Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 20 enero, 2012
os primeros años de la web fueron una verdadera revolución tecnológica, pero los cambios en la producción de sus contenidos fueron modestos y graduales. Sobre todo en el ámbito académico, continuaron las formas de comunicación unidireccionales, que iban desde el productor de conocimientos hacia el usuario. Algo era cierto, o al menos creíble (y publicable) porque lo decía una persona que tenía un título, era profesor o investigador en una universidad, funcionario de alguna dependencia gubernamental, escribía en algún periódico reconocido, o había dedicado largos años a investigar sobre el tema. El hecho de que la mayor parte de las páginas web fuesen institucionales o empresariales, y que fuese bastante difícil que un particular creara una propia, aseguraba que estos principios, hábitos y medios mantuvieran una lógica cognoscitiva similar a la de los libros y revistas impresas.
Para bien o para mal, esto ya no es así. Mucho ha tenido que ver la aparición de la llamada “web 2.0″, que permite y facilita la comunicación interactiva y debilitó la antigua tajante división entre autor y lector. Hoy día cualquier persona con mínimos conocimientos puede instalar un blog o una página web en media hora, y de manera gratuita o a precios muy modestos. Y en cuanto a contenidos, Wikipedia no fue la primera, pero sí la más visible y exitosa iniciativa que puso de cabeza las anteriores formas de producción intelectual. Todos los wikipedistas (que además, recuérdese, son anónimos) son iguales entre sí. El investigador que ha publicado libros e impartido incontables conferencias sobre un tema tiene la misma popularidad que un adolescente que escribe sus notas apoyándose en enciclopedias u otras páginas web. Como reza el lema de Squidoo, otras de las enciclopedias colectivas que tanto proliferaron, “todos somos expertos en algo”.
Desde luego, si ser experto quiere decir tener información especializada sobre alguna cosa (desde la receta para un postre delicioso, la mejor manera de cambiar la cadena de una bicicleta, o la fecha de bautizo de Napoleón), no hay duda de que este enunciado es verídico. Sin embargo, información y conocimiento no son exactamente sinónimos. El conocimiento implica comprender y analizar el origen, evolución, funcionamiento de algo, así como sus relaciones con entidades similares y las posibles consecuencias que se derivan de su existencia. En ocasiones, desde luego, nos basta con tener la información necesaria para obtener ciertos resultados prácticos; pero limitarnos a ella sería empobrecer nuestra comprensión del mundo.
Po otro lado, es cierto que un artículo en web escrito por alguien sin formación especializada puede ser excelente, y el redactado por una persona con muchos títulos puede resultar pésimo. No estamos, al cabo, hablando de producción de nuevos conocimientos, sino de su difusión -algo que las instituciones académicas y los investigadores tradicionalmente han hecho poco y mal. Esto desde luego es muy el caso de la historia, donde los historiadores (a diferencia de los ingenieros o médicos) no pueden (ni deberían) reclamar un monopolio del ejercicio del oficio.
La cuestión principal no es en sí la amenidad o la claridad didáctica, ni las credenciales académicas del autor de un blog o página web, sino la de cuáles son los mecanismos de verificación aceptados para distinguir la originalidad, calidad, exactitud y pertinencia de una nota o un ensayo entre el caótico mar de contenidos existentes en línea. Evidentemente, en la red hay de todo, desde lo muy valioso, pasando por lo ofensivo hasta llegar a lo banal, repetitivo e intrascendente. El problema es distinguirlo.
En el mundo académico, existen mecanismos elaborados de verificación, que incluyen la revisión y aprobación “por pares”, esto es, por otros expertos en el tema. El público lector (que por lo común es el muy restringido de otros académicos, o estudiantes aspirantes a serlo) toma en cuenta la trayectoria previa del autor y la respetabilidad de la casa editora. Este probado (y engorroso) sistema se adapta mal a la inmediatez de la comunicación actual, donde cada autor puede publicar lo que desea de inmediato y sin verificación previa.
