Ensayos con Google Ngram Viewer

En una nota anterior mencionaba la utilidad de las series de datos para analizar tendencias culturales, y en particular el atractivo de una herramienta de Google, el Ngram Viewer, que permite obtener de manera muy simple cifras seriadas y nítidos diagramas procedentes de una búsqueda automática en Google Libros, su vastísimo repositorio de libros digitalizados.

El ensayo atrajo varios comentarios que agradezco, de Vae victis (@Inigus) sobre la selección implícita que conlleva la digitalización de libros en bibliotecas académicas; y de mi colega bloguero Víctor Gayol, sobre la falta de transparencia en la recopilación de datos y el carácter “tosco” de los resultados estadísticos, que pone en cuestión su utilidad para publicaciones formales.

Por otro lado, Aude Argouse, en su blog sobre el “papel sellado”, retoma esta herramienta y procede a presentar las tendencias de las palabras “papel sellado”, “papier timbré” y “stempepapier” (que son equivalentes en distintos idiomas). Los resultados son curiosos y dan para algunas reflexiones. Permiten también a la autora señalar algunas limitaciones, como la imposibilidad de presentar en la misma gráfica los resultados de distintos cuerpos lingüísticos, de diferenciar los resultados por países, y algo que ya había advertido, los “falsos positivos” (o “falsos negativos”) de la búsqueda en libros antiguos, donde la grafía no es la actual (por ejemplo habría que buscar por “papel fellado” en español antiguo).

Retomando la idea, aquí presento algunos resultados particulares del uso de este “visor”, que muestran sus posibilidades. El primero tiene que ver con la introducción del uso general en español de “México” (con “x”) en lugar de Méjico, que es lo correspondería por la pronunciación. Se trata, desde luego, de un arcaísmo y también de una “cortesía gramatical”, aunque ambas formas siguen considerándose apropiadas.

Ngram MéjicoPuede verse asimismo la tendencia en el cambio ya no sólo de grafías, sino del empleo de distintas palabras para designar una misma realidad. Para tomar un ejemplo que me resulta cercano, presento el uso alternativo de “tarasco/purépecha”. Esta última opción es la considerada “correcta”, aunque algunos historiadores, entre los que me cuento, seguimos empleando la primera, y tenemos razones para ello. He utilizado en este caso el corpus en inglés, porque el total predominio de “tarasco” en español resulta menos contrapunteado.

Ngram tarasco

Finalmente, presento la evolución en la la recepción de algunos pensadores contemporáneos que tuvieron gran influencia en la historia y las ciencias sociales, como Michel Foucault, Louis Althusser, Jacques Derrida y Pierre Bourdieu.

Ngram Foucault

Ya había hecho un ejercicio parecido en mi nota anterior, contrastando a Karl Marx y Max Weber.

Como comentaba, tendría mis dudas para emplear estas gráficas en trabajos académicos formales, aunque es posible “afinar” las búsquedas y  Google ya resolvió algunos posibles problemas que podrían haber derivado en falacias estadísticas, como se explica aquí. También hay que tener en consideración que de hecho todas las estadísticas, cuadros y gráficas, a pesar del aspecto técnico y “científico” que tanto nos impresionan, tiene un proceso de “construcción” que incluye cierto grado de subjetividad.  Esto incluye los censos contemporáneos de población y vivienda, y desde luego los limpios y bonitos cuadros de la demografía de épocas antiguas, donde los datos son irregulares y poco confiables (lo cual no impide que los empleemos y construyamos argumentos a partir de ellos). Diría que respecto de Google Ngram Viewer, el juicio sobre su confiabilidad y aceptabilidad académicas está aún pendiente. Sin duda habría que discutirlo tanto del punto de vista técnico como conceptual,  porque su posible empleo resulta sugerente y atractivo.

