Los historiadores y la construcción del pasado

Transcribo del excelente blog ConTextos de Adolfo Estalella:

Hay muchas formas de hacer ciencia y estar en la Academia. …Así que en este poco tiempo que tenemos antes de salir del nido que es la tesis, tenemos que elegir en cierta forma el tipo de científico que queremos ser. Y en estas nos encontraremos con quienes intentan imponer el modelo del científico unidimensional. La pregunta clave que hemos de responder en los años de tesis es: ¿qué tipo de relación vamos a establecer como científicos con la academia y con la sociedad? El científico unidimensional es el que dialoga sólo con una de esas dos comunidades. El de la torre de marfil, que olvidó hace tiempo cuál es (o quizás cuál debería ser) la razón íntima y última de su labor y vive de espaldas a la sociedad; y el otro, el que de tanto creer en esa razón última y abrazarla se olvidó de entablar un diálogo con sus pares.

La alternativa al científico unidimensional es… estoy buscándola, pero intuyo que exige una tensión permanente entre el diálogo con unos y con otros. Lamentablemente es difícil. El equilibrio no significa necesariamente un 50/50, sino una cierta actitud, que en ocasiones pasa por el riesgo y la audacia.

Este breve ensayo toca un problema real, que debería ser materia de reflexión para los humanistas en general y para los historiadores en particular. En efecto, por ahí de los años 60s los historiadores dimos en sostener que nuestra disciplina era “una ciencia coma cualquier otra”, y que lo que hacíamos era algo parecido a una sociología del pasado. Reclamábamos un estatuto científico, y con él, desde luego, el respeto, las consideraciones y el respaldo institucional que toda ciencia merece. Esto implicó la adopción de un metalenguaje técnico, de un andamiaje teórico, y la dedicación obsesiva (como toda ciencia que se respete) por objetos de estudio cada vez más especializados.

Dicen que los dioses castigan a los míseros mortales concediéndoles sus más anhelados deseos. En efecto, los historiadores conseguimos nuestros objetivos, recibimos apoyos financieros de las instancias gubernamentales dedicadas al fomento científico, resultamos presentables en las academias de ciencias, y al fin pudimos sentarnos junto con los biólogos y los matemáticos. Todo esto estuvo sin duda muy bien, pero por el camino lamentablemente perdimos a nuestros lectores. Hoy día, ocurre que no escribimos para el público en general, sino para otros especialistas que a su vez escriben con la esperanza de que nosotros los leamos. Hay sus notables excepciones, pero la mayor parte de nuestros libros acumulan polvo en las bodegas y, de hecho, las instituciones universitarias están en proceso de reducir cada vez más el número de ejemplares editados.

Obviamente, a un físico o a un lingüista no se le pide que sea ameno, y ni siquiera se considera importante que publique libros o sea conocido entre el público. El problema para nosotros es que la historia no es solamente un “interesante campo intelectual”. En las sociedades hispanoamericanas la idea de un pasado compartido es el fundamento de la identidad colectiva, y la historia sigue siendo un argumento de autoridad. Basta ver, por ejemplo, las frecuentísimas referencias de nuestros ilustrados gobernantes (o candidatos a serlo) que a cada rato dicen que “nunca antes en la historia de…”, o “por primera vez en la historia”. Y no es solamente en el discurso (o los dislates) de los políticos: en la prensa, en el lenguaje cotidiano, aparecen frecuentemente frases de este género.

Existe, pues, un gran interés por la historia….pero, lamentablemente, hay muy escaso interés por la obra de los historiadores. Ha sido en gran parte nuestra culpa, aunque en mucho también han contribuido las instancias evaluadoras que menosprecian el trabajo de divulgación o sospechan que somos poco serios cuando nos alejamos del lenguaje casi esotérico de las ciencias sociales. La memoria histórica es construida por el sistema público de educación, los partidos políticos, las cadenas de televisión y las redacciones de los periódicos, esto es, en medios y espacios en que los historiadores tenemos poca influencia. En pocas palabras, hemos prácticamente abandonado nuestras responsabilidades públicas en la construcción colectiva del pasado. Espero que algún día no tengamos que arrepentirnos de haber dejado que así fuese.

……………………………
Para citar este artículo:
Felipe Castro, “Los historiadores y la construcción del pasado”, en Clíotropos. https://cliotropos.wordpress.com/2008/07/03/los-historiadores-y-la-construccion-del-pasado/

Puesto en línea el 11 de junio de 2008.

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Un comentario en “Los historiadores y la construcción del pasado

  1. Primero que nada, felicitaciones por tu blog. Comentario trivial: ¿Podrías agrandar un poco la fuente que usas? Es difícil leer entradas tan largas con una fuente tan pequeña. ¿O quizá hacer las entradas mas cortas? Perdón, pero mi lapso de atención es corto… A la mitad ya me perdí…

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