Aunque no fue su objetivo, Google proporcionó impensadamente una alternativa de clasificación jerárquica: los sitios más visitados por el público aparecen en los primeros lugares de los resultados de sus búsquedas. De aquí se derivó la idea, presente en muchos sistema y servicios en línea, de que los usuarios califiquen (“favoriteen”) los sitios más interesantes y confiables. Es una entidad amorfa y anónima (el “público” o “los lectores”) la que representa la sabiduría colectiva y atribuye el criterio de verdad (o de confiabilidad). Es, por ejemplo, el criterio utilizado por Knol, la frustrada enciclopedia de Google y de otras aplicaciones como Digg, o en español, Menéame donde los usuarios “suben” ciertas notas o noticias, y alcanzan el honor de ser publicadas en la página principal si los demás usuarios las encuentran suficientemente confiables. En el campo particular de la historia, lo mismo puede decirse de Historiador.net
Visto en una perspectiva general, el desarrollo de internet ha implicado una rebelión en contra de los “expertos” (como ha ocurrido, por otra parte, con otras figuras de autoridad). Hay, digamos, cierto implícito anarquismo cognoscitivo. Aunque tampoco se trata de un movimiento organizado ni animado por una reflexión sistemática (sería, en cierta manera, una contradicción) existen pensadores, como Paul Feyerabend, que han sostenido que los científicos no tienen porqué tener un monopolio del conocimiento especializado, y que sus logros concretos no siempre han resultado de de la racionalidad experimental.
Sin entrar por ahora en esta discusión, lo cierto es que mal haríamos en ignorar un medio tan universalmente aceptado solo porque no nos resulta conocido y previsible, o porque no nos podemos amparar en las formas tradicionales de obtener reconocimiento. Sobre todo en las humanidades, la comunicación de nuestros resultados al público es algo de lo que no podemos prescindir. Algo se ha avanzado en este sentido; por ejemplo, casi todas las revistas académicas especializadas están disponibles en línea. Sin embargo, el contenido y el estilo siguen siendo los propios de los universitarios, que no son los más apropiados para el lector general. Asociarse para tomar ejemplo de iniciativas que han resultado exitosas en la red, pero llevando la exactitud, el rigor y el conocimiento avanzados propios del mundo académico es algo que aun no hemos resuelto debidamente. Deberíamos hacer algo para lo que en principio somos buenos: identificar el problema, analizarlo y proponer soluciones.
Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 11 enero, 2012
Como cada año, los “vecinos” del excelente blog Clíonauta, de Anaclet Pons, me recuerdan la tradicional entrega de los premios Clíopatria a los mejores blogs de 2011, a los que se han agregado ahora el mejor twitter y podcast. Estos premios se entregan durante la reunión anual de la American Historical Association, y son adjudicados por un jurado compuesto por destacados historiadores.
Las categorías son:
Mejor Blog Individual, atribuido a The Chirurgeon’s Apprentice, de Lindsey Fitzharris, quien a partir de una gran variedad de fuentes se ocupa del pasado de la medicina, narrando la historia premoderna de la cirugía, la enfermedad y la muerte en un estilo accesible para todos los públicos, utilizando ilustraciones de época con efectos a veces conmovedores y en otras, pues, bastante estremecedores.

Mejor Blog de Grupo. Wonders and Marvels ha logrado el difícil propósito de reunir un considerable número de historiadores (ya se sabe, tendemos a ser muy individualistas) en un mismo medio. Se originó a partir del blog de un profesor y sus estudiantes, y actualmente conforma una “comunidad para mentes curiosas que aman la historia, relatos extraños y buenas lecturas”, que van desde el esmalte de uñas hasta los medios utilizados por los romanos para limpiar, uhm, cierta parte de su anatomía, todo ello con el mayor rigor académico.
El mejor blog nuevo fue para Demography and the Imperial Public Sphere Before Victoria, de Melodee Beals, quien comparte sus investigaciones en progreso para ilustrar y atraer el interés hacia la relación entre demografía, economía e identidad cultural en una época siempre fascinante.
El mejor artículo ha sido entregado a Karen Abbott por If There’s a Man Among Ye: The Tale of Pirate Queens Anne Bonny and Mary Read. En su blog Past Imperfect narra la historia de dos piratas (en femenino) que vestían como hombres, saqueaban, quemaban y atemorizaban a su tripulación como debía hacerlo todo buen capitán. El asunto se presta para un buen relato, pero también para reflexiones sobre la construcción social del género y la identidad sexual.
