Google Street View amplía su cobertura en México

No he visto ningún anuncio oficial de la compañía, per0 Google Street View (GSV) ya ha ampliado su cobertura en México. Inicialmente incluía la ciudad de México, Guadalajara, Puebla, Monterrey, Puerto Vallarta, Cancún y la llamada Riviera Maya, como comenté en una nota anterior. Ahora el mapa que indica las zonas de disponibilidad (señaladas en azul) se ve algo más nutrido, aunque obviamente dista mucho de tener la densidad existente en Estados Unidos.

La expansión ha seguido un patrón radial a partir de lo ya fotografiado, a lo largo de las principales carreteras (que están íntegramente registradas, metro por metro) y las  avenidas de acceso a las ciudades y poblaciones cercanas. Por ejemplo, ahora tanto desde Google Maps como Google Earth, el registro llega desde Monterrey hasta Saltillo, Ciudad Victoria y Reynosa; desde Guadalajara se puede “viajar” por carretera hasta Guanajuato, León y Tepic (pero muy poco al interior de esas ciudades), y desde la ciudad de México hasta Cuernavaca y Toluca (con una breve parada para una sustanciosa sopa de hongos en La Marquesa, en el puesto de doña Salas).

Las novedades más prometedoras son algunas avenidas de Tijuana (donde ahora puede pasarse la frontera sin más trámite que unos clicks), y las cercanías de Puebla (incluyendo la Plaza de la Constitución, en Tlaxcala).

Plaza de la Constitución, Tlaxcala
Plaza de la Constitución, Tlaxcala

Todo indica que Google tiene el ambicioso objetivo de fotografiar la presencia humana en el mundo, recurriendo a medios ingeniosos tales como una cámara montada sobre un triciclo en los estrechos callejones de las ciudades medievales europeas, como Santiago de Compostela, o un trineo motorizado (un “snowmobile”) para las pistas de nieve de las olimpiadas de invierno, en Whistler, Vancouver. Ya solo les falta un submarino para fotografiar el fondo del mar… del que ya tienen, por otro lado, representaciones en tercera dimensión en Google Earth.

Como siempre ocurre con las tecnologías de la información, hay aspectos que resultan fascinantes y otros que podrían ser inquietantes. En lo inmediato, GSV es una atractiva manera de recorrer el mundo a ritmo de clicks.

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La guerra de 1846-1848 en Applewood´s Military History Series

El fin de año se acerca y con él la ocasión de revisar una vez más el enorme y siempre creciente repositorio digital de Google Books, para ver qué novedades se han incluido en este año (porque, lamentablemente, este valioso servicio carece de una “alerta” automática, similar al que puede utilizarse, por ejemplo, para Google News). Me interesan, en particular, los libros que están en “vista completa”, esto es, que pueden consultarse en su totalidad.

La búsqueda no ha dado resultados muy amplios, pero lo que hay es de bastante interés. Se trata, en particular, de los facsímiles editados por  Applewood´s Military History Series, que incluyen Our first war in Mexico (sobre la de 1846-48), de Farnham Bishop (1916); History of the Second War between the United States of America and the Great

La batalla de Contreras, según Nathan C. Brooks
La batalla de Contreras, según Nathan C. Brooks

Britain, de Charles Jared Ingersoll (de 1852, con  numerosas referencias a México, incluyendo la historia de cómo la corona mexicana fue ofrecida a Joseph Bonaparte, en su exilio en Estados Unidos, p. 385); A Complete History of the Mexican War, de Nathan Covington Brooks (1849); The war with Mexico, de Roswell Sabine Ripley (1849); History of the United States Cavalry, de Albert Gallatin Bracekett (1865); History of the United States Marine Corps, de M. Almy Aldrich (1875);  The war with Mexico Reviewed, de Abiel Abbot Livermore (1850, uno de las pocos que del otro lado de la frontera se opusieron a la guerra); History of  West Point, de Edward Charles Boynton (1864; refiere que en el museo de esta academia militar hubo una amplia colección de trofeos de guerra obtenidos en México, incluyendo una gran maqueta de la mina de La Valenciana. Gto.); The Mexican War, de Edward Deering Mansfield (1849); The Life of Sam Houston, del entonces popular autor de biografías,  Charles Edward Lester (1866); Biographical Register of the Officers and Graduates of the U.S Military Academy, from 1802 to 1867, de George Washington Cullum (1879, incluye a muchos que murieron en la guerra con México);  The Marine Corps in Mexico (1852, es la transcripción de un juicio militar contra el teniente John S. Devlin, quien fue gravemente herido en la toma de Chapultepec); The Twelve Months Volunteer. Journal of a Private in the Tennessee Regiment of Cavalry, de George C. Furber (1847);  y Life of Major General Zachary Taylor, por Henry Montgomery (1847).

