La blogosfera de historia mexicana: comentarios sobre una revisión analítica

Los blogs o “bitácoras” han sido una aportación muy interesante en la difusión de la historia en México. Tienen ya su historia, desarrollo y tendencias, de las que en Clíotropos he dado brevemente cuenta, tanto en notas parciales como en una tradicional  revisión findeañera. Son, también, un posible y válido objeto de estudio si se consideran estos aspectos, y asimismo el carácter, formación, propósitos, logros y limitaciones de los blogueros, tanto de los que persisten a través del tiempo como aquéllos que han optado por dedicar su tiempo e imaginación a otros fines.

En este sentido, es particularmente bienvenida la aparición de un artículo de Íñigo Fernández Fernández en el volumen XX del Anuario de la Investigación en Comunicación (que puede consultarse aquí),  dedicado a “Algunos apuntes en torno a la blogósfera de historia en México”.  En su trabajo, partió  de las compilaciones anuales de este blog (un reconocimiento que agradezco) para realizar un seguimiento analítico de 41 de ellos. Asimismo, recurrió a un cuestionario remitido a sus autores, entregado en abril de 2013 (que fue contestado por la mitad, aproximadamente). El criterio de selección fue que estos blogs trataran de historia de México (incluyendo varios radicados fuera del país) y que estuvieran escritos en español (lo cual excluyó a algunos otros, como el recomendable Mexique Ancien).

De las respuestas, análisis estadístico y comentarios de Fernández se derivan datos muy relevantes. El primero es que en cuanto a su aparición y permanencia, los blogs tuvieron su momento de auge entre 2008 y 2010, y posteriormente experimentaron un retroceso cuantitativo, con varias “bitácoras” abandonadas que no fueron enteramente compensadas por los nuevos ingresos. Los motivos expuestos por los autores que así procedieron fueron sobre todo falta de tiempo por requerimientos personales y profesionales (82%),  y simple pérdida de interés (18%).

Blogs-años

Fernández Fernández, “La blogósfera….”

Un elemento llamativo es que la cuarta parte de los blogueros no tienen estudios formales en historia, lo cual podría (desde mi punto de vista) interpretarse tanto como que existe un considerable interés de personas de otras profesiones en la historia de México, o bien que no hay suficientes historiadores que opten por los blogs como medio de difusión. La encuesta muestra, por otro lado, que un 77% hicieron estudios de posgrado en distintas áreas, que un 49% reside en la ciudad de México, y que por su edad pertenecen (como quien esto escribe) a lo que Fernández llama la “generación X”, esto es, el grupo que hizo la “migración” desde la máquina de escribir a la computadora.

En cuanto a los motivos, el 54.6% inició sus blogs con el propósito de difundir la historia de México, lo cual coincide con su intención predominante (54.5%) de acercarse al público general, con un 31.8% guiado por motivos profesionales (difundir las propias investigaciones, publicaciones y actividades académicas).

La parte menos brillante que ofrece este “estado de la cuestión” se refiere a la interacción con el público lector. En efecto, aunque algunos blogs tienen gran visibilidad en línea, los comentarios son otro asunto. La mayoría de los blogueros establece límites para su publicación, ya sea mediante la revisión previa (48.8%) o de plano no los acepta(24.6%). Las razones han sido la presencia de “trollers” agresivos (que sí los hay…), spam (propaganda comercial) o simplemente, comentarios no pertinentes a los temas publicados (un blog no es un foro….). Es algo que da mucho sentido a lo que seguidamente se señala: aunque los autores tienen en principio mucho interés por los comentarios, se muestran más bien escépticos acerca de su valor concreto, hay escasas interacciones entre los propios blogueros, y no parece haber comentaristas habituales, que formen una red de comunicación. En este sentido, Fernández concluye que la blogosfera de historia en México tiene una función principalmente informativa, lo cual parece correcto aunque no nos dé la mejor imagen de los logros de la “clíosfera”.

