Clíotropos

Internet, el anarquismo cognoscitivo y la necesidad de alternativas

Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 20 enero, 2012

Los primeros años de la web fueron una verdadera revolución tecnológica, pero los cambios en la producción de sus contenidos fueron modestos y graduales. Sobre todo en el ámbito académico, continuaron las formas de comunicación unidireccionales, que iban desde el productor de conocimientos hacia el usuario. Algo era cierto, o al menos creíble (y publicable) porque lo decía una persona que tenía un título, era profesor o investigador en una universidad, funcionario de alguna dependencia gubernamental, escribía en algún periódico reconocido, o había dedicado largos años a investigar sobre el tema. El hecho de que la mayor parte de las páginas web fuesen institucionales o empresariales, y que fuese bastante difícil que un particular creara una propia, aseguraba que estos principios, hábitos y medios mantuvieran una lógica cognoscitiva similar a la de los libros y revistas impresas.

Para bien o para mal, esto ya no es así. Mucho ha tenido que ver la aparición de la llamada “web 2.0″, que permite y facilita la comunicación interactiva y debilitó la antigua tajante división entre autor y lector. Hoy día cualquier persona con mínimos conocimientos puede instalar un blog o una página web en media hora,  y de manera gratuita o a precios muy modestos. Y en cuanto a contenidos, Wikipedia no fue la primera, pero sí la más visible y exitosa iniciativa que puso de cabeza las anteriores formas de producción intelectual. Todos los wikipedistas (que además, recuérdese, son anónimos) son iguales entre sí.  El investigador que ha publicado libros e impartido incontables conferencias sobre un tema tiene  la misma popularidad que un adolescente que escribe sus notas apoyándose en enciclopedias u otras páginas web. Como reza el lema de Squidoo, otras de  las enciclopedias colectivas que tanto proliferaron,  “todos somos expertos en algo”.

Desde luego, si ser experto quiere decir tener información especializada sobre alguna cosa (desde la receta para un postre delicioso, la mejor manera de cambiar la cadena de una bicicleta, o la fecha de bautizo de Napoleón), no hay duda de que este enunciado es verídico. Sin embargo, información y conocimiento  no son exactamente sinónimos.  El conocimiento implica comprender y analizar  el origen, evolución, funcionamiento de algo, así como sus relaciones con entidades similares y las posibles consecuencias que se derivan de su existencia. En ocasiones, desde luego, nos basta con tener la información necesaria para obtener ciertos resultados prácticos; pero limitarnos a ella sería empobrecer nuestra comprensión del mundo.

Po otro lado, es cierto que  un artículo en web escrito por alguien sin formación especializada  puede ser excelente,  y el redactado por una persona con muchos títulos puede resultar pésimo. No estamos, al cabo, hablando de producción de nuevos conocimientos, sino de su difusión -algo que las instituciones académicas y los investigadores tradicionalmente han  hecho poco y mal. Esto desde luego es muy el caso de la historia, donde los historiadores (a diferencia de los ingenieros o médicos) no pueden (ni deberían) reclamar un monopolio del ejercicio del oficio.

La cuestión principal no es en sí la amenidad o la claridad didáctica, ni las credenciales académicas del autor de un blog o página web, sino la de cuáles son los mecanismos de verificación aceptados  para distinguir la originalidad, calidad, exactitud y pertinencia de una nota o un ensayo entre el caótico mar de contenidos existentes en línea. Evidentemente, en la red hay de todo, desde lo muy valioso, pasando por lo ofensivo hasta llegar a lo banal, repetitivo e intrascendente. El problema es distinguirlo.

En el mundo académico, existen mecanismos elaborados de verificación, que incluyen la revisión y aprobación  “por pares”, esto es, por otros expertos en el tema. El público lector (que por lo común es el muy restringido de otros académicos, o estudiantes aspirantes a serlo) toma en cuenta la trayectoria previa del autor y la respetabilidad de la casa editora. Este probado (y engorroso) sistema se adapta mal a la inmediatez de la comunicación actual, donde cada autor puede publicar lo que desea de inmediato y sin verificación previa.