La Mejor serie de artículos fue para Erik Loomis por This Day in Labor History, en su blog sobre Lawyers, Guns & Money. Se dedica (principal, pero no exclusivamente) a la historia del trabajo y la clase trabajadora, desde la esclavitud hasta el sindicalismo moderno, con un ojo puesto en acontecimientos contemporáneos.
El Mejor escritor de blogs resultó ser Corey Robin, quien se ocupa de asuntos actuales desde la perspectiva de la historia del pensamiento político. En opinión de los jurados de este premio, es “el intelectual por excelencia de la era digital”.
Clíopatria ha decidido crear una a categoría Twitter de sus premios, entregada ahora a @KatrinaGulliver. El dictamen considera que el “microblogging” permite una dinámica y abierta discusión, y que la autora (¿o será “twittera”?) ha logrado participar con sus entradas de una manera activa en las discusiones académicas. Personalmente, siempre he sido escéptico de la utilidad de Twitter, pero creo que tendré que seguir este “feed”.
También una novedad ha sido el Mejor podcast, una tecnología considerada como propia para llevar el trabajo del historiador a un público más amplio. Fue atribuido a Marshall Poe, quien se ha dedicado en New Books on History a dar cuenta de las novedades y entrevistar autores. En esta ocasión el elogiado fue su episodio dedicado a Nell Irvin Painter, The History of White People.
Cada año en que he dado cuenta de esta pertinente y prestigiosa iniciativa de Clíopatria han aparecido en este blog comentarios con variaciones acerca de que “deberíamos tener algo parecido en México en Hispanoamérica”. En 2010 presenté una propuesta al respecto al Comité Mexicano de Ciencias Históricas, que cada año entrega premios a los mejores artículos. La idea no fue a ninguna parte, seguramente porque no pude plantearla en términos suficientemente convincentes. Pero es algo que bien valdría promover ante alguna instancia interesada en estas perspectivas.
Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 7 enero, 2012
Red-Historia es una derivación de historiapolitica.com dedicada a “recursos y experiencias online para historiadores”. Su propósito es “reunir reseñas sobre diversos proyectos históricos online: repositorios de documentos, proyectos diseñados para internet, sitios de revistas, recursos para la enseñanza, sitios institucionales, etc.” Tendrá además notas sobre herramientas informáticas, dossiers temáticos y secciones sobre la manera en que los historiadores y científicos sociales incorporan las tecnologías de la información y la comunicación a la producción del conocimiento histórico.La idea ciertamente es muy pertinente, porque los cambios que ha traído la aparición y desarrollo de la red de redes en nuestra profesión han sido considerables, pero no han atraído suficientemente nuestra reflexión.
El primer número presenta 24 autores -un esfuerzo y un logro en sí meritorio. Incluye tres dossiers sobre la presencia de los bicentenarios en la web y 23 reseñas sobre páginas web (y algún blog). Hay varias de estas reseñas que son descriptivas, con solo un breve comentario final; pero hay muchas que atienden con precisión aspectos que deberían ser cuidadosamente considerados en una publicación web, como el formato, el tiempo de lectura, la utilización de tags , empleo de imágenes y videos, organización del material en niveles y legibilidad (para un buen ejemplo, véase esta reseña de Nicolás Quiroga). Y es que efectivamente, una publicación en este medio no puede tratarse al igual que un texto impreso convencional.
Este último aspecto viene muy a cuento de la presentación general de Red-Historia. La inclusión de nuevos textos se hace una vez al semestre (que en una revista impresa es un tiempo razonable, pero en el ciberespacio resulta una eternidad). ¿Porqué no incluir textos simplemente a medida que estén prontos y aprobados? La antigua razón era porque pasaban por un proceso editorial de revisión de pruebas, envío a la imprenta, etc., pero ya no es el caso. Es como si los creadores de esta página siguieran atenidos al modelo de un medio impreso, con ejemplares numerados consecutivamente, al gusto de los bibliotecarios. Pero, como en gustos (y preferencias) se rompen géneros, y tampoco es cosa de ponerse quisquillosos por estas cuestiones formales.