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Explorando tendencias culturales con series de datos en Google Libros

Siempre me han interesado las cuantificaciones para estudiar situaciones y procesos que no pueden apreciarse sino mediante el estudio de regularidades y patrones colectivos. Una de las vías más interesantes es el seguimiento de términos y conceptos, porque evidentemente toda nueva realidad debe de ser pensada y nombrada. En este sentido, el masivo “corpus” de Google Libros es una excelente fuente, porque permite una búsqueda en el tiempo para apreciar cuando un término (por ejemplo, “despotismo ilustrado”) comenzó a ser de uso común. La compilación y procesamiento cuantitativo de registros de este género es también de interés serial porque hace posible ver la aparición, desarrollo y posible declive del empleo de términos en el tiempo. Se le conoce como “minería de textos”, una metáfora que me agrada por sus alusiones metalúrgicas. Es incluso un posible campo de estudios en sí,  llamado provisionalmente culturomics (o, muy feamente en español, “culturomía”).

La herramienta más a propósito para estos fines son los n-gramas, esto es la búsqueda de secuencias o “cadenas” de información, en este caso en un texto (hay otros empleos posibles). Desde luego, hacerlo “a mano” es muy laborioso, pero afortunadamente Google ofrece gratuitamente y en línea su Ngram Viewer, que  permite hacer búsquedas que generan automáticamente gráficas muy presentables. Es como hacer un verso sin ningún esfuerzo.

Caben algunas advertencias (como siempre debe hacerse con cualquier estadística) antes de confiar alegremente en los resultados.  Aunque podría pensarse que Google Libros representa el universo de todos los impresos, esto no es exactamente así. Sus ejemplares digitalizados provienen de bibliotecas públicas de prestigio, esto es de repositorios que adquieren y almacenan los libros considerados “de interés”, lo cual establece un filtro de entrada. Las obras que se venden en puestos callejeros, los comics, muchos “bestsellers” (¿en cuántas bibliotecas universitarias estará la “saga” completa de Harry Potter?) probablemente estén subrepresentados; lo que tenemos aquí sería una compilación primordialmente de literatura “culta” y “académica”.

Asimismo, ya he comprobado que  el escaneo de Google tiende a confundirse con las letras impresas de libros muy antiguos. Para tiempos modernos, también puede haber algunos casos de homonimias y “falsos positivos”. Ah, y  las búsquedas deben hacerse separando las variables por comas, no entrecomilladas.

Finalmente, este “visor” hace las búsquedas por corpus lingüísticos particulares; no está del todo “al día” en la indexación (en español llega sólo hasta 2008); y en su vertiente “automática” sólo incluye cadenas de alta frecuencia (esto es, que aparecen al menos en 40 libros distintos).  Hay por otro lado opciones para “afinar” las búsquedas con algunos descriptores avanzados, que se explican aquí; y es posible consultar los datos “en bruto”, si se tienen aficiones “culturómicas” y se cuenta con una conexión a red muy eficiente.

Con todas estas precauciones, el N-gram Viewer es interesante y atractivo. Para no alargarme, dejaré los experimentos para otra nota que publicaré en breve en este blog. Por lo pronto, les dejo un ejemplo sobre las n-gramas cruzadas de las menciones en español a dos autores de importante influencia en humanidades y ciencias sociales.

N-Gram Marx-Weber

Los porcentajes corresponden a las frecuencias respecto del conjunto de textos.

Vale la pena señalar que el empleo de esta herramienta digital parece estar siendo progresivamente aceptada en publicaciones académicas formales, aunque ha sido también motivo de diversas objeciones. Y, desde luego, son gráficas que admiten distintas interpretaciones, porque las cifras en sí siempre serán solamente un punto de partida para la reflexión.

Wikipedia como red social: identidad y motivación de los wikipedistas

Wikipedia, con todos sus asegunes, es un buen y legítimo sujeto de reflexión. No deja

Quince años de Wikipedia. Fuente: Wikimedia
Quince años de Wikipedia.
Fuente: Wikimedia

de ser notable un proyecto que en 15 años ha alcanzado 37 millones de artículos en 287 lenguas diferentes, y tiene 72.900 editores actualmente en activo.  También el proceso “wikipédico” de construcción “social” del conocimiento, las reglas, criterios y convenciones que se han establecido con el tiempo, son muy interesantes del punto de vista histórico y sociológico. Hay, de hecho, estudios académicos formales que abordan sus diferentes aspectos, aunque es poco lo que se ha escrito sobre la versión hispana.

