“Rankeando” la versión virtual de las universidades

Como cada semestre,  el Laboratorio de Cibermetría del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, España, ha rankingpresentado el Ranking Web de  Universidades del Mundo. Esta última versión confirma el paulatino ascenso de la Universidad Nacional Autónoma de México, que pasa del lugar 51 al 44, lo cual la ubica en la lista que ese laboratorio denomina, con términos muy futboleros, “la primera división”.  Cabe observar que casi  todas las universidades que están por delante se hallan establecidas en Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña. La excepción es un instituto tecnológico de Zurich, Suiza, en el lugar 40.  En Latinoamérica, la segunda mejor universidad es la de San Pablo, Brasil, en el lugar 87.

Hay otras historias no tan lucidoras, pero que alimentan el optimismo. La Universidad de Sonora, por ejemplo, pasó del lugar 1690 al modesto pero prometedor 1260. No está mal, en sólo seis meses.

Según los organizadores, el Ranking inicialmente tuvo el propósito de fomentar el uso de la web, no de poner a las instituciones a competir entre sí -que, obviamente, es lo que ha ocurrido. Por ejemplo, en México, el tema ha dado para alimentar la añeja rivalidad entre universidades públicas y privadas (el prestigioso Tecnológico de Monterrey está en el sitio 406), a veces con encendidos comentarios. Es de advertirse que este “escalafón” no evalúa directamente la docencia o la investigación, ni la excelencia global de las instituciones.  Por otro lado, evidentemente, la calidad de estas actividades tiene cierta relación con lo que pueden ofrecer en sus páginas web.

El índice se obtiene de manera compuesta, adjudicando 20% al tamaño de la web, 15% a los archivos en texto enriquecido (esto es, DOC, PDF, PPT que son los típicos de las publicaciones científicas), 15% a la presencia en Google Académico (por lo cual se ve que este servicio comienza a ser un indicador en sí) y 50% a la visibilidad, medida como la cantidad de links externos que dirigen al lector hacia la institución. El tráfico por sí mismo no es tomado en cuenta, a diferencia del famoso algoritmo de Google.

Traducido a términos prácticos, esto significa que el lugar de una institución en el ranking depende de la importancia que concede (en términos técnicos y presupuestales) a su presencia en web, así como  a su capacidad de generar contenidos originales y  de interés.  Una planta académica diversa, numerosa y calificada es una ventaja  importante, pero solamente si se permite, estimula y recompensa la difusión de sus actividades y productos en web. Aunque esta decisión parezca algo de sentido común, no ha sido así. Por ejemplo, la presentación en línea de las revistas científicas encontró en México muchas resistencias (tanto de las instituciones como de muchos académicos); la digitalización y publicación gratuita de libros es una propuesta que aun está en proceso; y que un investigador o profesor tenga su propio blog o página web para difundir sus ideas (como ocurre rutinariamente en muchas universidades de Estados Unidos)  es algo que ni siquiera está en discusión.

Ciertamente, hemos avanzado mucho en pocos años. Pero hay obstáculos que no son ni técnicos ni presupuestales  para  el pleno desarrollo de la versión virtual de las universidades mexicanas. Y no van a superarse  fácilmente. Baste recordar que, aunque parezca increíble, hay instituciones univesitarias de primer nivel que todavía anuncian sus actividades, publicaciones y proyectos con costosos, lentos e ineficientes boletines impresos.

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