Aunque no fue su objetivo, Google proporcionó impensadamente una alternativa de clasificación jerárquica: los sitios más visitados por el público aparecen en los primeros lugares de los resultados de sus búsquedas.  De aquí se derivó la idea, presente en muchos sistema y servicios en línea, de que los usuarios califiquen  (“favoriteen”) los sitios más interesantes y confiables. Es  una entidad amorfa y anónima (el “público” o “los lectores”) la que representa la sabiduría colectiva y atribuye el criterio de verdad (o de confiabilidad). Es, por ejemplo, el criterio utilizado por Knol, la frustrada enciclopedia de Google  y de otras aplicaciones como Digg, o en español, Menéame donde los usuarios “suben” ciertas notas o noticias, y alcanzan el honor de ser  publicadas en la página principal si los demás usuarios las encuentran suficientemente confiables.  En el campo particular de la historia, lo mismo puede decirse de Historiador.net

Visto en una perspectiva general, el desarrollo de internet ha implicado una rebelión en contra de los “expertos” (como ha ocurrido, por otra parte, con otras  figuras de autoridad). Hay, digamos, cierto implícito anarquismo cognoscitivo. Aunque tampoco se trata de un movimiento organizado ni animado por una reflexión sistemática (sería, en cierta manera, una contradicción) existen pensadores, como Paul Feyerabend, que han sostenido que los científicos no tienen porqué tener un monopolio del conocimiento especializado, y que sus logros concretos no siempre han resultado de de la racionalidad experimental.

Sin entrar por ahora en esta discusión, lo cierto es que mal haríamos en ignorar un medio tan universalmente aceptado solo porque no nos resulta conocido y previsible, o porque no nos podemos amparar en las formas tradicionales de obtener reconocimiento. Sobre todo en las humanidades, la comunicación de nuestros resultados al público es algo de lo que no podemos prescindir. Algo se ha avanzado en este sentido; por ejemplo, casi todas las revistas académicas especializadas están disponibles en línea. Sin embargo, el contenido y el estilo siguen siendo los propios de los universitarios, que no son los más apropiados para el lector general. Asociarse para tomar ejemplo de iniciativas que han resultado exitosas en la red, pero llevando la exactitud, el rigor y el conocimiento avanzados propios del mundo académico es algo que aun no hemos resuelto debidamente. Deberíamos hacer algo para lo que en principio somos buenos: identificar el problema, analizarlo y proponer soluciones.

Los premios Clíopatria a los mejores blogs de 2011

Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 11 enero, 2012

Como cada año, los “vecinos” del excelente  blog Clíonauta, de Anaclet Pons, me recuerdan la tradicional entrega de los  premios Clíopatria a los mejores blogs de 2011, a los que se han agregado ahora el mejor twitter y podcast.  Estos premios se entregan durante la reunión anual de la American Historical Association, y son adjudicados por un jurado compuesto por destacados historiadores.

Las categorías son:

Mejor Blog Individual, atribuido a The Chirurgeon’s Apprentice, de Lindsey Fitzharris, quien a partir de una gran variedad de fuentes se ocupa del pasado de la medicina, narrando la historia premoderna de la cirugía, la enfermedad y la muerte en un estilo accesible para todos los públicos, utilizando ilustraciones de época con efectos a veces conmovedores y en otras, pues, bastante estremecedores.


Mejor Blog de Grupo. Wonders and Marvels ha logrado el difícil propósito de reunir un considerable número de  historiadores (ya se sabe, tendemos a ser muy individualistas) en un mismo medio. Se originó a partir del  blog de un profesor y sus estudiantes, y actualmente conforma una “comunidad para mentes curiosas que aman la historia, relatos extraños y buenas lecturas”, que van desde el esmalte de uñas hasta los medios utilizados por los romanos para limpiar, uhm, cierta parte de su anatomía, todo ello con el mayor rigor académico.

El mejor blog nuevo fue para Demography and the Imperial Public Sphere Before Victoria, de Melodee Beals, quien comparte sus investigaciones en progreso para ilustrar y atraer el interés hacia la relación entre demografía, economía e identidad cultural en una época siempre fascinante.

El mejor artículo  ha sido  entregado a Karen Abbott por If There’s a Man Among Ye: The Tale of Pirate Queens Anne Bonny and Mary Read. En su blog Past Imperfect narra la historia de dos piratas (en femenino) que vestían como hombres, saqueaban, quemaban y atemorizaban a su tripulación como debía hacerlo todo buen capitán. El asunto se presta para un buen relato, pero también para reflexiones sobre la construcción social del género y la identidad sexual.