En este sentido es muy bienvenido el artículo de Sergio Antonio Corona Reyes y Brenda Azucena Muñoz Yáñez “‘En Wikipedia no se escribe jugando’: Identidad y motivación en 10 wikipedistas regiomontanos” publicado en Global Media Journal Mexico (una publicación conjunta de Texas A&M International University y el Tecnológico de Monterrey), en donde realizan una “etnografía virtual” de los diez wikipedistas más activos de Monterrey.

Con esta base, los autores llegan a varias conclusiones: que los wikipedistas adoptan y defienden una identidad particular en las interacciones con otros colaboradores, pero hacen propia la colectiva de Wikipedia hacia el exterior, en particular en sus relaciones frente a nuevos wikipedistas; y que existe un orgullo de ser wikipedista, que se expresa incidentalmente en una actitud de desconfianza hacia los usuarios ocasionales y “no registrados” (que en esta plataforma también pueden hacer adiciones o correcciones).

¿Qué es lo que lleva a decenas de miles de personas a dedicar su tiempo a una actividad en la que sus contribuciones pueden ser borradas o modificadas el siguiente día, no son conocidos más que por un “alias”, y no reciben ninguna recompensa directa? Los autores señalan varias motivaciones: el deseo en sí de contribuir al conocimiento, la evasión de los a veces duros problemas de la vida cotidiana, la promoción de alguna causa, y sobre todo enfatizan el aspecto de las interacciones personales, de la formación de una especie de red social. Esto último (que es lo recogido en el “abstract” o resumen del artículo) podría parecer sorprendente, porque Wikipedia en principio no se propuso ser  algo semejante. De hecho, la expresión de cuestiones personales es vista con desaprobación, y existe una regla específica al respecto:

Wikipedia no es un foro. Las páginas de discusión de los artículos están destinadas al diálogo acerca de la edición de su contenido. Por favor, abstente de escribir reflexiones personales o no enfocadas al desarrollo del artículo. Tales mensajes serán eliminados.

Sin embargo, además de que en la práctica existe cierta laxitud, hay más libertad en las “páginas de usuario” y en algunos foros administrativos comunes, como el “café“, donde se discuten noticias, políticas, propuestas y problemas técnicos.  De lo que en estos lugares se escribe pueden deducirse algunas situaciones, actitudes y patrones de conducta.

En efecto, toda agrupación de personas dedicadas de manera continuada a una actividad común inevitablemente genera normas, convenciones y jerarquías (con la consiguiente cuota de transgresores y rebeldes). En Wikipedia esto se manifiesta particularmente bien en la discusión sobre lo que Wikipedia no es, y por tanto debe ser evitado o, en su caso, suprimido; y en la elección de los “bibliotecarios”, esto es usuarios experimentados que tienen derechos especiales, y que entre otras cosas pueden borrar páginas, colocar otras como “protegidas” o incluso sancionar a un usuario con la suspensión temporal o definitiva de sus derechos de edición.  Los autores señalan que algunos nuevos usuarios se “alinean” con algún bibliotecario, aunque por otro lado muchos actúan frente a ellos con una mezcla de admiración y recelo.

Me parece que efectivamente el lado “social” de la “wiki edición” es de mucho interés, y que los autores de este artículo han notado bien una de las razones de la expansión mundial de esta enciclopedia virtual. Pero, por otro lado, puede que hayan enfatizado excesivamente esta motivación (que, ciertamente, es la más atractiva para el análisis). Est0 se debe en parte a que eligieron  sus casos a partir de una página, “Wikipedistas de_México“, donde los usuarios pueden (o no) registrarse a sí mismos para tener mayor visibilidad. Esto introduce un sesgo estadístico que puede tener consecuencias, porque es muy en razón suponer que quienes desean aparecen allí son, precisamente, los más interesados en los aspectos “sociales” de la edición.

Los autores tampoco explican porqué consideran que las alusiones que fundamentan la importancia de Wikipedia como red social son más importantes que otras, dado que no proporcionan cifras al respecto. Tampoco resulta clara la frecuencia, esto es si se trata de interacciones habituales o bien ocurren de manera excepcional, lo cual obviamente haría una gran diferencia (pensemos, por contraste, en los usuarios de Twitter o Facebook, que pueden intercambiar muchos mensajes cada  día).

