“La Investigación Siempre Inconclusa; o La Tiranía de la Letra Impresa”. Drama en muchísimos actos con epílogo tecnológico

C uando un alumno estudia la carrera de historia (o, supongo, cualquier otra de las humanidades y algunas ciencias sociales) pasa invariablemente por una asignatura de metodología. Allí se le explica e inculca que los pasos de una investigación (tesis, artículo o libro) son nítidos e invariables: elección de un tema, diseño de un proyecto, revisión de la bibliografía adecuada, búsqueda  (en su caso) de documentos de archivo o trabajo de campo, redacción con la correspondiente introducción, división de capítulos, notas, cuadros y mapas, y la feliz conclusión. Todo esto, evidentemente, tiene su fin en la impresión del texto y su presentación pública. Y luego, pues, a otra cosa.

En la práctica, esto no es del todo así. Como los sufridos editores saben bien, para el autor es una tentación casi irresistible realizar correcciones en la mitad del proceso editorial. Y aun ya publicada la obra, sucede que el investigador encuentra nuevos materiales, tiene otras lecturas y descubre  ideas que bien podrían mejorar, adicionar o corregir lo ya hecho. Por lo común esto se queda en el ámbito del “si hubiera…”; lo escrito así está, y cada libro es producto de su momento. Pero a veces ocurre que el veleidoso autor cede a la tentación de hacer una “segunda edición corregida y aumentada”.

¿Es esto un defecto metodológico, o alguna especie de obsesión intelectual que lleva a nunca dar por cerrada una investigación? Algo hay de las dos cosas, pero lo que también sucede es lo que podríamos llamar la tiranía de la letra impresa. Realmente, una investigación nunca termina; simplemente llega al estado en que puede publicarse. El hecho puramente material de que un texto deba darse por concluido para poder imprimirse ha condicionado durante siglos nuestras opciones intelectuales.

Esta es una tradición que puede estar llegando a su ocaso con la aparición y creciente difusión del texto digital. En general, hemos considerado que la versión “virtual” de un texto es simplemente un “espejo” de la impresa, y que debe someterse a las mismas reglas y convenciones. En realidad, no tiene porqué ser así. Por ejemplo, en el momento en que el escrito pasa a una presentación que puede modificarse fácilmente, no hay razón técnica para que el autor no pueda modificarlo y corregirlo tantas veces como sea necesario,  en beneficio propio y del público. Considerarlo así iría en contra de una arraigada tradición científica que viene, supongo, desde los primeros libros impresos, a mediados del siglo XV. Pero hasta la letra impresa, recordémoslo, fue en su momento una novedad.

Podría objetarse que el lector o el estudioso tendría la incómoda situación de referirse o apoyarse en un texto potencialmente variable.  Sin embargo, nuestra metodología ya ha evolucionado para adaptarse a las nuevas situaciones, y hoy es de rigor citar una página web mencionando la fecha de publicación y de consulta, como propone por ejemplo automáticamente la revista virtual Nuevo Mundo – Mundos Nuevos (las letras resaltadas son mías):

Natalia Silva Prada, « Profecía y política: reflexiones historiográficas para una introducción al dossier ‘A propósito del año 2012: Vetas políticas del profetismo moderno y contemporáneo’ », Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Debates, 2012, [En línea], Puesto en línea el 09 julio 2012. URL : http://nuevomundo.revues.org/63656. Consultado el 14 agosto 2012.

También ya existe la tecnología para saber cuáles han sido los cambios en el tiempo, en este caso asociado a la plataformas “wiki”, donde aparece el “Historial” y pueden consultarse  y compararse las distintas versiones de manera muy clara  (el ejemplo lo he tomado del artículo “Antonio de Mendoza y Pacheco”).

¿Transformará este cambio en el soporte tecnológico de la investigación nuestras normas y convenciones de presentación de resultados? En verdad, no se me ocurre un buen argumento en contrario, pero desde luego esto tampoco significa que así ocurra. Hay hábitos que no cambian fácilmente, así que habrá que verlo.

….

* Este breve ensayo está afectuosamente dedicado a Ena Lastra y los demás pacientes y dedicados colegas que dan vida al Departamento Editorial del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.

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Un comentario en ““La Investigación Siempre Inconclusa; o La Tiranía de la Letra Impresa”. Drama en muchísimos actos con epílogo tecnológico

  1. Me pareció muy interesante el artículo y de mucha utilidad como una referencia para mi investigación en la Maestría en Enseñanza de la Historia en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, sobre la influencia de las TIC´S y en general del Internet en los procesos educativos universitarios.
    Gracias por el aporte
    Os mando un saludo

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