La Mejor serie de artículos fue para Erik Loomis por This Day in Labor History, en su blog sobre Lawyers, Guns & Money. Se dedica (principal, pero no exclusivamente) a la historia del trabajo y la clase trabajadora, desde la esclavitud hasta el sindicalismo moderno, con un ojo puesto en acontecimientos contemporáneos.

El Mejor escritor de blogs resultó ser Corey Robin, quien se ocupa de asuntos actuales desde la perspectiva de la historia del pensamiento político.  En opinión de los jurados de este premio, es “el intelectual por excelencia de la era digital”.

Clíopatria ha decidido crear una a categoría Twitter de sus premios, entregada ahora a @KatrinaGulliver. El dictamen considera que el “microblogging” permite una dinámica y abierta discusión, y que la autora (¿o será “twittera”?) ha logrado participar con sus entradas de una manera activa en las discusiones académicas.  Personalmente, siempre he sido escéptico de la utilidad de Twitter, pero creo que tendré que seguir este “feed”.

También una novedad ha sido el Mejor podcast, una tecnología considerada como propia para llevar el trabajo del historiador a un público más amplio. Fue atribuido a Marshall Poe, quien se ha dedicado en New Books on History a dar cuenta de las novedades y entrevistar autores. En esta ocasión el elogiado fue su episodio dedicado a  Nell Irvin Painter, The History of White People.

Cada año en que he dado cuenta de esta pertinente y prestigiosa iniciativa de Clíopatria han aparecido en este blog comentarios con variaciones acerca de que “deberíamos tener algo parecido en México en Hispanoamérica”. En 2010 presenté una propuesta al respecto al Comité Mexicano de Ciencias Históricas, que cada año entrega premios a los mejores artículos. La idea no fue a ninguna parte, seguramente porque no pude plantearla en términos suficientemente convincentes. Pero es algo que bien valdría promover ante alguna instancia interesada en estas perspectivas.

Red-Historia, una novedad en el seguimiento y análisis de la clíosfera

Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 7 enero, 2012

Red-Historia es una derivación de historiapolitica.com dedicada a “recursos y experiencias online para historiadores”.  Su propósito es “reunir reseñas sobre diversos proyectos históricos online: repositorios de documentos, proyectos diseñados para internet, sitios de revistas, recursos para la enseñanza, sitios institucionales, etc.” Tendrá además notas sobre herramientas informáticas, dossiers temáticos y secciones sobre la manera en que los historiadores y científicos sociales incorporan las tecnologías de la información y la  comunicación a la producción del conocimiento histórico.La idea ciertamente es muy pertinente, porque los cambios que ha traído la aparición y desarrollo de la red de redes en nuestra profesión han sido considerables, pero no han atraído suficientemente nuestra reflexión.

El primer número presenta 24 autores -un esfuerzo y un logro en sí meritorio. Incluye tres dossiers sobre la presencia de los bicentenarios en la web y 23 reseñas sobre páginas web (y algún blog).  Hay varias de estas reseñas que son descriptivas, con solo un breve comentario final; pero hay muchas que atienden con precisión aspectos que deberían ser cuidadosamente considerados  en una publicación web, como el formato, el tiempo de lectura, la utilización de tags , empleo de imágenes y videos, organización del material en niveles  y legibilidad (para un buen ejemplo, véase esta reseña de Nicolás Quiroga). Y es que efectivamente, una publicación en este medio no puede tratarse al igual que un texto impreso  convencional.

Este último aspecto viene muy a cuento de la presentación general de Red-Historia. La inclusión de nuevos textos se hace una vez al semestre (que en una revista impresa es un tiempo razonable, pero en el ciberespacio resulta una eternidad). ¿Porqué no incluir textos simplemente a medida que estén prontos y aprobados? La antigua razón era porque pasaban por un proceso editorial de revisión de pruebas, envío a la imprenta, etc., pero ya no es el caso. Es como si los creadores de esta página siguieran atenidos al modelo de un medio impreso, con ejemplares numerados consecutivamente, al gusto de los bibliotecarios.  Pero, como en gustos  (y preferencias) se rompen géneros, y tampoco es cosa de ponerse quisquillosos por estas cuestiones formales.

