Google Libros: los riesgos y los beneficios

El acuerdo entre Google y la UNAM con el objetivo de digitalizar la producción bibliográfica universitaria y difundirla mediante Google Libros ha provocado la aparición de algunas reservas y críticas. Algunas simplemente muestran el desconocimiento de los reporteros de la “fuente cultural” acerca de los medios utilizados y utilizables para este fin. Otras, como las publicadas recientemente en Proceso, presentan objeciones que ameritan considerarse con cuidado, examinando los diferentes ángulos y consecuencias a largo plazo de estos acuerdos.

Como era de esperarse, los escépticos han retomado los argumentos presentados hace algunos años por Jean-Noël Jeanneney, ex director de la Biblioteca Nacional de Francia (BnF), quien sostuvo reiteradamente que la dominancia mundial de Google Libros resultaría en una mayor influencia hegemónica del inglés, en perjuicio de la diversidad cultural.

Vale la pena comentar que la posición de Jeanneney forma parte de una arraigada actitud nacional. Como los franceses fueron pioneros en un sistema de telecomunicación de textos (el minitel) tardaron muchos años en decidirse a aceptar el internet (con el mismo argumento de la invasión cultural anglosajona, que no ha cambiado en décadas). Frente a Google, impulsaron un buscador europeo, Quaero, que no fue a ninguna parte. La Biblioteca Digital Europea (que es citada como modelo en el artículo de Proceso) es otro proyecto reactivo, con la escasa agilidad de todos los programas gubernamentales paneuropeos. En Francia (que es el país que realmente mueve la iniciativa) después de muchos años han obtenido un prototipo, Europeana, desarrollado precisamente por la BnF. Por lo pronto, Europeana presenta algunos resultados interesantes (les prometo una nota más amplia al respecto), pero se trata de un recurso estrictamente regional y que presenta problemas de compatibilidad con sistemas previos (el Gallica) de la propia BnF.

Más allá de las dificultades técnicas, la cuestión radica en si es realmente necesario destinar cuantiosos recursos para competir con un sistema de localización, consulta y descarga de libros que ya existe, es eficiente, incluye ya diez mil editoriales y un millón de libros y, para colmo de ventajas es enteramente gratuito, lo cual es un punto muy sensible para las editoriales o universidades locales, siempre escasas de recursos. El argumento de la defensa del lenguaje es simplemente absurdo. Google no parece tener el propósito de imponernos el inglés (de hecho ya tiene versiones en 42 idiomas, incluyendo el español) y del punto de vista meramente práctico es evidente que la mejor manera de promover la propia cultura es que sea accesible fácilmente desde cualquier computadora. Personalmente, ya he encontrado y consultado verdaderas joyas bibliográficas en español, sin necesidad de viajar hasta las bibliotecas de Oxford o New York.

Un punto que amerita atenta consideración es la conveniencia de depender de una sola compañía o institución (sin importar que sea estadounidense, francesa o china) para difundir la producción bibliográfica mundial. La UNAM, ciertamente, ha mostrado mucha prudencia (incluso, excesiva, en mi opinión) y solamente ha autorizado la consulta en línea de entre 5 y 20 páginas de cada obra. Hasta el momento Google ha tenido en general un buen comportamiento corporativo,y no ha pretendido obtener beneficios directos ni de usuarios ni de editores, a pesar de los considerables costos que debe implicar la digitalización de miles de libros. Tampoco parece que su buscador tenga algún siniestro código de búsqueda escondido que favorezca a sus compañías asociadas, o a los libros escritos en inglés.

En resumen, parece comprensible (aunque sea de dudosa utilidad para la “defensa de la cultura”) que cada país desarrolle su propio programa de digitalización bibliotecaria…si está realmente dispuesto a pagarlo. Pero es claro que el futuro pertenece a los buscadores universales, flexibles, fáciles de usar e integrados con otros recursos afines (buscadores de revistas, periódicos, webpáginas y blogs). Aparentemente será Google, pero si surge otra mejor opción o si esta compañía falta a los principios de gratuidad y equidad, el usuario buscará inevitablemente otras alternativas. Baste recordar que hace veinte años creíamos que IBM iba dominar el mundo cibernético, y hace diez Altavista parecía destinado a ser el buscador preferido.

 

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