Hay otro aspecto que ameritaría comentario. Fernández considera otras plataformas sociales (como Facebook o Twitter) en su capacidad como complementos de la actividad bloguera. Pero también es posible que la popularidad creciente de su uso haya contribuido a limitar la expansión de los blogs:  la actualización constante de estas redes sociales no requiere de tanto tiempo y dedicación, permiten (potencialmente) una mayor audiencia, y tienen una interactividad más fácil y frecuente, sobre todo para breves notas, difundir recursos, noticias y actividades académicas. Estas plataformas, como es obvio, también tienen sus inconvenientes, pero lo que aquí nos interesa sería dilucidar si están desplazando a las “bitácoras” en las funciones que parecían propias. Es probable que así sea, al menos en el caso de la historia de México, lo cual nos llevaría a repensar su función. Quizás la utilidad de los blogs sea más formal que la prevista, y que tenga más sentido acercarlos a repositorios de breves ensayos, y a publicaciones afines como las revistas académicas (que, de manera convergente, tienen ya cierta incipiente tendencia a expandirse hacia las redes digitales, como puede verse con los recientes experimentos de la venerable Hispanic American Historical Review).

Más allá de sus valiosos datos y pertinentes reflexiones, este artículo muestra que la evolución de  la historia digital es un sujeto muy digno de estudio, y que ya resulta aceptable y aceptado por publicaciones formales. Ojalá sea algo que tenga una deseable continuidad, porque permitiría a las instituciones acercarse a temas contemporáneos, y a reflexionar sobre la manera en que hoy día hacemos y difundimos la historia.

Notas sobre las anotaciones académicas: el pasado erudito y el presente digital

El  lector que se acerca hoy día a una obra académica -porque los hay, sí- encontrará que la narración está salpicada de pequeños números consecutivos que remiten a textos donde aparecen referencias a otras publicaciones, abreviaturas tan obscuras como “comp.”, “cf.” o “loc.cit.” y comentarios diversos. En lo que podríamos llamar la “tradición humanística”, se hallan a pie de página; en las ciencias sociales, al fin del capítulo, o incluso del libro. [1]

Lo que este desconcertado lector encuentra es la derivación moderna de una práctica que comenzó con las glosas hechas por estudiosos

Notas en Ranke, “The ecclesiastical and political history of the popes of Rome…”, 1840

Notas en Ranke, “The ecclesiastical and political history of the popes of Rome…”, 1840

judíos de las Escrituras, y continuó con las anotaciones marginales de los manuscritos medievales (similares a las que aún pueden apreciarse en algunas ediciones bíblicas). Con la aparición de la imprenta y la tipografía, las notas alcanzaron espacios propios, como puede verse en algunas ediciones eruditas del siglo XVIII, hasta llegar a adquirir ciertas convenciones fijas y una difusión general en el siglo XIX. Fue el resultado de un deliberado propósito de acercar la historia a una “ciencia”, reconocer su carácter acumulativo y progresivo, reclamar un estatuto de “verdad demostrable”  y separarla así de la novela histórica. También fueron las notas aprovechadas para otros fines útiles o convenientes: breves textos aclaratorios sobre algún personaje, institución o concepto; referencias de obras que podrían ser de interés para el lector; y comentarios personales, que no podían incluirse en el cuerpo del texto porque distraían del argumento principal. Ejemplos notables en este sentido (a veces deliciosamente irónicos) aparecen en las obras de Leopold von Ranke y Edward Gibbon.

Las notas tienen su propia historia, comentada en el libro de Anthony Grafton, The Footnote: A Curious History (London: Faber and Faber, 1997). Lo que aquí me interesa es su evolución actual, en particular lo que parece señalar tanto el apogeo como ciertas transformaciones que ponen en cuestión su razón de ser.