El proyecto es muy conveniente  y prometedor  y tiene el gran mérito de la amplitud de miras, tanto temática como geográfica. Trasciende los límites nacionales para abordar los iberoamericanos, lo cual no es muy común. Podría esperarse que en el futuro publicaran análisis “transversales”, esto es, que comentaran tendencias, problemas y perspectivas que vayan más allá de una “página” particular; y que consideraran asimismo las publicaciones en la blogosfera o en Facebook, que es donde más novedades de interés ocurren actualmente.  Cabe desde luego desearle el mejor de los éxitos.

La historia de México en las páginas públicas de Facebook

Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 12 diciembre, 2011

A pesar de todas las reservas, de sus  limitaciones y de ciertos inconvenientes (véase “Razones de un historiador para usar/no usar Facebook“), cada vez es más frecuente que instituciones y asociaciones académicas recurran a una “página pública”  de Facebook para fines de difusión y divulgación.  Las ventajas son evidentes: pueden establecerse y administrarse muy fácilmente, no tienen costo, y atraen la atención de un público joven que mucho nos interesa (o debería interesarnos). También hay grupos  que han encontrado en Facebook un medio adecuado de difusión, sin tener que recurrir a los enredados y lentos procedimientos institucionales para acceder a la red.

Fuente: AMIPCI. Estudio de hábitos de los usuarios de Internet, 2010.

Desde luego, no siempre es seguro que estas páginas correspondan exactamente a una institución o un autor, porque hace un tiempo Facebook introdujo unas páginas de comunidad que son creadas de manera automática a partir de Wikipedia, o bien  de informaciones puestas en el “perfil” de los usuarios. Con un poco de atención, es posible darse cuenta de quienes realmente son quienes dicen ser.

He compilado aquí un listado de las páginas “públicas” de Facebook  (esto es, las que puede consultar cualquier persona, sin necesidad de ser usuario registrado), excluyendo  las páginas “personales” (aunque no lo crea, hay instituciones que utilizan esta opción) y los “grupos”. Estos dos últimos  requieren ser usuario de Facebook para consultarlos, o bien registrarse como “amigo”.

Instituciones

Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)

El Colegio de México, A.C.

El Colegio de México. Doctorado de Historia

El Colegio de San Luis.

Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)

INAH TV

INAH. Escuela Nacional de Antropología e Historia. Difusión Cultural

Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora

UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) en línea.

Casa de las Humanidades

Facultad de Filosofía y Letras. Extensión Académica

Instituto de Investigaciones Antropológicas

Instituto de Investigaciones Bibliográficas

Instituto de Investigaciones Estéticas

Instituto de Investigaciones Filológicas

Archivos, bibliotecas y museos

Archivo General de la Nación (AGN)

Archivo Histórico del Arzobispado de México

Acervo Histórico del Palacio de Minería, Facultad de Ingeniería. UNAM.

Antiguo Colegio de San Ildefonso.UNAM.

Biblioteca Histórica José María Lafragua, BUAP

Museo Numismático Nacional

SINAFO. Fototeca Nacional,  INAH.

Sociedades y asociaciones científicas

Academia Mexicana de la Historia

Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México (ADABI)

Asociación Mexicana de Historia Económica

Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales, A.C. (CEAS)

Editoriales y revistas

Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México (UNAM)

Portal de Revistas Científicas y Arbitradas de la UNAM

20/10 Memoria de las Revoluciones en México

Revista Bicentenario. Instituto Mora

Temáticos

La ciudad de México en el tiempo. Un espacio abierto para compartir fotografías, anécdotas e información sobre la ciudad de México.

Archeográfica. Reconstrucción virtual, maqueta y ambientación tridimensionales asistidos por computadora sobre arqueología precolombina

Archivo para la Memoria. Pograma académico y archivístico que rescata, organiza, resguarda y difunde los vestigios de la vida cotidiana e institucional generados por particulares

Artes e Historia México.  Portal dedicado a la difusión de la historia, el arte y la cultura.

H-MEXICO, grupo virtual sobre historia de México

Cultura y Lengua Maya. Dedicada a los investigadores, admiradores y aficionados de esta gran civilización.