Al respecto, la organización y participación en los “wiki encuentros” y editatones de

EditathonRetadoraDay206, foto de Thelmadatter, en Wikipedia.
EditathonRetadoraDay206, foto de Thelmadatter, en Wikipedia.

wikipedistas podría ser relevante para ahondar en el tema, porque son una práctica cada vez más común y popular.

Habría también que decir que la mayor parte de los estudios citados se refieren a la versión inglesa de la Wikipedia, que es la más antigua, amplia y diversa.  Que los principios y patrones encontrados en esa versión puedan trasladarse a la edición española no es algo seguro. Es notorio, por ejemplo, que en español es mucho menos frecuente el recurso a la página de discusión de cada artículo para aclarar diferencias o explicar cambios en una entrada, salvo en algunos temas particularmente polémicos.  En este sentido, una comparación entre “usos y costumbres” de las distintas versiones podría ser de interés.

 Como se ve, hay aspectos, métodos y perspectivas que pueden someterse a discusión -al igual que en cualquier otro ámbito de estudios sobre cultura, comunicación o sociedad. Y, precisamente uno de los muchos méritos de este recomendable ensayo es demostrar que hay materia suficiente, y muy interesante, para el análisis.

Autoría individual / construcción social del conocimiento: ¿opciones excluyentes o complementarias?

Como saben los tres o cuatro lectores que siguen este blog, entre otras cosas soy un wikipedista intermitente. El de Wikipedia me parece un noble (aunque en ocasiones frustrante) propósito. Ofrece, además una vastísima proyección: actualmente tiene más de 37 millones de artículos en 287 idiomas y es el séptimo sitio web más consultado del planeta. Por otro lado, no es útil para difundir investigaciones originales, porque no es ese su propósito.

Más allá de su mayor o menor utilidad concreta, Wikipedia es también un fascinante objeto de análisis para quien se interesa en los procesos de construcción del conocimiento,  porque se contrapone al académico, tal como lo conocemos hoy día. Esto es, el estilo con el que trabajamos proviene de prácticas y principios construidos en la época moderna entre los humanistas y científicos europeos.  Gira en torno a un principio básico: el conocimiento es una creación individual, “de autor”, cuya labor debe ser reconocida como propiedad personal. Estamos tan habituados a ello que se nos olvida que no siempre ha sido así, y que existen otras experiencias. En particular, en las culturas donde el conocimiento se transmite por tradición oral (como en las indígenas de México, por dar un ejemplo), cada persona puede reproducir, corregir y añadir  lo que ha legado la generación previa; y quien la transmite puede esperar cierto prestigio, pero no una retribución material. No es algo tan exótico ni ajeno a la tradición occidental: los cronistas de las  órdenes religiosas solían copiar capítulos enteros de sus predecesores, porque la historia que escribían no les pertenecía a ellos, sino a su comunidad.

Esto viene a cuento de que hace un par de años creé una entrada en Wikipedia dedicada a un personaje secundario, pero de interés,  de la historia de la ciencia novohispana, del que me había ocupado en el curso de mis investigaciones. Me dio algún trabajo porque el estilo wikipédico tiene sus propias convenciones y formatos, pero después de un par de horas tuve un texto que me parecía satisfactorio y lo di de alta. No esperaba mayores repercusiones porque lamentablemente una de las características de esta enciclopedia virtual es la inclinación por una historia bastante tradicional, centrada en los “grandes personajes” o “notables acontecimientos” de la política, la guerra o el arte. Y efectivamente, así fue.

Hace unos días volví sobre este artículo para ver la “historia” de la edición (porque cada modificación queda registrada). Encontré que otros wikipedistas habían corregido detalles del formato, agregado un par de datos biográficos y adicionado un retrato del biografiado. En conjunto, revisiones puntuales pero pertinentes, respetuosas de la edición original, y que para el lector resultan convenientes.

El historial de las ediciones consecutivas en Wikipedia
El historial de las ediciones consecutivas en Wikipedia

El asunto es menor, pero me dejó pensando qué ocurriría si los trabajos que entregamos como resultado de nuestras investigaciones, y que por lo común se encuentran ya en web, fueran de “edición abierta”. No ocurre así actualmente; en realidad ni nosotros mismos podemos  modificar estos textos, porque legalmente pertenecen a la institución que los ha publicado. Los derechos intelectuales, desde luego, corresponden a su autor, y en principio está prohibido que alguien los modifique, reproduzca o incluso los glose sin dar el debido crédito en profusas notas a pie de página. Es parte del “abc” del oficio, que empeñosamente inculcamos en nuestros estudiantes.