Como es obvio, estas obras representan la perspectiva estadounidense de los acontecimientos y por lo común se refieren sólo incidentalmente al ejército mexicano o a las peculiaridades del país. Son del mayor interés para el estudioso de estos conflictos, debido  que muchos de los autores fueron jóvenes oficiales del ejército, o bien estaban activos en la vida pública  de Estados Unidos en esa época. Con alguna excepción (como el libro de Livermore, publicado por el Fondo de Cultura Económica)  los demás eran de muy difícultosa obtención y consulta.

“Rankeando” la versión virtual de las universidades

Como cada semestre,  el Laboratorio de Cibermetría del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, España, ha rankingpresentado el Ranking Web de  Universidades del Mundo. Esta última versión confirma el paulatino ascenso de la Universidad Nacional Autónoma de México, que pasa del lugar 51 al 44, lo cual la ubica en la lista que ese laboratorio denomina, con términos muy futboleros, “la primera división”.  Cabe observar que casi  todas las universidades que están por delante se hallan establecidas en Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña. La excepción es un instituto tecnológico de Zurich, Suiza, en el lugar 40.  En Latinoamérica, la segunda mejor universidad es la de San Pablo, Brasil, en el lugar 87.

Hay otras historias no tan lucidoras, pero que alimentan el optimismo. La Universidad de Sonora, por ejemplo, pasó del lugar 1690 al modesto pero prometedor 1260. No está mal, en sólo seis meses.

Según los organizadores, el Ranking inicialmente tuvo el propósito de fomentar el uso de la web, no de poner a las instituciones a competir entre sí -que, obviamente, es lo que ha ocurrido. Por ejemplo, en México, el tema ha dado para alimentar la añeja rivalidad entre universidades públicas y privadas (el prestigioso Tecnológico de Monterrey está en el sitio 406), a veces con encendidos comentarios. Es de advertirse que este “escalafón” no evalúa directamente la docencia o la investigación, ni la excelencia global de las instituciones.  Por otro lado, evidentemente, la calidad de estas actividades tiene cierta relación con lo que pueden ofrecer en sus páginas web.

El índice se obtiene de manera compuesta, adjudicando 20% al tamaño de la web, 15% a los archivos en texto enriquecido (esto es, DOC, PDF, PPT que son los típicos de las publicaciones científicas), 15% a la presencia en Google Académico (por lo cual se ve que este servicio comienza a ser un indicador en sí) y 50% a la visibilidad, medida como la cantidad de links externos que dirigen al lector hacia la institución. El tráfico por sí mismo no es tomado en cuenta, a diferencia del famoso algoritmo de Google.

Traducido a términos prácticos, esto significa que el lugar de una institución en el ranking depende de la importancia que concede (en términos técnicos y presupuestales) a su presencia en web, así como  a su capacidad de generar contenidos originales y  de interés.  Una planta académica diversa, numerosa y calificada es una ventaja  importante, pero solamente si se permite, estimula y recompensa la difusión de sus actividades y productos en web. Aunque esta decisión parezca algo de sentido común, no ha sido así. Por ejemplo, la presentación en línea de las revistas científicas encontró en México muchas resistencias (tanto de las instituciones como de muchos académicos); la digitalización y publicación gratuita de libros es una propuesta que aun está en proceso; y que un investigador o profesor tenga su propio blog o página web para difundir sus ideas (como ocurre rutinariamente en muchas universidades de Estados Unidos)  es algo que ni siquiera está en discusión.