 ……………

Si encuentra que hay alguna otra  página pública FB de interés que debería agregarse a este listado, envíeme una nota en “comentarios”.

El e-gobierno, los beneficios y las desigualdades de la modernización

Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 8 diciembre, 2011

Acabo de recibir una circular del Archivo General de la Nación dando noticia de que en adelante todos los pagos por distintos servicios (como copias certificadas de documentos, reproducción de mapas,  venta de libros) tendrán que hacerse con un nuevo formato, el e5cinco.  Está disponible en internet, y puede realizarse el desembolso por ese medio o bien,  imprimiendo el formato,  en el banco +más cercano.  Es necesario incluir varios datos personales (nombre, RFC, CURP), así como administrativos (clave del trámite, código de la dependencia), pero hay formatos “prellenados” disponibles, y supongo que pronto se contemplará el caso de los usuarios extranjeros que, evidentemente, no tienen identificación fiscal mexicana.  En lo inmediato, puede ser un poco fastidioso tener que realizar un trámite engorroso por pagos menores (¿habrá algún banco cerca del Archivo?), pero al cabo no se trata de algo que se realice cotidianamente.  El asunto, en realidad, no ameritaría una entrada en este blog,  sino fuese porque se trata de una manifestación concreta  de un proceso mucho más amplio, el de la transición progresiva hacia un sistema en el que todos los trámites se realizan entera o parcialmente por internet, lo que a veces se llama un e-gobierno.

Los tres o cuatro lectores que siguen este blog saben bien que soy un entusiasta usuario (y, en lo que cabe promotor) del uso de internet para la difusión del conocimiento. Desde luego, el acceso a la red de redes  también nos facilita  los asuntos cotidianos de nuestra  vida, como consultar horarios de trenes, saber el horario de bibliotecas, comprar y pagar servicios, comunicarnos de manera fácil y eficiente con familiares, amigos y colegas e incluso ubicar y “ver”  el lugar donde debemos acudir por necesidad, curiosidad o placer.  En este caso, aunque en lo inmediato a veces no lo parezca así,  un e-gobierno nos facilitaría tener la información sobre actividades gubernamentales (es posible actualmente solicitar datos públicos por internet, de respuesta obligatoria para las instituciones), realizar trámites desde la comodidad de nuestra casa, y acceder a diversos servicios.

Todo esto parece muy bien, pero existen ciertos problemas cuando la única forma de acceder a estos trámites y prestaciones es mediante procedimientos que implican el uso de computadoras y el acceso a internet. En México, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, 40.1% de la población tenía las habilidades básicas para utilizar una computadora, y el 22.2%  de los hogares contaba con acceso a la red (datos para 2010).  Estamos ante una porción muy considerable de la población que no cuenta con esta posibilidad. Existen también fuertes desigualdades regionales (25.7% con acceso doméstico a computadora en Chiapas, contra 53.8% en Sonora) y generacionales (son usuarios de computadoras el 20.9% del grupo de edad de 18-24 años, en contraste con el 7.2% para el grupo de 45-54 años.

¿Estamos creando inadvertidamente un nuevo género de incapacidad social, en el que sectores importantes de la población no tendrán acceso, sin ayuda de terceros, a la información, servicios y trámites  gubernamentales? El entusiasmo por las virtudes del e-gobierno no debería llevarnos a descuidar algo que los antropólogos bien conocen: el cambio tecnológico no es un proceso que ocurra de la misma manera en todas las sociedades. Sobre todo allí donde la modernización viene en gran medida desde fuera, de manera repentina, ocurren casi siempre marcadas distorsiones y desigualdades.  La mejor tecnología no es siempre la más adecuada, ni puede implementarse haciendo abstracción de las condiciones económicas y educativas de la población. Es algo que debería considerarse con algún detenimiento, dejando abierta de manera temporal procedimientos alternativos, aunque no resulten tan llamativos y relucientes.

Adiós a Knol

Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 24 noviembre, 2011

Google acaba de anunciar el fin de Knol (entre otros proyectos que no fueron a ninguna parte).