¿Que pasaría, sin embargo, si la labor del intelectual (particularmente el que trabaja para una institución pública) no fuese objeto de una apropiación personal e institucional, sino algo que se entrega (o devuelve) a la sociedad que ha sostenido y financiado su labor? ¿Qué sucedería si, reconociendo la autoría original, la modificación posterior de la obra se realizara por consenso?

Así planteado, parece una propuesta radical, y muchos autores tendrían cierto temor a que una obra registrada bajo su nombre acabara por contener proposiciones contrarias a las que sostuvo inicialmente, o bien que sufra episodios de vandalismo. Sin embargo, existen ya diversos medios que ofrecen modelos posibles y potencialmente útiles, de los que solamente citaré dos.

La misma Wikipedia, contrariamente a lo que muchas personas piensan, tiene ciertas reglas, y conjuga la “libre edición” con cierta supervisión difusa y colectiva. Los usuarios pueden revertir cambios considerados inconvenientes o mal intencionados. Algunos artículos juzgados como “polémicos” quedan protegidos: sólo los editores conocidos por su trayectoria pueden modificar los textos. El wikipedista que reiterada y deliberadamente cometa actos contra las reglas también puede ser sancionado con una suspensión temporal o definitiva de sus derechos de edición.

La wiki de la muy respetada Encyclopedia of Earth va un paso más allá: los artículos son aceptados por editores atendiendo a su pertinencia, calidad, neutralidad y balance, de manera similar a cualquier revista académica. Posteriormente cualquier miembro registrado (hay requisitos de completa identificación y acreditación) puede modificar estos materiales; pero estos cambios deben ser aprobados por el editor inicial.

Abrir la redacción de un texto al público (o al menos a un amplio conjunto de posibles editores) no implica adentrarse en una tierra de nadie legal, ni conlleva ceder una especie de carta blanca al plagiarismo.  En lugar del antiguo sistema de derechos de autor  (“prohibida toda utilización o modificación”) las licencias Creative commons ofrecen una amplia variedad de opciones, que satisfacen diversas inquietudes y preferencias, desde las más restringidas hasta las más abiertas, incluyendo las modalidades aquí comentadas.

Si me dijeran en este momento que pase del dicho al hecho, probablemente tendría ciertas vacilaciones cuando se trata del resultado de mis investigaciones básicas y principales, que son resultado de meses y a veces años de labor intelectual; su destino final no es algo que tome a la ligera. La experiencia, además, me ha hecho tener mucho respeto por lo que he dado en llamar la Ley de las Consecuencias Inesperadas y Generalmente Indeseables  🙂  subyacentes en toda innovación. Sin embargo, de manera tentativa, no tendría mayor inconveniente cuando se trate de “estados de la cuestión” y obras de divulgación. Desde luego, para que algo así tenga sentido debería implicar a muchos autores. Sería un experimento en la creación y difusión de conocimientos  que parece interesante, y que podría sacudir convenientemente el acartonado mundo de la divulgación de la ciencia.

La blogosfera de historia mexicana en 2014

Como ya ha sido tradición decembrina de Clíotropos, les presento el listado de blogs  “de autor” dedicados a la historia mexicana.  No es exhaustivo, evidentemente. He incluido únicamente aquéllos que (en mi opinión) aportan ideas originales,  y que han mantenido cierta continuidad a lo largo del año. No he compilado los institucionales,  los que sirven de apoyo a un curso particular en algún centro educativo, o solamente distribuyen avisos o noticias (todos los cuales pueden ser, evidentemente, muy útiles). Tampoco he registrado (por ahora) los blogs de MAPFRE, donde ocasionalmente se publican excelentes artículos.

