Web 2.0: etiquétame, favoritéame, contágiame

La web 2.0 es un concepto (si es que así puede definirse) para referirse a un conjunto de aplicaciones en internet donde el usuario puede participar en redes sociales, así como crear, clasificar, calificar y distribuir contenidos. Del punto de vista técnico, no presenta tanto una innovación como un énfasis en los servicios en red, que no requieren descargar o instalar programas en la computadora del usuario.

El concepto es relativamente reciente y ha sido criticado por tener más brillo que sustancia. Sin embargo, comprende varios productos, tendencias y actitudes que no pueden ser definidas de otra manera, y que están afectando sustancialmente la manera en que utilizamos el ciberespacio. Productos típicos y conocidos de la “web 2.0” son facebook, flicker, youtube y delicious, por citar algunos. Hay varias prácticas de estos desarrollos que vale la pena comentar, y que pueden definirse como acciones: etiquétame, favoritéame y contágiame.

Etiquétame. Estas aplicaciones utilizan casi universalmente un sistema de “etiquetas” (“tags”) para clasificar la información. Son similares a los descriptores que aparecen al final de las fichas bibliográficas, con una gran diferencia. Mientras los sistemas bibliográficos como el Dewey recurren a una taxonomía (esto es, descriptores fijos, creados con buen o mal criterio por un comité de expertos) las aplicaciones web 2.0 utilizan una “folksonomía”, es decir, cada persona crea su propio sistema de clasificación. Agréguese que por lo común no hay forma de establecer una jerarquía entre las etiquetas: esto es, “Historia”, “Historia de México” “Historia económica de México” e “Historia de la arriería” conviven confusamente en un mismo plano, sin que pueda navegarse de lo general a lo particular. Si todo esto suena como una receta para el caos, es porque así es. Es el producto del desarrollo anárquico, no planificado e imprevisible de la red (que, por otro lado, tiene sus virtudes). También es parte de una tendencia muy presente en la nueva generación de internautas: la rebelión contra los “expertos” que en el mundo “no-virtual” crean reglas que todos debemos obedecer, y conocimientos que se supone debemos aceptar. Aquí, en contraste, todos somos (o podemos pretender ser) expertos. Así, miles de etiquetas surgen cada día; algunas prosperan, mientras otras acaban en algún páramo virtual, sin que nadie les haga caso.

Favoritéame. Varias aplicaciones (Digg, Technorati, Connotea) utilizan un sistema de marcadores sociales que permiten al usuario seleccionar y “favoritear” ciertos artículos, noticias o contenidos, depositarlos en un espacio personal (privado, compartido o público) y poner a competir estos marcadores con los de otros usuarios en popularidad y credibilidad. Las noticias o contenidos que son seleccionados por mayor número de lectores tienen el honor de aparecer brevemente en la página principal de la aplicación; el usuario que tiene los marcadores más populares gana en prestigio (a veces llamado “karma”). Todo esto puede parecer bastante inútil para nosotros, dado que tenemos campos de interés muy específicos (la historia fiscal, por decir algo, difícilmente puede competir en atractivo con el último escándalo de la celebridad de moda). También puede parecernos superfluo, dado que no es nuestro asunto participar en competencias de popularidad, y en nuestro medio puede ocurrir que el libro más vendido en determinado año no sea necesariamente el mejor.

Sin embargo, si bajamos un momento de nuestra nube de respetabilidad académica, pueden verse ciertas similitudes. El prestigio en nuestro gremio se establece por el reconocimiento de los demás colegas, de los “pares“. Tenemos nuestros propios sistemas para “favoritear” a los autores y la calidad de los libros y artículos publicados. Las citas realizadas en los artículos científicos para referirse a la “bibliografía relevante del tema”, son el más notorio de estos “marcadores” profesionales. Han cobrado tal importancia que la cantidad de citas (tal como aparece en el science citation index) se ha convertido en una socorrida herramienta de evaluación del trabajo científico (a pesar de muchas protestas, en particular, de los humanistas). Evidentemente, los “marcadores virtuales” no pueden cumplir con esta función de evaluación; pero es posible que pudiéramos encontrar algún uso a un sistema que midiera el impacto social de la labor científica, permitiendo al público seleccionar y calificar (o“favoritear”) en línea los artículos y libros publicados sobre determinado campo de conocimiento. Se supone, al cabo, que (a diferencia de los matemáticos, por ejemplo) no escribimos exclusivamente para nosotros mismos.

Contágiame. Otra modalidad de la “web 2.0” es la difusión “viral” (así se le llama, no es mi invento). Esto es, cada persona puede definir un grupo de “amigos” con los que comparte contactos personales, contenidos y marcadores sociales. Nuestros “amigos” pueden a su vez compartir esta información con todos sus corresponsales, de manera que en poco tiempo una persona puede hallarse en el medio de una red bastante densa y extendida de comunicación. Es frecuente que los desarrolladores de aplicaciones “virales” mencionen algo que sospecho es una especie de “leyenda urbana”: que todas las personas están relacionadas entre sí a una distancia máxima de seis contactos.

Podríamos descartar estas “redes virales” como una frivolidad, apropiada solo para jóvenes de entre 15 y 25 años que tienen el vago propósito de tener muchos amigos, o bien encontrar una pareja con quien salir el viernes por la noche. No obstante, es evidente que en nuestro gremio (como en cualquier otro) existen redes de comunicación, de apoyo mutuo y de reciprocidad entre colegas que son importantes para el desarrollo (algunos dirían que incluso el éxito) profesional. Es posible que pudiéramos utilizar con provecho algunas aplicaciones que permitieran dar una expresión virtual y mejores herramientas de interacción a estas redes sociales.

En mi próximo mensaje comentaré varias de estas aplicaciones de la “web 2.0” en relación a su posible utilidad para la investigación, difusión y docencia en humanidades. Permanezcan en sintonía.

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2 comentarios en “Web 2.0: etiquétame, favoritéame, contágiame

  1. Eva…la verdad, es muy difícil explicar lo que es una red social a quien nunca la ha usado, y que tampoco está familiarizado con sus componentes. Yo ensayaría diciendo que la “difusión viral” es como las antiguas “cadenas de cartas”, que las etiquetas se parecen a los descriptores de la bibliotecas, y que “favoritear” en grupo no es muy distinto a las conversaciones en la cafetería sobre las películas preferidas. Ah, y hay una tecnología actual que ha incorporado algunos de estos elementos, y que es usada por personas desde los 2 a los 85 años: el teléfono móvil.
    Que haya suerte, porque no la tienes fácil.

  2. Hola, tengo que escribir algo sobre Connoeta y caí aqui. El lenguaje que usas me gusta, pero no lo va a entender la gente a la que está dirigido el artículo que tengo que publicar. Para empezar me han vetado las primeras palabras como Web 2.0 o blog. Quiero explicar que los marcadores sociales son aplicaciones dentro de la denominada web 2.0 y es que ni eso. Toy harta!, pero bueno, estoy visitando blogs que lo explican y muy bien. Solo que necesito alguno que lo explique para niños de 2 años o asi..o personas de 85.

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