La imagen de Knol: al museo de los logos perdidos

La imagen de Knol: al museo de los logos perdidos

Después de tres años, esta “enciclopedia de expertos” nunca había levantado vuelo, a pesar de que técnicamente era ingeniosa y tenía buena presentación. A diferencia de Wikipedia, los artículos (o “knoles”) tenían autor, solamente él podía modificarlos o, en su caso, aceptar las contribuciones de terceros.  La calificación de calidad y pertinencia no la hacía algún editor. Eran los propios lectores quienes,  mediante sus comentarios, enlaces y sus más o menos numerosa consultas, ordenaban los artículos por su popularidad, en una manera similar al Page Rank, el sistema de las búsquedas de Google. Nunca hubo un plan general, sino que cada autor podía hacer cuantos artículos quisiera.

Los resultados concretos de este proyecto fueron muy limitados.  Hubo buenos artículos sobre medicina, pero proliferaron textos mediocres, los que defendían posiciones políticas y religiosas particulares (no había aquí la obligación de un punto de vista “neutral”)  e incluso los que de manera muy poco velada promovían servicios comerciales (por ejemplo, varias notas sobre destinos turísticos en México). Tampoco había siempre referencias de apoyo, notas bibliográficas o vínculos hacia contenidos afines. Fue una plataforma atractiva para algunos autores, pero no llegó a convertirse en una comunidad intelectual, porque el formato no favorecía que así fuese.  Algunos textos (véase por ejemplo los publicados por Carlos García Mora) fueron ciertamente de interés, pero se trató de casos aislados.  En realidad, tenía mucho más sentido (y visibilidad) publicar en un blog.

Knol continuará visible hasta el 30 de abril de 2012.  Los autores han recibido la opción de migrar sus contenidos a Annotum, una plataforma para publicaciones académicas basada en WordPress, propiedad de otra compañía.

El fin de Knol muestra una vez más que una cosa es manejar cables, fierros y códigos y otra muy distinta convocar, atraer y mantener la adhesión y la colaboración de las personas, sobre todo aquellas dedicadas a generar nuevos conocimientos. En perspectiva, Wikipedia, con todas sus exasperantes problemas y caóticas limitaciones, sigue siendo la única opción viable, que una y otra vez sobrevive a los sucesivos intentos por desplazarla como fuente de conocimiento universalmente consultada.

La Hemeroteca Nacional de México, finalmente en línea

Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 16 noviembre, 2011

Después de un largo, complicado y tortuoso proceso, la Hemeroteca Nacional de México (custodiada por la UNAM) está finalmente en línea en este sitio.  Se trata de un acervo de más de nueve millones de imágenes correspondientes a 947 títulos de publicaciones periódicas mexicanas desde 1722 hasta principios del siglo XX. Aun no son todos los fondos antiguos de la institución; es algo que al parecer irá incorporándose paulatinamente.

La interface permite búsquedas de “cadenas de texto” en opciones “básica” y “avanzada” (búsqueda por año y por publicación). El lector se evitará algunos problemas si consulta la página de ayuda. El resultado presenta algunas dificultades para “visualizarse” en Firefox o Chrome; al parecer está configurado para Explorer. También, la forma de agrandar la imagen (algunas aparecen en tamaño muy reducido de letra) no es evidente; desde luego, es siempre posible recurrir a las opciones generales del navegador.

Detalles técnicos (y menores) aparte, este es un recurso que ha sido largamente esperado, y que representará un valioso auxiliar para la investigación histórica.

La UNAM se pone (más) en línea

Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 16 noviembre, 2011

El día de ayer el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México presentó el nuevo portal institucional titulado Toda a UNAM en línea, que se define como “una iniciativa que busca lograr un acceso abierto, público y gratuito a todos los productos, acervos y desarrollos digitales de los universitarios”. Este nuevo portal presenta de una forma más accesible y “amistosa” para el usuario muchos recursos de gran interés para el público en general,  que estaban dispersos y eran de dificultosa ubicación en la página web institucional.  Asimismo agrega otros servicios de enorme utilidad y atractivo (como que ya sé a qué dedicar este fin de semana….) como la versión digital de la Hemeroteca Nacional de México (más de nueve millones de imágenes correspondientes a 947 publicaciones periódicas desde 1722 hasta principios del siglo XX), varios de los tesoros de la Filmoteca  unamita, el podcast cultural (conferencias, grabaciones, teatro en versión “descargable”), notas sobre investigaciones, recursos académicos (notablemente, revistas en línea),  la agenda cultural y la tradicional y extensa oferta de servicios educativos de nuestra máxima casas de estudios.