El apogeo viene, como frecuentemente ocurre, de una  multiplicación, sino de un exceso (en inglés se le ha llamado a veces footnotitis). Hay notas extensas, que incluso continúan de una página a la otra por falta de espacio. Es más: hay páginas donde hay más texto en las notas que en el cuerpo narrativo en sí.  Puede explicarse por cierta pedantería académica (un pecadillo del que nos resulta difícil escapar); por la idea de que cuantas más notas haya, más científico y bien fundamentado será un texto; o a veces, simplemente, por pereza y falta de oficio  -cuando no se sabe como insertar un comentario en la narración, se abre la correspondiente anotación, como una especie de muleta retórica. Incluso, aunque parezca extraño para el no iniciado, el contenido de las notas expresa de manera oblicua relaciones de identidad intelectual, solidaridad, exclusión o vinculaciones profesionales (si, a veces por nuestras notas nos conoceréis).   Y también llega el caso de que el procesamiento estadístico de las anotaciones (quien es más o menos citado) se vuelve una socorrida herramienta en la evaluación del trabajo académico. Lo que antes era un apoyo al texto principal ha cobrado una vida propia; como algún célebre monstruo literario, su existencia acaba por atormentar a sus creadores.

La utilidad y funciones (directas e indirectas) de las notas les han permitido sobrevivir en la era digital.  En efecto, los modernos procesadores de texto recogieron su posible inclusión en la correspondiente opción del menú “editar”. Lo que hacen, en realidad, es crear automáticamente un “vínculo” (un hyperlink”) a otra parte del texto, sin que el autor lo note. Es un procedimiento que se ha hecho tan habitual que ni siquiera pensamos en  él, y menos en su cada vez mayor anacronismo. En efecto ¿cuál es el sentido de apoyarnos en un texto paralelo cuando podemos “enlazar” con toda clase de recursos externos, ya sean otros escritos, catálogos bibliográficos, imágenes o videos? Obsérvese que, tradicionalmente, el lector revisaba y aceptaba las notas como un acto de fe: daba por supuesto que el sustento documental o bibliográfico aludido era tal cual lo presentaba el autor, dado que no podía leer cada libro, documento o ver cada imagen por sí mismo. Esto ya no es tan así, porque de manera tan creciente como inevitable mucho del sustento intelectual de la reflexión académica está disponible para quien desee examinarlo. Lo que era opaco, lejano, deviene cada vez más transparente y accesible.

Lo que estamos presenciando es una especie de inercia tecnológica, la misma que llevó a que los primeros automóviles se parecieran en mucho a un coche de caballos, con su carrocería abierta, grandes ruedas, ausencia de parabrisas y de luces.  Hasta ahora, los autores hemos utilizado la edición digital como si fuese un texto impreso tradicional, con sus típicas convenciones  tipográficas, y la única modificación de que ahora se lee en una pantalla. En este sentido, es interesante ver como las plataformas creadas para textos específicamente escritos para su edición cibernética (como WordPress, en el que escribo este blog) no se han molestado en crear una opción evidente para “notas”, aunque técnicamente podrían hacerlo. Ya no son necesarias.

¿Están condenadas las “notas” a desaparecer en cuanto autores y lectores nos habituemos a los recursos (y limitaciones, que también las tiene) de la edición digital?  ¿O más bien lo que veremos es una adecuación a los nuevos tiempos (como proponen algunos programas del estilo de los muy populares Zotero o Endnote)? Al cabo, las anotaciones sobrevivieron la gran transformación que implicó la introducción de la imprenta, y hallaron incluso el modo de crecer, prosperar y hallar inesperadas funciones secundarias. Es algo que sin duda comprobaremos en un futuro muy cercano.

……..
1. Evidentemente, este texto no podía publicarse sin una nota, en este caso para señalar que en las “ciencias duras” se ha acostumbrado incluir las referencias en el cuerpo del texto, entre paréntesis, y prácticamente suprimir las anteriormente dedicadas a aclaraciones o comentarios. Al parecer, los estudiosos de la cultura y la sociedad somos demasiado verbosos….