En relación a los años pasados (véanse aquí la referente a 2013), casi podría estar de acuerdo con un interesante análisis reciente de la “clíosfera”, realizado por Iñigo Fernández. Esto es, parece verse un estancamiento de lo que fue en su momento una novedad que atraía autores y lectores por su fácil acceso, flexibilidad y atractiva presentación. De hecho,  este  es el primer informe anual en el que no puedo anotar algún nuevo blog de interés. Incluso, en comparación con el año pasado, el número ha decrecido levemente: de 39 que eran, restan sólo 37. Algunos comentarios al respecto de estas tendencias pueden verse aquí.  En términos menos estadísticos, podría decirse que este multiforme archipiélago abunda en pecios blogueros, con cubiertas y mástiles poblados por melancólicos musgos y líquenes digitales. Pero aún hay muchos blogs que navegan a todo trapo, cual galante armada.

Es bueno comparar esta situación con la española, donde la plataforma Hypotheses está en franca expansión. En este caso hay un apoyo institucional, el de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, y la posibilidad de obtener un ISSN (esto es, un registro legal, similar al de las revistas), lo cual da a los blogs “respetabilidad” académica. Nada parecido hay en México, donde por alguna razón que no acabo de comprender las instituciones se han mostrado indiferentes respecto a las posibilidades autónomas de difusión de la historia.

Respecto al listado, he clasificado como “blogs personales” aquéllos que más que tener una temática, publican todo lo que interesa al autor, que puede ser muy variado. El orden es el usual y alfabético. Si en su opinión falta alguno, déjeme una nota en la sección de “comentarios”.

BLOGS SOBRE HISTORIA DE MÉXICO, activos en 2014

Aportaciones Históricas Taurinas de José Francisco Coello Ugalde

Apuntes de historia del catolicismo, de David Carbajal López (continúa el desaparecido “Ayer y hoy de la Iglesia Católica”).

La batalla de Monterrey, 1846, de Pablo Ramos.

Bibliofilia novohispana, de Marco Fabrizio Ramírez Padilla.

Cabezas de Águila, de Benjamín Arredondo.

Calixtlahuaca Archaeological Project, de Michael E. Smith y otros autores.

Cine silente mexicano, de Luis Recillas Enecoiz.

Clioscopia, de Eder Gallegos. Historia militar, historiografía y temas contemporáneos.

Colonial Mexico, de Richard Perry. Arquitectura y patrimonio.

Clíotropos, de Felipe Castro Gutiérrez. Crónicas del amor (y el desamor) de los historiadores por el mundo virtual. Del mismo autor: Peregrinaciones en el pasado, blog personal.

Crónica de Torreón, de Sergio Antonio Corona Páez.

De aquí p’ al real. A la historia por la libre, blog personal de Iván Escamilla.

Del  museo imaginario, de Adriana Gallegos. Un espacio de conversación sobre arte, museos, patrimonio y gestión cultural.

Espejo de mudanzas, Blog personal de 

Blog personal de Luis Ignacio Sánchez Rojas; sobre el periodo porfiriano y el ejército federal de esa época (este blog continúa el de Facetas históricas).

Grandes casas de México, de Rafael Fierro Gossman.

Historia, crítica y política. Blog personal de Alfredo Ávila.

Idólatras y herejes en el México colonial, de José Antonio González.

Maya Decipherment, de David Stuart. A weblog on the ancient Maya script.

Maya Mythos, de Carl Callaway.

Mexique Ancien, de Bertrand Lobjois. Blog d’information archéologique sur la Mésoamerique

La nao va, de Cuauhtemoc Villamar. El galeón de Manila y la interacción humana que une a América y Asia.

Pasado y presente de la economía mundial. Blog colectivo sobre economía e historia económica.

El pensador mexicano, blog personal de Gonzalo Tlacxani Segura.

Policromía de la historia, de Alejandra López Camacho. Historia conceptual, política, cultural y de la prensa de México y España en el siglo XIX.

El presente del pasado. Blog colectivo del Observatorio de Historia.

El reino de todos los días, blog personal de Bertha Hernández, periodista e historiadora.

Los reinos de las Indias en el Nuevo Mundo, de Natalia Silva Prada.

Repensar la conquista, de Guy Rozat.

El señor del hospital, de Benjamín Arredondo.

Teoría de la historia, de Miguel Ángel Guzmán López.

Tlamatqui, blog sobre documentos históricos.

Toda historia es contemporánea, blog personal de Catherine Andrews.

Un historiador y sus viajes, de Paulo César López Romero.