El proyecto es muy conveniente y prometedor y tiene el gran mérito de la amplitud de miras, tanto temática como geográfica. Trasciende los límites nacionales para abordar los iberoamericanos, lo cual no es muy común. Podría esperarse que en el futuro publicaran análisis “transversales”, esto es, que comentaran tendencias, problemas y perspectivas que vayan más allá de una “página” particular; y que consideraran asimismo las publicaciones en la blogosfera o en Facebook, que es donde más novedades de interés ocurren actualmente. Cabe desde luego desearle el mejor de los éxitos.
Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 8 diciembre, 2011
Acabo de recibir una circular del Archivo General de la Nación dando noticia de que en adelante todos los pagos por distintos servicios (como copias certificadas de documentos, reproducción de mapas, venta de libros) tendrán que hacerse con un nuevo formato, el e5cinco. Está disponible en internet, y puede realizarse el desembolso por ese medio o bien, imprimiendo el formato, en el banco +más cercano. Es necesario incluir varios datos personales (nombre, RFC, CURP), así como administrativos (clave del trámite, código de la dependencia), pero hay formatos “prellenados” disponibles, y supongo que pronto se contemplará el caso de los usuarios extranjeros que, evidentemente, no tienen identificación fiscal mexicana. En lo inmediato, puede ser un poco fastidioso tener que realizar un trámite engorroso por pagos menores (¿habrá algún banco cerca del Archivo?), pero al cabo no se trata de algo que se realice cotidianamente. El asunto, en realidad, no ameritaría una entrada en este blog, sino fuese porque se trata de una manifestación concreta de un proceso mucho más amplio, el de la transición progresiva hacia un sistema en el que todos los trámites se realizan entera o parcialmente por internet, lo que a veces se llama un e-gobierno.
Los tres o cuatro lectores que siguen este blog saben bien que soy un entusiasta usuario (y, en lo que cabe promotor) del uso de internet para la difusión del conocimiento. Desde luego, el acceso a la red de redes también nos facilita los asuntos cotidianos de nuestra vida, como consultar horarios de trenes, saber el horario de bibliotecas, comprar y pagar servicios, comunicarnos de manera fácil y eficiente con familiares, amigos y colegas e incluso ubicar y “ver” el lugar donde debemos acudir por necesidad, curiosidad o placer. En este caso, aunque en lo inmediato a veces no lo parezca así, un e-gobierno nos facilitaría tener la información sobre actividades gubernamentales (es posible actualmente solicitar datos públicos por internet, de respuesta obligatoria para las instituciones), realizar trámites desde la comodidad de nuestra casa, y acceder a diversos servicios.
Todo esto parece muy bien, pero existen ciertos problemas cuando la única forma de acceder a estos trámites y prestaciones es mediante procedimientos que implican el uso de computadoras y el acceso a internet. En México, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, 40.1% de la población tenía las habilidades básicas para utilizar una computadora, y el 22.2% de los hogares contaba con acceso a la red (datos para 2010). Estamos ante una porción muy considerable de la población que no cuenta con esta posibilidad. Existen también fuertes desigualdades regionales (25.7% con acceso doméstico a computadora en Chiapas, contra 53.8% en Sonora) y generacionales (son usuarios de computadoras el 20.9% del grupo de edad de 18-24 años, en contraste con el 7.2% para el grupo de 45-54 años.
¿Estamos creando inadvertidamente un nuevo género de incapacidad social, en el que sectores importantes de la población no tendrán acceso, sin ayuda de terceros, a la información, servicios y trámites gubernamentales? El entusiasmo por las virtudes del e-gobierno no debería llevarnos a descuidar algo que los antropólogos bien conocen: el cambio tecnológico no es un proceso que ocurra de la misma manera en todas las sociedades. Sobre todo allí donde la modernización viene en gran medida desde fuera, de manera repentina, ocurren casi siempre marcadas distorsiones y desigualdades. La mejor tecnología no es siempre la más adecuada, ni puede implementarse haciendo abstracción de las condiciones económicas y educativas de la población. Es algo que debería considerarse con algún detenimiento, dejando abierta de manera temporal procedimientos alternativos, aunque no resulten tan llamativos y relucientes.
Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 16 noviembre, 2011
Después de un largo, complicado y tortuoso proceso, la Hemeroteca Nacional de México (custodiada por la UNAM) está finalmente en línea en este sitio. Se trata de un acervo de más de nueve millones de imágenes correspondientes a 947 títulos de publicaciones periódicas mexicanas desde 1722 hasta principios del siglo XX. Aun no son todos los fondos antiguos de la institución; es algo que al parecer irá incorporándose paulatinamente.
La interface permite búsquedas de “cadenas de texto” en opciones “básica” y “avanzada” (búsqueda por año y por publicación). El lector se evitará algunos problemas si consulta la página de ayuda. El resultado presenta algunas dificultades para “visualizarse” en Firefox o Chrome; al parecer está configurado para Explorer. También, la forma de agrandar la imagen (algunas aparecen en tamaño muy reducido de letra) no es evidente; desde luego, es siempre posible recurrir a las opciones generales del navegador.
Detalles técnicos (y menores) aparte, este es un recurso que ha sido largamente esperado, y que representará un valioso auxiliar para la investigación histórica.
Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 15 noviembre, 2011
Con cierta solemnidad y la presencia de numerosas personalidades el pasado 27 de octubre se presentó Académica, una “plataforma” del Instituto Tecnológico de Teléfonos de México en Tecnologías de la Información, presidido por Javier Elguea.
Académica se define como “una red de investigación e innovación líder en la gestión y difusión del conocimiento, para instituciones de educación e investigación superior en México y países de habla hispana”. Cuenta con la participación de más de 160 instituciones, entre las que se hallan las principales universidades y tecnológicos mexicanos, públicos y privados, algunas destacadas escuelas de altos estudios en el extranjero, varias dependencias gubernamentales y centros privados de investigación. En principio, estas instituciones ofrecerán por este medio materiales de consulta, resultados de investigación, encuentros académicos presenciales y en línea, así como vinculación con programas de formación y postgrado.
La parte de “investigación” se divide en dos grandes secciones: Aleph Ciencias Sociales, que se
establece como un fondo de recursos digitales de acceso abierto integrado por revistas, libros, documentos de trabajo y fondos históricos puestos a disposición, por el Archivo General de la Nación, el Centro de Estudios de Historia de México Carso, el Centro de Investigación y Docencia Económicas, El Colegio de México y el Fondo de Cultura Económica; y el Repositorio Digital, un acervo formado por revistas, libros, y documentos de las diversas áreas de conocimiento, producidos por instituciones de educación superior y otros organismos educativos. Cuenta asimismo con un espacio para compilación de noticias de interés, agenda, documentos y encuestas.
La vinculación entre instituciones es ciertamente una buena idea, porque si algo ha definido el crecimiento de la presencia científica en el ciberespacio ha sido la dispersión de esfuerzos e iniciativas. Tampoco, ciertamente, está nada mal reunir en un ámbito común a las instituciones de educación superior pública y privada, separadas frecuentemente más por prejuicios arraigados que por cuestiones sustanciales.
Por otro lado, esta plataforma también pretende ser algo más que una reunión de instituciones, y se refiere a una “comunidad digital”. “Comunidad” es una palabra que tiene cierto simpático eco romántico, y no puedo menos que encontrarle cierto regusto paradójico en una iniciativa que viene del ámbito de las empresas, donde se piensa en las personas sobre todo como clientes o consumidores. Una comunidad (con cierta interacción, valores compartidos, distribución de roles, jerarquías implícitas y la aparición paulatina de un sentimiento de pertenencia) es algo de laborioso establecimiento. Cuando tiene éxito puede derivar en situaciones imprevisibles; nunca se sabe bien a bien que van a hacer las personas cuando se pone un medio a su disposición. Por lo pronto, Académica ha propuesto varias instancias “sociales” de interés, como aquí abajo puede verse. Ya veremos hacia donde derivan…
Hay también otras situaciones que inevitablemente se presentarán en esta plataforma. Las universidades están habituadas a la diversidad de ideas y opiniones, por radicales y extremas que sean; basta con que estén debidamente fundamentadas y se presenten con un argumento defendible. ¿Habrá la misma tolerancia en Académica? La empresa que sostiene con sus recursos esta iniciativa tiene, como es lógico, compromisos, intereses, preferencias y asociados de negocios. Y aunque muchos temas científicos son poco controvertidos, hay asuntos y contenidos que aparecerán en esta plataforma que son tema de encendidas polémicas en la prensa periódica actual, y que pueden resultar molestos, incómodos, incluso reprobables para muchas personas.