Del blog al libro impreso: una propuesta de Natalia Silva Prada

¿Para qué (o porqué) escribe un historiador un blog? Al cabo, se trata de una actividad muchas veces bien apreciada por el público lector, pero sin reconocimiento oficial, que aparentemente no resulta “productiva” a la hora de presentar los concursos, promociones y evaluaciones que van marcando el desarrollo profesional.  Que yo sepa, nadie se ha puesto a averiguar de manera sistemática las razones de los “clíoblogueros”, pero en primera instancia las respuestas parecen ser el deseo de divulgar sus investigaciones fuera del estrecho ámbito académico, el interés por la difusión de productos menores y laterales, la voluntad de opinar sobre distintos asuntos institucionales o políticos, y a veces,  simplemente, el entretenimiento  de nuestros inexistentes momentos de ocio (sí, porque así somos de obsesivos…)

ReinosIndias

Natalia Silva Prada, una reconocida historiadora que ha animado un muy interesante blog sobre historia de la cultura política, acaba de presentar una inesperada derivación de sus afanes: la publicación de un libro con los artículos consecutivamente publicados durante dos años, titulado precisamente Los Reinos de las Indias” y el lenguaje de denuncia política en el mundo Atlántico (S. XVI-XVIII): Dos años de aventuras históricas en un blogEs un tránsito en cierta forma paradójico, porque lo habitual ha sido que un libro impreso pase a versión digital (y no a la inversa, como ahora hace).

Como comenta la autora

Cada una de las entradas del blog puede decirse que es una investigación en miniatura, pero cada una de ellas está vinculada a una lógica general: el conocimiento y análisis del significado de las palabras subversivas en el antiguo régimen…..

El libro aborda precisamente las expresiones de una cultura política en las que el temor al muy posible y severo castigo no impedía a sus protagonistas dejar testimonios de sus opiniones críticas, incluso subversivas, mediante pasquines, oraciones ‘religiosas’ burlescas, cartas y rumores. Son temas fascinantes, que prometen muy buena lectura.

Esta publicación (disponible como e-book o en versión impresa) es muy interesante como experimento de divulgación científica. Espero que prospere, que su propuesta tenga seguidores, y que contribuya al muy necesario reconocimiento público e institucional de la actividad bloguera

La blogosfera de historia mexicana en 2013

Como ya ha sido tradición de Clíotropos, les presento el listado findeañero de bitácoras/blogs dedicados a a la historia mexicana.  No pretendo ser exhaustivo; menciono solamente aquéllos que (en mi modesta opinión) aportan ideas originales o datos novedosos,  y que han mantenido cierta regularidad a lo largo del año. No incluyo los institucionales,  los que son de apoyo a un curso, o editan solamente avisos o noticias sin comentarios adicionales.

Al comparar esta versión con las de años anteriores (véanse aquí la referente a 2012), puede apreciarse que algunos blogs dejaron de editarse, mientras que hay una que otra novedad (notablemente Repensar la conquista, de Guy Rozat).  El número total permanece cercano al medio centenar. Es una cifra respetable, pero que no parece estar en vías de crecimientoGuyRozat. ¿Ha perdido la blogosfera su encanto como recurso para la difusión del conocimiento? Es una pregunta que vale la pena hacerse, sobre todo si se compara con el crecimiento en la utilización de Facebook y, en fechas más recientes, de Twitter, por numerosos historiadores. Tal parece que la facilidad y las posibilidades de interacción inmediata con un conjunto muy amplio y diverso de usuarios resultan muy atractivas.

Por otro lado, hay situaciones nuevas y de interés: una es el crecimiento del portal en español de la plataforma Hypotheses, que proporciona un entorno académico a los autores (varios blogueros han “mudado” allí sus blogs) y otra es la difusión e impacto de El presente del pasado, un blog colectivo -un tipo que no había sido común en nuestro medio.  Puede que que estemos presenciando un cambio en la orientación de la blogosfera, que vaya desde dispersas iniciativas individuales hacia la centralización y la asociación.

En fin, esta es la lista, en el orden usual. Si en su opinión falta algún blog, envíeme una nota en la sección de “comentarios”.

BLOGS SOBRE HISTORIA DE MEXICO, activos en 2013

Aportaciones Históricas Taurinas de José Francisco Coello Ugalde

Ayer y hoy de la Iglesia Católica, de David Carbajal López (este blog fue puesto fuera de línea)

La batalla de Monterrey, 1846, de Pablo Ramos.

Bibliofilia novohispana, de Marco Fabrizio Ramírez Padilla.

Cabezas de Águila, de Benjamín Arredondo.

Calixtlahuaca Archaeological Project, de Michael E. Smith y otros autores.