Vámonos al Bable, de Benjamín Arredondo.

Veracruz antiguo, de Uluapa Sr.

Los blogs de MAPFRE: debates y perspectiva

Una de las propuestas recientes más interesantes en la “clíosfera” son los blogs de la Fundación MAPFRE. Esta institución, sustentada por una empresa española, es bien conocida de los historiadores americanistas; ha tenido la loable iniciativa de respaldar la edición de recomendables libros de historia y, más recientemente, una colección de historias generales que reúne a conocidos autores. Su nueva plataforma bloguera (desde enero de 2014), denominada “Debate y perspectivas” es una excelente demostración de la manera en que puede realizarse la divulgación de los resultados de la investigación de una manera versátil y atractiva. Agréguese que su portal, como puede verse abajo, proporciona una perspectiva más amplia que la tradicional y fragmentaria que tanto ha afectado a nuestras historiografías nacionales.

MAPFRE-ScreenshotCabe hacer algunos comentarios. Uno de ellos es que la reunión de los distintos autores parece haberse derivado primordialmente de su participación anterior en las obras publicadas por esta empresa/casa editorial. Es cierto que no todos han contribuido con los blogs (en la mayoría, su intervención se reduce a un resumen curricular), pero parece un buen y conveniente punto de partida, que podrían adoptar otras editoriales académicas. También esta vinculación autor/bloguero subscribe una idea que ha tenido desiguales pero prometedores resultados: los blogs como extensión y continuación natural de la obra impresa. Hay ya en esta plataforma muchos contenidos de interés; véanse, sólo para dar algunos ejemplos, los de Javier Garcíadiego,  Fréderique Langue y Manuel Chust.

Por otro lado, estos blogs de MAPFRE no tienen la vivacidad y carácter personal  típico en estos medios, en los que el lector puede acercarse no solamente a la obra, sino también a la persona de quien escribe, y al empleo de una narrativa más informal.  Lo que aquí leemos son breves ensayos con el estilo propio y característico de la academia.  La impresión que dan (sin que me conste) es que no hay una edición directa del autor, sino que los editores solicitan y gestionan los ensayos. Se parecen más, en resumen, a los artículos de una “revista virtual”. Esto no es en ningún modo una objeción; simplemente, es constatación de un modelo de publicación que, como cualquier otro,  tiene sus virtudes y limitaciones. En todo caso,  sólo tendría que criticar la parquedad en el empleo de recursos propios de la edición en web (sobre todo, hiperenlaces o vínculos a recursos afines) y la ausencia de un buscador específico para los blogs (el existente compila todos los materiales existentes en la plataforma, lo cual dificulta encontrar los artículos). Pero ciertamente, ya quisiéramos tener de este lado del mar una institución con estos propósitos y un recurso tan interesante.

Habrá que seguir la evolución de esta plataforma, que presenta una alternativa más formal y coordinada frente a la caótica espontaneidad y el disperso entusiasmo  que han sido tan típicos de la blogosfera de historia.

La blogosfera de historia mexicana: comentarios sobre una revisión analítica

Los blogs o “bitácoras” han sido una aportación muy interesante en la difusión de la historia en México. Tienen ya su historia, desarrollo y tendencias, de las que en Clíotropos he dado brevemente cuenta, tanto en notas parciales como en una tradicional  revisión findeañera. Son, también, un posible y válido objeto de estudio si se consideran estos aspectos, y asimismo el carácter, formación, propósitos, logros y limitaciones de los blogueros, tanto de los que persisten a través del tiempo como aquéllos que han optado por dedicar su tiempo e imaginación a otros fines.

En este sentido, es particularmente bienvenida la aparición de un artículo de Íñigo Fernández Fernández en el volumen XX del Anuario de la Investigación en Comunicación (que puede consultarse aquí),  dedicado a “Algunos apuntes en torno a la blogósfera de historia en México”.  En su trabajo, partió  de las compilaciones anuales de este blog (un reconocimiento que agradezco) para realizar un seguimiento analítico de 41 de ellos. Asimismo, recurrió a un cuestionario remitido a sus autores, entregado en abril de 2013 (que fue contestado por la mitad, aproximadamente). El criterio de selección fue que estos blogs trataran de historia de México (incluyendo varios radicados fuera del país) y que estuvieran escritos en español (lo cual excluyó a algunos otros, como el recomendable Mexique Ancien).