Hay, desde luego, precedentes aplicables. En Estados Unidos es común que grandes corporaciones sostengan iniciativas en el ámbito de las ciencias sociales y humanidades, cuando están vinculadas a instituciones reconocidas e investigadores de prestigio. En su mayor parte, siguen el principio de abstenerse de toda intervención directa en los contenidos y conclusiones (la indirecta, a través del financiamiento, es otro asunto). ¿Tendrá Telmex la misma tolerancia y distancia, sin la cual no puede realmente prosperar una instancia académica? Así es de esperarse.
Otra cuestión mayor es la calidad y pertinencia de las contribuciones. No existe en Académica una instancia de revisión: en principio todos los contenidos son inmediatamente publicados. Podría evidentemente decirse que el cuidado de la calidad corresponde a las instituciones participantes, pero es solo una mediana garantía. En efecto, si bien en la lista de “asociadas” hay instituciones con una sólida (aunque a veces engorrosa) práctica de dictamen previo de cualquier trabajo, hay también otras donde esta tradición no está igualmente asentada. También debe tenerse en cuenta que esta plataforma acepta contribuciones de usuarios individuales (más de 800, actualmente), desde luego sin control alguno, más allá de algunas reservas legales.
El problema es que en cualquier medio de este género existe una versión social de la Ley de Gresham: los contenidos mediocres acaban por ahuyentar y expulsar a los de buena calidad. Conviene aludir a la solución adoptada por otras plataformas que también publican contenidos académicos. Wikipedia depende de una comunidad que corrige incesantemente ( y “sin piedad”), todos los artículos. Knol (*ver al final actualización sobre este servicio), la enciclopedia temática y colectiva de Google, opta por una solución distinta: los artículos más consultados por los usuarios aparecen en las búsquedas en primeros lugares, de modo que la calificación depende de una instancia colectiva, anónima e impersonal.
Todavía es muy temprano para formarse una opinión formal de Académica. Como cualquier otra iniciativa de este género, tendrá que irse adaptando a los imprevisibles desafíos que le presente su evolución. Por lo pronto, es de desearle el mejor de los éxitos.
…………
Actualización: Google ha anunciado en su blog oficial que Knol será descontinuado a partir de abril de 2012. La corporación ha comprobado que una cosa es distribuir u organizar contenidos, y otra muy distinta generarlos, a pesar de los vastos e ingeniosos recursos técnicos disponibles.
Posteado por: Felipe Castro Gutiérrez en: 4 noviembre, 2011
usto cuando alimentaba poco a poco la idea de que había al menos una gran corporación que me resultaba más o menos amigable, Google ha modificado su algoritmo de búsqueda para privilegiar los textos editados en fecha más reciente en la web, y enviar al fondo de sus listados los resultados “históricos”.
Como se menciona en su blog oficial (las traducciones al español son mías)
Cuando busco [olímpicos], probablemente quiero información sobre la próxima olimpiada de verano, no la de 1900.
y como si fuese poco,
Cuando no se especifican palabras claves, suponemos que usted espera ver los eventos más recientes, no los de hace 50 años.
El único consuelo es que, al parecer, todavía hay algún resquicio para quien considera que los artículos más recientes no son siempre necesariamente los mejores
Hay muchos casos en que los resultados de hace unos pocos años pueden aún serle útiles…Búsquedas diferentes tienen diferentes necesidades de “frescura” (freshness). La mejora del algoritmo fue diseñada para comprender mejor como diferenciar entre el tipo de búsquedas y el nivel de frescura que usted necesita, y asegurarnos de que usted obtiene el máximo de respuestas al minuto.
No me queda clara la forma en que Google discriminará automáticamente entre unas y otras necesidades de “frescura”, o entre los divergentes intereses de búsqueda de, por ejemplo, un historiador y un periodista. Este cambio puede relegar valiosos escritos del pasado al olvido cibernético. Habrá que ver lo que ocurre en la práctica. Mientras, creo que volveré a darle otro vistazo a Bing, el buscador de Microsoft.
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