada país, que puede ser muy variable. La UT está tratando de desentrañar el problema y al mismo tiempo ha decidido abrir un interesante “blog” institucional sobre el tema, nombrado muy apropiadamente freethebooks, para discutir las situaciones que se presentan a medida que avanzan en el proyecto.


Google Libros: los riesgos y los beneficios

Diciembre 4, 2007

fpe-queves.jpgEl acuerdo entre Google y la UNAM con el objetivo de digitalizar la producción bibliográfica universitaria y difundirla mediante Google Libros ha provocado la aparición de algunas reservas y críticas. Algunas simplemente muestran el desconocimiento de los reporteros de la “fuente cultural” acerca de los medios utilizados y utilizables para este fin. Otras, como las publicadas recientemente en Proceso, presentan objeciones que ameritan considerarse con cuidado, examinando los diferentes ángulos y consecuencias a largo plazo de estos acuerdos.

Como era de esperarse, los escépticos han retomado los argumentos presentados hace algunos años por Jean-Noël Jeanneney, ex director de la Biblioteca Nacional de Francia (BnF), quien sostuvo reiteradamente que la dominancia mundial de Google Libros resultaría en una mayor influencia hegemónica del inglés, en perjuicio de la diversidad cultural.

Vale la pena comentar que la posición de Jeanneney forma parte de una arraigada actitud nacional. Como los franceses fueron pioneros en un sistema de telecomunicación de textos (el minitel) tardaron muchos años en decidirse a aceptar el internet (con el mismo argumento de la invasión cultural anglosajona, que no ha cambiado en décadas). Frente a Google, impulsaron un buscador europeo, Quaero, que no fue a ninguna parte. La Biblioteca Digital Europea (que es citada como modelo en el artículo de Proceso) es otro proyecto reactivo, con la escasa agilidad de todos los programas gubernamentales paneuropeos. En Francia (que es el país que realmente mueve la iniciativa) después de muchos años han obtenido un prototipo, Europeana, desarrollado precisamente por la BnF. Por lo pronto, Europeana presenta algunos resultados interesantes (les prometo una nota más amplia al respecto), pero se trata de un recurso estrictamente regional y que presenta problemas de compatibilidad con sistemas previos (el Gallica) de la propia BnF.

Más allá de las dificultades técnicas, la cuestión radica en si es realmente necesario destinar cuantiosos recursos para competir con un sistema de localización, consulta y descarga de libros que ya existe, es eficiente, incluye ya diez mil editoriales y un millón de libros y, para colmo de ventajas es enteramente gratuito, lo cual es un punto muy sensible para las editoriales o universidades locales, siempre escasas de recursos. El argumento de la defensa del lenguaje se simplemente absurdo. Google no parece tener el propósito de imponernos el inglés (de hecho ya tiene versiones en 42 idiomas, incluyendo el español) y del punto de vista meramente práctico es evidente que la mejor manera de promover la propia cultura es que sea accesible fácilmente desde cualquier computadora. Personalmente, ya he encontrado y consultado verdaderas joyas bibliográficas en español, sin necesidad de viajar hasta las bibliotecas de Oxford o New York.

Un punto que amerita atenta consideración es la conveniencia de depender de una sola compañía o institución (sin importar que sea estadounidense, francesa o china) para difundir la producción bibliográfica mundial. La UNAM, ciertamente, ha mostrado mucha prudencia (incluso, excesiva, en mi opinión) y solamente ha autorizado la consulta en línea de entre 5 y 20 páginas de cada obra. Hasta el momento Google ha tenido en general un buen comportamiento corporativo,y no ha pretendido obtener beneficios directos ni de usuarios ni de editores, a pesar de los considerables costos que debe implicar la digitalización de miles de libros. Tampoco parece que su buscador tenga algún siniestro código de búsqueda escondido que favorezca a sus compañías asociadas, o a los libros escritos en inglés.

En resumen, parece comprensible (aunque sea de dudosa utilidad para la “defensa de la cultura”) que cada país desarrolle su propio programa de digitalización bibliotecaria…si está realmente dispuesto a pagarlo. Pero es claro que el futuro pertenece a los buscadores universales, flexibles, fáciles de usar e integrados con otros recursos afines (buscadores de revistas, periódicos, webpáginas y blogs). Aparentemente será Google, pero si surge otra mejor opción o si esta compañía falta a los principios de gratuidad y equidad, el usuario buscará inevitablemente otras alternativas. Baste recordar que hace veinte años creíamos que IBM iba dominar el mundo cibernético, y hace diez Altavista parecía destinado a ser el buscador preferido.