Como ya es habitual en estos recursos, el portal es “personalizable” previo registro, y ofrece la opción de vinculación con las redes sociales, como Twitter y Facebook.  Una nota: algunos recursos (como la Hemeroteca Nacional Digital) pueden presentarle algunos problemas para abrir y ver nuevas “ventanas” en Firefox. Un cambio de navegador bastará para resolver de momento este inconveniente.

Bien vale dedicar un buen rato a recorrer este nuevo portal. En lo personal, este fin de semana voy a dedicarme a ver viejas películas, sin moverme de mi casa.

 

Académica, la plataforma educativa de Telmex: una primera impresión

Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 15 noviembre, 2011

Con cierta solemnidad y  la presencia de numerosas personalidades  el pasado 27 de octubre se presentó Académica, una “plataforma” del Instituto Tecnológico de Teléfonos de México en Tecnologías de la Información, presidido por Javier Elguea.

Académica se define como “una red de investigación e innovación líder en la gestión y difusión del conocimiento, para instituciones de educación e investigación superior en México y países de habla hispana”. Cuenta con la participación de más de 160 instituciones, entre las que se hallan las principales universidades y tecnológicos mexicanos, públicos y privados, algunas destacadas escuelas de altos estudios  en el extranjero, varias dependencias gubernamentales  y centros privados de investigación.  En principio, estas instituciones ofrecerán por este medio materiales de consulta, resultados de investigación,  encuentros académicos presenciales y en línea, así como vinculación con programas de formación y postgrado.

La parte de “investigación” se divide en dos grandes secciones: Aleph Ciencias Sociales, que se establece como un fondo de recursos digitales de acceso abierto integrado por revistas, libros, documentos de trabajo y fondos históricos puestos a disposición, por el Archivo General de la Nación, el Centro de Estudios de Historia de México Carso,  el Centro de Investigación y Docencia Económicas, El Colegio de México y el Fondo de Cultura Económica; y el Repositorio Digital, un acervo formado por revistas, libros, y documentos  de las diversas áreas de conocimiento, producidos por instituciones de educación superior y otros organismos educativos. Cuenta asimismo con un espacio para compilación de noticias de interés, agenda, documentos y encuestas.

La vinculación entre instituciones es ciertamente una buena idea, porque si algo ha definido el crecimiento de la presencia científica en el ciberespacio ha sido la dispersión de esfuerzos e iniciativas. Tampoco, ciertamente, está nada mal reunir en un ámbito común a las  instituciones de educación superior pública y privada, separadas frecuentemente más por prejuicios arraigados que por cuestiones sustanciales.

Por otro lado, esta plataforma también pretende ser algo más que una reunión de instituciones, y se refiere a una “comunidad digital”.   “Comunidad” es una palabra que tiene cierto simpático eco romántico, y no puedo menos que encontrarle cierto regusto paradójico en una iniciativa que  viene del ámbito de las empresas, donde se piensa en las personas sobre todo como clientes o consumidores. Una comunidad (con cierta interacción, valores compartidos, distribución de roles, jerarquías implícitas  y la aparición paulatina de un sentimiento de pertenencia) es algo de laborioso  establecimiento. Cuando tiene éxito puede derivar en situaciones imprevisibles; nunca se sabe bien a bien que van a hacer las personas cuando se pone un medio a su disposición. Por lo pronto, Académica ha propuesto varias instancias “sociales”  de interés, como aquí abajo puede verse.  Ya veremos hacia donde derivan…

Hay también otras situaciones que inevitablemente se presentarán en esta plataforma. Las universidades están habituadas a la diversidad de ideas y opiniones, por radicales y extremas que sean; basta con que estén debidamente fundamentadas y se presenten con un argumento defendible. ¿Habrá la misma tolerancia en Académica? La empresa que sostiene con sus recursos esta iniciativa tiene, como es lógico, compromisos, intereses, preferencias y asociados de negocios. Y aunque muchos temas científicos son poco controvertidos, hay asuntos  y  contenidos que aparecerán en esta plataforma que son tema de encendidas polémicas en la prensa periódica actual, y que pueden resultar molestos, incómodos, incluso reprobables para muchas personas.