De las respuestas, análisis estadístico y comentarios de Fernández se derivan datos muy relevantes. El primero es que en cuanto a su aparición y permanencia, los blogs tuvieron su momento de auge entre 2008 y 2010, y posteriormente experimentaron un retroceso cuantitativo, con varias “bitácoras” abandonadas que no fueron enteramente compensadas por los nuevos ingresos. Los motivos expuestos por los autores que así procedieron fueron sobre todo falta de tiempo por requerimientos personales y profesionales (82%),  y simple pérdida de interés (18%).

Blogs-años
Fernández Fernández, “La blogósfera….”

Un elemento llamativo es que la cuarta parte de los blogueros no tienen estudios formales en historia, lo cual podría (desde mi punto de vista) interpretarse tanto como que existe un considerable interés de personas de otras profesiones en la historia de México, o bien que no hay suficientes historiadores que opten por los blogs como medio de difusión. La encuesta muestra, por otro lado, que un 77% hicieron estudios de posgrado en distintas áreas, que un 49% reside en la ciudad de México, y que por su edad pertenecen (como quien esto escribe) a lo que Fernández llama la “generación X”, esto es, el grupo que hizo la “migración” desde la máquina de escribir a la computadora.

En cuanto a los motivos, el 54.6% inició sus blogs con el propósito de difundir la historia de México, lo cual coincide con su intención predominante (54.5%) de acercarse al público general, con un 31.8% guiado por motivos profesionales (difundir las propias investigaciones, publicaciones y actividades académicas).

La parte menos brillante que ofrece este “estado de la cuestión” se refiere a la interacción con el público lector. En efecto, aunque algunos blogs tienen gran visibilidad en línea, los comentarios son otro asunto. La mayoría de los blogueros establece límites para su publicación, ya sea mediante la revisión previa (48.8%) o de plano no los acepta(24.6%). Las razones han sido la presencia de “trollers” agresivos (que sí los hay…), spam (propaganda comercial) o simplemente, comentarios no pertinentes a los temas publicados (un blog no es un foro….). Es algo que da mucho sentido a lo que seguidamente se señala: aunque los autores tienen en principio mucho interés por los comentarios, se muestran más bien escépticos acerca de su valor concreto, hay escasas interacciones entre los propios blogueros, y no parece haber comentaristas habituales, que formen una red de comunicación. En este sentido, Fernández concluye que la blogosfera de historia en México tiene una función principalmente informativa, lo cual parece correcto aunque no nos dé la mejor imagen de los logros de la “clíosfera”.

Hay otro aspecto que ameritaría comentario. Fernández considera otras plataformas sociales (como Facebook o Twitter) en su capacidad como complementos de la actividad bloguera. Pero también es posible que la popularidad creciente de su uso haya contribuido a limitar la expansión de los blogs:  la actualización constante de estas redes sociales no requiere de tanto tiempo y dedicación, permiten (potencialmente) una mayor audiencia, y tienen una interactividad más fácil y frecuente, sobre todo para breves notas, difundir recursos, noticias y actividades académicas. Estas plataformas, como es obvio, también tienen sus inconvenientes, pero lo que aquí nos interesa sería dilucidar si están desplazando a las “bitácoras” en las funciones que parecían propias. Es probable que así sea, al menos en el caso de la historia de México, lo cual nos llevaría a repensar su función. Quizás la utilidad de los blogs sea más formal que la prevista, y que tenga más sentido acercarlos a repositorios de breves ensayos, y a publicaciones afines como las revistas académicas (que, de manera convergente, tienen ya cierta incipiente tendencia a expandirse hacia las redes digitales, como puede verse con los recientes experimentos de la venerable Hispanic American Historical Review).

Más allá de sus valiosos datos y pertinentes reflexiones, este artículo muestra que la evolución de  la historia digital es un sujeto muy digno de estudio, y que ya resulta aceptable y aceptado por publicaciones formales. Ojalá sea algo que tenga una deseable continuidad, porque permitiría a las instituciones acercarse a temas contemporáneos, y a reflexionar sobre la manera en que hoy día hacemos y difundimos la historia.