Cine silente mexicano, de Luis Recillas Enecoiz.

Clionáutica, de Arno Burkholder de la Rosa.

Clioscopia, de Eder Gallegos. Historia militar, historiografía y temas contemporáneos.

Colonial Mexico, de Richard Perry. Arquitectura y patrimonio.

Clíotropos, de Felipe Castro Gutiérrez. Crónicas del amor (y el desamor) de los historiadores por el mundo virtual. Del mismo autor: Peregrinaciones en el pasado, blog personal.

Comics historia de México historieta. Un proyecto del Museo de la Caricatura y la Historieta Joaquín Cervantes Bassoco.

Crónica de Torreón, de Sergio Antonio Corona Páez.

Cuaderno de notas, blog personal de Víctor Gayol.

Del  museo imaginario, de Adriana Gallegos. Un espacio de conversación sobre arte, museos, patrimonio y gestión cultural.

Facetas históricas. Blog de Luis Ignacio Sánchez Rojas sobre el periodo porfiriano y el ejército federal de esa época.

Fotógrafos de la revolución, de Arturo Guevara Escobar.

Grandes casas de México, de Rafael Fierro Gossman (del mismo autor, Polanco, ayer y hoy).

Historia, crítica y política. Blog personal de Alfredo Ávila.

Idólatras y herejes en el México colonial, de José Antonio González.

Maya Decipherment, de David Stuart. A weblog on the ancient Maya script.

Maya News Updates de Axhimbalmaya.

Maya Mythos, de Carl Callaway.

Mexique Ancien, de Bertrand Lobjois. Blog d´information archéologique sur la Mésoamerique

La nao va, de Cuauhtemoc Villamar. El galeón de Manila y la interacción humana que une a América y Asia.

Pasado y presente de la economía mundial. Blog colectivo sobre economía e historia económica.

Policromía de la historia, de Alejandra López Camacho. Historia conceptual, política, cultural y de la prensa de México y España en el siglo XIX.

El presente del pasado. Blog colectivo del Observatorio de Historia.

El reino de todos los días, blog personal de Bertha Hernández, periodista e historiadora.

Los reinos de las Indias en el Nuevo Mundo, de Natalia Silva Prada.

Repensar la conquista, de Guy Rozat.

El señor del hospital, de Benjamín Arredondo.

Teoría de la historia, de Miguel Angel Guzmán López.

Tlamatqui, blog sobre documentos históricos.

Toda historia es contemporánea, blog personal de Catherine Andrews.

Un historiador y sus viajes, de Paulo César López Romero.

Vámonos al Bable, de Benjamín Arredondo.

Veracruz antiguo, de Uluapa Sr.

 

El despegue de Academia.edu

Hace unos cuatro años publiqué una nota sobre Academia.edu, una red social para académicos. Comentaba que era parte de la búsqueda de nuevas opciones en “nichos” especializados frente a los gigantes, demasiado caóticos o masivos (y, a veces, invasivos), como Facebook, Twitter y Google+ .   Actualmente, esta red  ya tiene una masa considerable de usuarios, que recientemente pasó de cinco millones, periódicamente introduce o ajusta servicios  y está en un proceso de expansión, como lo muestra su reciente adquisición de Plasmyd, una aplicación de búsqueda y comentario de documentos.

academia.edu

La oferta de Academia.edu incluye un directorio con fotografía,  nombre, institución (con opciones para profesores/investigadores, estudiantes de grado y posgrado),  intereses (mediante “etiquetas”, que ahora se ofrecen automáticamente), libros o artículos publicados,  y elementos comunes de las redes sociales, como las opciones de “seguir” (o “ser seguido”) por otros. Todo esto tiene una utilidad inmediata (saber  “quien está investigando qué”) y otra menos evidente:  en la academia, como en cualquier otro grupo profesional, la promoción y las redes de  colaboración son de cierta importancia, aunque no se hable mucho de ellas. Contar con una página propia y el equivalente de un curriculum vitae en un espacio académico bien reconocido ciertamente ayuda al desarrollo profesional, facilita la labor de encontrar personas con intereses afines y puede ser un buen auxiliar para comisiones y comités evaluadores.