Ciertamente, hemos avanzado mucho en pocos años. Pero hay obstáculos que no son ni técnicos ni presupuestales  para  el pleno desarrollo de la versión virtual de las universidades mexicanas. Y no van a superarse  fácilmente. Baste recordar que, aunque parezca increíble, hay instituciones univesitarias de primer nivel que todavía anuncian sus actividades, publicaciones y proyectos con costosos, lentos e ineficientes boletines impresos.

¿Un servicio de alerta para Google Libros?

Un artículo reciente de Chad Black,   en su blog “Parezco y digo…” donde  menciona  su costumbre  de realizar búsquedas periódicas en Google Libros, viene muy al caso para comentar una de las limitaciones de este excelente recurso: no hay manera de saber, de forma automática, las novedades digitalizadas de interés. Resulta un tanto sorprendente, porque Google ofrece un sistema de “alertas” por correo electrónico para sus servicios de Noticias, Web, Blogs y Videos. La tecnología, pues, existe.

Hace un tiempo envié una nota al respecto a esta compañía, y para mi sorpresa en breve tiempo recibí una respuesta personal (esto es, no una generada por un sistema automático, como habría podido esperarse):

Hello Prof. Castro,

Thank you for your interest in Google Book Search. I have made a note of your suggestion to include a Google Book Search alerts feature, and I’ve passed along your message to the rest of my team for review.

I appreciate your taking the time to write to us, and I encourage you to continue to let us know how we can improve Google Book Search. As this is still a young program, new features are under consideration and your feedback is very helpful.

Sincerely,
The Google Book Search Team

Ojalá este servicio se ponga efectivamente en práctica. Por lo pronto, Google se ha ganado una mención especial a la cortesía virtual y la adecuada atención a los usuarios.

Indice de libros raros y antiguos en línea sobre historia de México

Además del vasto proyecto de Google Libros, hay cada vez más bibliotecas que digitalizan y ponen sus fondos en línea. Entre las que nos interesan se hallan, entre otras, la Biblioteca Virtual Cervantes,  la Colección Digital de la Universidad Autónoma de Nuevo León, la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y la Biblioteca Lafragua (BUAP). El problema es la dispersión de estos esfuerzos, y que por razones de formato frecuentemente no son  indexables por los sistemas de búsqueda. El interesado tiene que ir a cada uno de estos valiosos acervos digitales, y buscar pacientemente lo que le interesa, caso por caso.picture-11

Por estas razones, H-MEXICO, el grupo virtual sobre historia de México (del que soy coordinador)  ha iniciado un simple catálogo de libros antiguos(definidos arbitrariamente como editados antes de 1900). El sistema es el de delicious, una aplicación web gratuita de “marcadores sociales”. Está disponible aquí. Advierto que no hemos encontrado un esquema satisfactorio de “tags” o etiquetas clasificadoras. Se aceptan sugerencias, comentarios, propuesta de fondos que deberían incorporarse, posibles proyectos derivados, etc.

En todos los casos, estos libros pueden “descargarse” libremente en la computadora del usuario. O sea, podemos tener a nuestra disposición un fondo de más de 100 obras antiguas (más las que vayan apareciendo) que sería la
envidia de muchas bibliotecas.

La Biblioteca Digital Hispánica

(texto publicado en Nuevos Mundos, mayo 2008 )

El pasado mes de enero la Biblioteca Nacional de España puso en línea la Biblioteca Digital Hispánica (BDH) Este valioso recurso proporciona el acceso, lectura y (en algunos casos) descarga gratuita a una amplia selección (unos 10000 títulos ) de las obras más notables custodiadas por esa venerable institución. Para bien o para mal, no es un programa de digitalización masiva al estilo de Google Libros.Más bien, se trata de un programa orientado a los “tesoros bibliográficos” de la institución, esto es, impresiones antiguas (entre los siglos XV y XIX), de autores célebres o visualmente muy atractivas.

La colección actualmente disponible se divide en “Dibujos”, “Grabados”, “Historia”, “Obras Maestras”, “Carteles”, “Filología”, “Hispanoamérica” y “Mapas”. De interés para los americanistas, por dar un breve ejemplo, son el Vocabulario en lengua castellana y mexicana, de Alonso de Molina (1555), El Lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos-Ayres, hasta Lima de Alonso Carrió de la Vandera (1773), y la Primera y segunda parte de la historia del Perú“, de Diego Fernández (1571). Asimismo se encuentra un acervo particularmente rico de folletería y obras menores sobre el periodo de las revoluciones de independencia americanas. La sección de imágenes resulta particularmente útil y placentera, dado que por lo común no es fácil ubicarlas y, menos aún, examinarlas con facilidad.