Hay, desde luego, precedentes aplicables. En Estados Unidos es común que grandes corporaciones sostengan iniciativas en el ámbito de las ciencias sociales y humanidades, cuando están vinculadas a instituciones reconocidas e investigadores de prestigio. En su mayor parte, siguen el principio de  abstenerse de toda intervención directa en los contenidos y conclusiones (la indirecta, a través del financiamiento, es otro asunto).  ¿Tendrá Telmex la misma tolerancia y distancia, sin la cual no puede realmente prosperar una instancia académica? Así es de esperarse.

Otra cuestión mayor es la calidad y pertinencia de las contribuciones.  No existe en Académica una instancia de revisión: en principio todos los contenidos son inmediatamente publicados.  Podría evidentemente decirse que el cuidado de la calidad  corresponde a las instituciones participantes, pero es solo una mediana garantía. En efecto, si bien en la lista de “asociadas”  hay instituciones con una sólida (aunque a veces engorrosa) práctica de dictamen previo de cualquier trabajo, hay también otras donde esta tradición no está igualmente asentada. También debe tenerse en cuenta que esta plataforma acepta contribuciones de usuarios individuales (más de 800, actualmente), desde luego sin control alguno, más allá de algunas reservas legales.

El problema es que en cualquier medio de este género existe una versión social de la Ley de Gresham: los contenidos mediocres acaban por ahuyentar y expulsar a los de buena calidad. Conviene aludir a la solución adoptada por otras plataformas que también publican contenidos académicos. Wikipedia depende de una comunidad  que corrige incesantemente  ( y “sin piedad”),  todos los artículos. Knol (*ver al final actualización sobre este servicio), la enciclopedia temática y colectiva de Google, opta por una solución distinta: los artículos más consultados por los usuarios aparecen en las búsquedas en primeros lugares, de modo que la calificación depende de una instancia colectiva, anónima e impersonal.

Todavía es muy temprano para formarse una opinión formal de Académica. Como cualquier otra iniciativa de este género, tendrá que irse adaptando a los imprevisibles desafíos que le presente su evolución. Por lo pronto, es de desearle el mejor de los éxitos.

…………

Actualización: Google ha anunciado en su blog oficial que Knol será descontinuado a partir de abril de 2012. La corporación ha comprobado que una cosa es distribuir u organizar contenidos, y otra muy distinta generarlos, a pesar de los vastos e ingeniosos recursos técnicos disponibles.

Google ha decidido que no nos interesa el pasado de la información

Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 4 noviembre, 2011

J usto cuando alimentaba poco a poco la idea de que había al menos una gran corporación que me resultaba más o menos amigable, Google ha modificado su algoritmo de búsqueda para privilegiar los textos editados en fecha más reciente en la web,  y enviar al fondo de sus listados  los resultados “históricos”.

Como se menciona en su blog oficial (las traducciones al español son mías)

Cuando busco [olímpicos], probablemente quiero información sobre la próxima olimpiada de verano, no la de 1900.

y como si fuese poco,

Cuando no se especifican palabras claves, suponemos que usted espera ver los eventos  más recientes, no los de hace 50 años.

El único consuelo es que, al parecer, todavía hay algún resquicio para quien considera que los artículos más recientes no son siempre necesariamente los mejores

Hay muchos casos en que los resultados de hace unos pocos años pueden aún serle útiles…Búsquedas diferentes tienen diferentes necesidades de “frescura” (freshness). La mejora del algoritmo fue diseñada para comprender mejor como diferenciar entre el tipo de búsquedas y el nivel de frescura que usted necesita, y asegurarnos de que usted obtiene el máximo de respuestas al minuto.

No me queda clara la forma en que Google discriminará automáticamente entre unas y otras necesidades de “frescura”, o entre los divergentes intereses de búsqueda de, por ejemplo, un historiador y un periodista.  Este cambio puede relegar valiosos escritos del pasado al olvido cibernético.  Habrá que ver lo que ocurre en la práctica. Mientras, creo que volveré a darle otro vistazo a Bing, el buscador de Microsoft.

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