Felipe Castro

 

 

 


Google Libros y la UNAM

Noviembre 24, 2007

Biblioteca Nacional, UNAM

 

Hace algunos meses les envié una nota sobre el servicio Google Libros, que permite ubicar y en ciertos casos, consultar o descargar a la computadora del usuario una versión digitalizada de libros existentes en prestigiosas bibliotecas públicas y universitarias (Harvard, Stanford, Oxford, California, Texas, Complutense, New York Public Library, entre otras). Como les comentaba, se trata de un ambicioso programa, que ha motivado una discusión entre quienes consideran que la cultura y el conocimiento científico son patrimonios universales, contra quienes defienden los derechos de los autores y (sobre todo) de las compañías editoras.

Un comunicado recogido en una nota periodística acaba de anunciar que la Universidad Nacional Autónoma de México se ha unido a este programa de digitalización. La nota menciona que los primeros 2000 libros podrán consultarse en línea a partir del próximo año, y que se espera arribar a un promedio anual de remisión de 7 y 10 000 títulos.

El programa se ha adelantado a sus propios anuncios, porque muchas ediciones universitarias ya se encuentran disponibles en http://www.google.com.mx/books?hl=es (para ver el listado vaya al menú “Búsqueda avanzada de libros” y en “Mostrar libros publicados por” escriba UNAM) Cabe observar que solamente fueron incluidas las publicaciones posteriores a 1950, debido a que las anteriores son consideradas como catálogo histórico y, según se informó, requerirían de otro acuerdo particular con Google, con otras características. Asimismo, únicamente pueden examinarse los libros con la opción de “vista restringida” (esto es, la portada, índice y entre 5 y 20 páginas). Al parecer, en realidad Google ya dispone de los textos completos, porque el usuario puede hacer búsquedas específicas dentro de cada libro, aunque no siempre pueda leerse la página en cuestión.

La UNAM (a diferencia de las instituciones y universidades arriba mencionadas) está participando en este programa solamente como casa editora, por lo cual los vastos y en ocasiones antiguos acervos de sus bibliotecas no han sido incluidos. Esto da lugar a situaciones un tanto extrañas. Por ejemplo, muchas ediciones originales o raras de la literatura mexicana pueden consultarse enteramente en línea y aun transferir una copia a la propia computadora, pero solamente gracias a los ejemplares proporcionados por universidades o instituciones extranjeras. Es el caso, por dar un ejemplo, de la edición de 1842 del “Periquillo Sarniento” de Fernández de Lizardi, disponible en el ejemplar existente en la New York Public Library. La UNAM posee la edición aún más antigua de 1825, pero el curioso bibliófilo debe ir a consultarlo en biblioteca, lo cual es siempre muy recomendable…cuando es posible hacerlo.

Desde luego, las instituciones universitarias hacen bien en mostrar prudencia a la hora de ceder, aunque sea de una manera muy limitada e indirecta, parte de su patrimonio a una empresa tan poderosa como Google. Por otro lado, existe la clara necesidad de colocar el resultado de las labores de investigación y difusión al alcance de la mayor cantidad posible de personas, incluyendo a muchas que no conocen o no pueden adquirir o consultar fácilmente las ediciones universitarias. El caso de la UNAM es el primero, pero no tengo mayor duda de que esta disyuntiva se presentará tarde o temprano a otras instituciones. El tema requiere, ciertamente, de una consideración cuidadosa y de un debate razonado.


Se dispara uso de computadoras y acceso a internet: INEGI

Noviembre 23, 2007

Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, en México hay ya  20.8 millones de personas  (un 12.3% de la población) que usan internet habitualmente.  En el anterior censo, de diciembre de 2001, el número de internautas era de  7.0 millones de personas. O sea, hay un crecimiento explosivo en el acceso a este recurso.  También, contra lo que podría pensarse, la mayoría de los usuarios (43.1%) declaró utilizar internet para tareas escolares.

Estas y otras estadísticas de interés pueden consultarse en http://www.inegi.gob.mx/inegi/contenidos/espanol/prensa/comunicados/endutih.asp

Estos datos son relevantes para la discusión sobre la importancia del uso de internet para la divulgación del conocimiento científico y, asimismo,  con las dudas sobre si la red virtual favorecería la democratización del acceso al conocimiento o, por el contrario, aumentaría las desigualdades existentes