Los documentos están disponibles en formatos JPEG o PDF. El sistema de consulta es simple, lógico y razonablemente “amistoso”. Es muy recomendable la “búsqueda avanzada”, aunque aun en esta opción no es posible buscar referencias relativas a un periodo de tiempo; el usuario tiene que solicitar años específicos, uno por uno. Una posibilidad indirecta es pedir al buscador que ordene los resultados por año. En cuanto a la búsqueda interna dentro de cada documento, es posible solamente para los documentos PDF. La opción de “guardar” o “descargar” en la propia computadora también es realizable sólo en este formato, aunque cabe señalar que la opción de “copiar” y “guardar” de los navegadores en web (las disponibles en el “botón derecho” del ratón) no han sido bloqueadas.

La Biblioteca Nacional (BN) se propone incorporar en el futuro nuevas colecciones y desarrollar un vasto programa de digitalización que incluirá 200000 títulos. Se trata de una iniciativa ciertamente encomiable, que se une a la previamente disponible Hemeroteca Digital Hispánica, existente desde 2007. Asimismo, se trata de un proyecto que viene a unirse al Gallica de la Biblioteca Nacional de Francia en el propósito de crear una Biblioteca Digital Europea.

Por otro lado, el proyecto digital de la BN tiene las mismas limitaciones de origen y propósito de sus similares europeas. Esto es, su punto de vista no está determinado por las necesidades del usuario, sino por los intereses, conveniencias y desconfianzas institucionales. Cada proyecto es como una isla, con conexiones escasas y difíciles entre sí. Como resultado, la BDH es excelente para el lector o el investigador que por alguna razón está específicamente interesado en el acervo de la BN. Sin embargo, si lo que está buscando son ciertas obras, títulos o autores, sin tener más que una suposición de su ubicación, descubrirá que el sistema de búsqueda no está relacionado con otros proyectos similares, como el ya mencionado Gallica, o sin ir más lejos con los de otras instituciones españolas (como la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, la Colección Digital Complutense, y las bibliotecas digitales de las demás comunidades autónomas españolas). Es necesario ir laboriosamente por las páginas y buscadores de estos distintos acervos para encontrar, en su caso, la obra requerida.

La solución obvia es la creación de un “buscador de buscadores”, similar al de The European Library. Esta iniciativa, sin embargo, solamente incluye a las bibliotecas nacionales de cada país. La misma orientación institucional restrictiva parece ser la adoptada por Europeana, la versión conjunta de la futura Biblioteca Digital Europea, que promete presentar dos millones de tesoros digitales a partir de noviembre de 2008.

¿Las bibliotecas locales esperarán pacientemente a que llegue su turno (y los fondos necesarios) para participar en estos proyectos digitalizadores, o bien buscarán otras alternativas? Es algo que resta por verse; por lo pronto vale la pena señalar que los asociados europeos de Google Libros ya incluyen actualmente, además de la pionera Harvard University, a la Biblioteca Estatal Bávara, la Biblioteca Universitaria de Gante, la Biblioteca Nacional de Cataluña, la Universidad Complutense de Madrid y la Biblioteca Universitaria de Lausana.

Digitalización de libros: la experiencia francesa

bnf2.jpgEn una crítica aparecida en Proceso sobre el acuerdo de digitalización y difusión entre la UNAM y Google, del que me ocupé anteriormente, se presentó como posible modelo alternativo el impulsado por la Biblioteca Nacional de Francia (Bnf). Prometí en mis comentarios que posteriormente me ocuparía de revisar estos sistemas, no tanto porque en lo inmediato sean útiles para los mexicanistas, sino por lo que podrían ofrecer como modelo alternativo de digitalización.