En la página general de ingreso a  Academia.edu  pueden verse actualizaciones de otros miembros y, una vez registrado, el usuario puede obtener una versión “personalizada”, con las novedades de sus contactos particulares.   También ha incorporado el equivalente de “trending topics” (en este caso “trending papers” siguiendo una táctica muy gustada en cierto microblog…). Asimismo, ofrece “alertas” mediante correo electrónico (por ejemplo, cuando alguien comienza a “seguirme”) y estadísticas de documentos consultados. El lenguaje del sistema sigue siendo el inglés, aunque ya acepta “eñes” y otras peculiaridades del español.

Una posibilidad interesante es la utilización de esta red como plataforma de publicación, esto es de “subir” distintos materiales  para ponerlos a disposición de los demás usuarios. Se inserta, en este sentido, en la campaña creciente a favor del “acceso abierto” al conocimiento científico. Ya se sabe, existe siempre el interés por difundir los resultados de la investigación, y las editoriales universitarias son notoriamente deficientes a la hora de distribuir las publicaciones. El precio, desde luego, también es un factor inhibitorio, sobre todo para estudiantes. El problema subyacente es que muchas de estas publicaciones tienen derechos que son propiedad de las respectivas editoriales, aunque siempre ha existido cierta tolerancia (explícita o tácita) para la “re-distribución” entre colegas y alumnos, que incluso podría considerarse como “promoción”. Aunque el arranque de esta opción de “auto-publicación” fue muy modesto, en fechas recientes puede verse un crecimiento prometedor, y ahora casi cada semana encuentro en mi buzón avisos sobre nuevos materiales disponibles en línea que parecen de interés o que podrían serlo para mis alumnos.

Evidentemente, una red social es tan interesante como las personas que forman parte de ella. La afiliación en la academia iberoamericana ha progresado, aunque sigue siendo limitada. Quienes más aparecían eran  “jóvenes investigadores”  o bien estudiantes de posgrado, dos grupos que permiten ver hacia donde se mueve la academia. Por otro lado, en  fechas recientes he tenido la satisfacción de ver registrados (y dando acceso a varias de sus publicaciones) a colegas de larga trayectoria y bien asentado prestigio. Academia.edu parece ir por buen camino, y espero ver en él a muchos más caminantes.

La Biblioteca Franciscana de la UDLAP: avances en el acceso en línea

La Biblioteca de la Universidad de Las Américas Puebla alberga, entre otros valiosos fondos antiguos, la Biblioteca Franciscana, con   el acervo bibliográfico de la Provincia Franciscana del Santo Evangelio de México. Está ubicada en el  Portal de Peregrinos del Convento de San Gabriel, en Cholula,  y cuenta con cerca de 24,000 volúmenes provenientes de seis diferentes casas conventuales del centro y sur del país. Hace algún tiempo comenzó a digitalizar sus colecciones, y actualmente hay 141 libros disponibles en línea , en parte gracias al patrocinio del programa Adopte una Obra de Arte y de CONACULTA.

UDLAP-BibliotecaFranciscana

Como es de esperarse, la mayor parte son obras que interesan sobre todo a los estudiosos de la historia de la teología moral y la filosofía, pero también hay otros títulos que nos remiten a temas tales como el guadalupanismo (la Apología de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe de Méjico en respuesta a la disertación que la impugna, de Jose Miguel Guridi (México, Valdés, 1820), escrita en réplica a la sonada “Disertación” de Juan Bautista Muñoz;  otras que nos informan sobre la vida cotidiana del cura párroco (El ayudante de cura instruido en el porte a que le obliga su dignidad, en los deberes a que le estrecha su empleo, y en la fructuosa práctica de su ministerio, de Andres Miguel Pérez de Velasco (Colegio Real de San Ignacio de Puebla, 1766), los que son de  relevancia para la historia de la medicina (La caridad del sacerdote para con los niños encerrados en el vientre de sus madres difuntas, y documentos de la utilidad, y necesidad de su práctica, traducidos del idioma italiano fray  Josef Manuel Rodriguez, OFM, (que incluye curiosas contradicciones entre tradición y modernidad), cartas consolatorias  (de tema fúnebre, que indirectamente dan buenos datos sobre vidas e instituciones), así como cartas pastorales de diversos obispos, ordenanzas, sermonarios, al igual que escritos referentes a momentos difìciles y críticos en la vida de la Iglesia  (como el Crisol de la verdad; manifestada por el R.P. Fr. Francisco de Ayeta … de la Orden Seraphica de N.P. San Francisco … de la Provincia del Santo Evangelio de Mexico … en defensa de dicha su provincia, sobre el despojo, y sequestro de las 31 doctrinas, de que la removió el Reverendo Obispo D. Juan de Palafox, siendo visitador del Reyno  (¿1693?).

