Internet y la socialización del conocimiento

Un pálido fantasma ha comenzado a sembrar la aprensión en el gremio de los humanistas. Aletea trémulo en cada pantalla de computadora; asoma su inquieta presencia en los cibercafés; se insinúa incluso descaradamente en las salas de cómputo de escuelas y bibliotecas, a plena luz del día.

Ocurre que desde la aparición de las páginas web, la producción de los académicos ha comenzado a salir del habitual, estrecho y frecuentemente elitista círculo de lectores universitarios. Prácticamente todas las revistas académicas de mayor prestigio ofrecen ya sus artículos gratuitamente en línea ; Google Libros presenta secciones más o menos extensas de los libros publicados por la UNAM, Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica y Universidad Iberoamericana; algunas instituciones comienzan tímidamente a publicar ediciones digitales de sus obras. Es una tendencia creciente y todo parece indicar que irreversible.

Lo que en sí sería una bienvenida innovación (una queja universal de los investigadores es que su trabajo pasa desapercibido), ha generado una consecuencia inesperada. Más de un autor ha descubierto que los acontecimientos y conclusiones que le han costado años de trabajo establecer comienzan a publicarse aquí y allá en paginas web, blogs, foros virtuales y, notoriamente, en Wikipedia, sin que se le dé el debido crédito. Las personas que escriben en estos medios no parecen tener muy claro en qué consiste el derecho de autor, o bien les tiene sin cuidado. A esto se le llama utilización descuidada, apropiación indebida o, cuando despierta mayor indignación, se le adjudica un nombre feo y malsonante: plagio.

El problema presenta diferentes ángulos que deberían considerarse por separado. Por un lado, resulta cada vez más claro que el antiguo concepto de propiedad intelectual (los derechos totales, exclusivos y monopólicos del autor y del editor, la prohibición absoluta de reproducción sin autorización previa) es cada vez más obsoleto e inaplicable. Su opuesto, el libre acceso, o sea la consulta y utilización libre y sin restricciones (que tiene sus razones y partidarios), desanima tanto a los autores como a las instituciones. En el medio se halla un concepto que está lentamente avanzando, propuesto en particular por el proyecto Creative Commons: los derechos flexibles de autor y del editor, que permiten (bajo diferentes opciones) el acceso abierto a la producción científica y su utilización para fines no comerciales, pero exigen en contraparte el reconocimiento del trabajo intelectual. (Es, por cierto, la modalidad que ampara los contenidos de este blog, como puede verse en la barra lateral). Se trata de un cambio en la noción de propiedad intelectual que no va a ser aceptado fácilmente, por más inevitable que sea. No es un asunto meramente jurídico, sino también cultural.

Por otro lado, es evidente que hay que educar al público. Quienes hoy dìa utilizan la red se han habituado a verla como una especie de enciclopedia universal, donde lo mejor del conocimiento está disponible de manera gratuita y sin restricciones. No se trata necesariamente de nuevos conocimientos, porque muchos ya se encontraban disponibles desde hace décadas en bibliotecas y librerías. Pero la explosión del acceso a Internet ha provocado que se vuelva común redactar artículos periodísticos, notas de difusión o trabajos escolares con el sistema de “copiar y pegar”. Las la diferencias entre comentar, parafrasear y y citar textualmente una obra se han vuelto borrosas.

Los medios académicos podrían, ciertamente, dedicarse a hacer lo que supuestamente hacen mejor: educar a la sociedad, particularmente en el concepto de autoría y propiedad del conocimiento. No es difìcil incluir en cada publicación en línea una breve advertencia sobre que es de buen uso reconocer el trabajo de los autores, además de proporcionar a pie de artículo el texto correcto que debe utilizarse para darles crédito (como hace, por ejemplo, la revista virtual Nuevos Mundos).

En último término, no me cabe duda de que los humanistas de oficio (y los aspirantes a serlo) deben de respetar y cumplir con las normas establecidas para reconocer el trabajo de sus antecesores. Aspirar a que el público lo haga es algo deseable, pero que nunca va a conseguirse por entero. Sin embargo, tanto autores como instituciones deberían ver las nuevas circunstancias como una oportunidad, y no como una molestia indeseable. Lo que estamos presenciando es un fenómeno nuevo: el saber académico está alcanzando una difusión que habría sido impensable hace varias décadas. Para el autor, que su trabajo aparezca aquí y allá, como conocimiento público y común, debería ser una fuente de satisfacción. Al igual que ciertas canciones que a fuerza de ser cantadas ya no se recuerda su autor, y que hasta parece ocioso mencionarlo, su trabajo ha sido aceptado por la sociedad. Más que un inconveniente, debería verse como una especie de distinción.

………….

Para citar este artículo:
Felipe Castro, “Internet y la socialización del conocimiento”, en Clíotropos. Puesto en línea el 11 de junio de 2008. https://cliotropos.wordpress.com/2008/06/12/
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