Gallica no es un proyecto de digitalización global, sino que ha estado orientada a ciertos campos prioritarios, como las ediciones “de prestigio”, los diccionarios y periódicos. Privilegia, en consecuencia, los autores franceses (algunos de los cuales se ocuparon de México), aunque también pueden hallarse otras obras, como los clásicos greco-romanos. El sistema de consulta es simple y claro. El resultado es un listado de obras, que puede consultarse en imágenes (aunque algunas, provenientes de otros proyectos, permanecen en modo texto) y descargarse a la computadora del usuario. También tiene un valioso “banco” de imágenes (pero no, la valiosa colección de códices mexicanos de la BnF no está incluida…) y de añejas y encantadoras grabaciones de la música popular francesa. Es, por tanto, un proyecto limitado en su ámbito, pero a la vez ambicioso en sus dimensiones, dado que incluye los vastos fondos de una gran institución. Tiene actualmente 90 000 documentos y 80 000 imágenes y está prevista una próxima ampliación acelerada de los fondos digitalizados, que serán incorporados en una versión del sistema técnico de Europeana, los cuales a su vez formarán parte de una hipotética Biblioteca Digital Europea.

Europeana es un prototipo de biblioteca en línea. Reúne alrededor de 12000 documentos de la BnF (o sea, parte del sistema Gallica), además de la Bibliothèque Nationale Széchényi de Hungrìa y de la Biblioteca Nacional de Portugal. Los organizadores aclaran que no es un proyecto terminado y que no es seguro que se desarrolle hacia una versión definitiva. El diseño es complicado. Presenta al usuario un espacio de “búsqueda general” (sin distinguir, como es usual, campos para título, autor, contenido y tema) o bien una búsqueda temática, en la cual deben escogerse criterios (época, lengua y origen), además de opciones para temas que siguen el criterio del sistema bibliotecario Dewey (“Historia y geografía”, “ciencias”, “religión”, etc.) que todos hemos tenido que sufrir alguna vez. Los resultados ofrecen un listado que permite acceder a la imagen del texto. Actualmente no se puede “descargar” esta imagen a la computadora del usuario.
Una interesante novedad es la inclusión de un espacio particular para el usuario, donde puede (luego de un registro personal simple) guardar y ordenar sus búsquedas, de manera que en sesiones sucesivas su tarea resulte más sencilla. No resulta claro donde van a quedar los documentos sonoros o el banco de imágenes de Gallica.
En resumen, se trata de un proyecto ambicioso, que lamentablemente no recoge la simplicidad de consulta de su antecesor y parece orientado estrictamente a la producción bibliográfica. Falta ver si el sistema, como es deseable, incorpore o se asocie a las demás bibliotecas europeas, lo cual parece que dependerá de muy variadas circunstancias técnicas, institucionales y políticas, como inevitablemente sucede con todos los programas gubernamentales.

Mirado desde este lado de la mar, esta experiencia sugiere varios temas y suscita diversas interrogantes. El proyecto de “Europeana” fue en un principio de naturaleza defensivo: se trataba de impedir el dominio anglosajón que teóricamente traería Google Libros consigo. Esta preocupación se ha mostrado vana, porque de hecho el sistema de Google está incorporando (y haciendo fácilmente accesible o al menos ubicable) los recursos bibliográficos en todos los idiomas. El problema, más bien, consiste en determinar si es realmente una buena idea confiar este patrimonio cultural a una empresa trasnacional, por más que hasta ahora haya mostrado buenas intenciones (o sea, trato respetuoso, ausencia de cargos por digitalización, consulta gratuita).

Por otro lado, más allá de asuntos prácticos, es evidente que la experiencia digital francesa está guiada por motivos de orgullo nacional que son, desde luego, muy atendibles. Es probable que cada país desarrolle sus propias bibliotecas digitales, más o menos por los mismos motivos que cada gobierno apoya (e incluso financia, directa o indirectamente) a las frecuentemente deficitarias líneas aéreas nacionales. Si estas razones impulsan proyectos de esta índole en los países hispanoamericanos, parecería urgente que las instituciones responsables se pongan de acuerdo entre sí para desarrollar un formato único de digitalización de obras y un sistema centralizado de localización, que permita su fácil consulta. Lo contrario, precisamente, es lo que ya está ocurriendo en México.

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Imagen: Biblioteca Nacional de Francia
Cortesía de Wikimedia