Algunas de estas obras están disponibles en otras colecciones digitales (como Google Books o la John Carter Brown), y desde luego nunca está de mas tener otro ejemplar que dé testimonio de su difusión y lectores; de otras es la primera noticia que tengo, y vienen muy bien para varios temas y discusiones de que aquí espero dar alguna cuenta. La UDLAP ha logrado poner un verdadero tesoro bibliográfico a disposición del historiador, del aspirante a serlo, y desde luego del aficionado a la lectura de viejas obras y antiguas ideas. Espero que pueda proseguir por ese buen camino.

Más blogs sobre historia y patrimonio histórico de México

Como mis cuatro lectores conocen, cada tanto comento las novedades blogueras (o alternativamente, no tan recientes que han llamado mi atención), dedicadas a la historia y el patrimonio histórico de México. No es un listado exhaustivo,  obviamente, porque mucho de lo que por ahí aparece es poco original, y simplemente copian y vuelven a copiar lo ya existente en la red. Sigo los blogs que me parecen interesantes (gracias a un compilador, The Old Reader) y de vez en cuando coloco el vínculo de algunas de sus notas en la página Facebook de H-Mexico.

VerxAntiguo

Veracruz Antiguo, de Uluapa Sr,  comenzó en octubre de 2009 con la intención de comentar y transcribir documentos históricos de la región del Papaloapan. En fechas recientes se ha dedicado al pasado de la ciudad de  Veracruz, con buen estilo y conocimiento de causa, así como al conflictivo presente de este patrimonio histórico.  Incluye también una interesante sección de fotografías antiguas, y secciones temáticas sobre “Invasión y ataque pirata. Nueva Veracruz, 1683″, “Nueva Veracruz: Ciudad de Tablas”  e “Historia de la Alameda Díaz Mirón”

Tlamatqui

Tlamatqui (definido aquí como quien “cumplía el rol de hombre sagrado y servía de intermediario entre los entes sobrenaturales y los humanos”) comenzó en julio de 2010 con notas sobre temas generales de historia. Nada consta sobre el autor.  A mediados de 2012 este blog  se especializó en la publicación de documentos históricos, tomando las efemérides como pretexto. Es  una buena idea,  porque no hay otra publicación equivalente con el mismo propósito; y a veces se nos olvida que nuestro pasado documental no se limita a los “clasicos” del género, repetidos una y otra vez. Hasta donde he leído, no se trata, de textos inéditos, pero sí poco conocidos y de difícil ubicación en bibliotecas.

GdesCasas

Rafael Fierro Gossman es el autor de Grandes casas de México. Es un arquitecto, profesor de la Universidad Iberoamericana,  que publicó La gran corriente ornamental del siglo XX. Una revisión de la arquitectura neocolonial en la ciudad de México (Fondo de Cultura Económica, 2007). Las notas se ocupan, con conocimiento y recomendables fotografías, de las mansiones construidas (o reconstruidas) en la ciudad de México en la época del porfiriato o la pos revolución, de estilo afrancesado, neocolonial, ecléctico o funcionalista. El autor también tiene otro blog de tema afín, sobre el barrio de Polanco, un lugar que en su momento fue avanzada de la modernidad arquitectónica.

Si le interesa conocer el conjunto de blogs activos con estos temas, acuda aquí. En caso de que haya alguno que le parece debería incluirse, déjeme una nota en los comentarios.