La colección digital de la Biblioteca Lafragua, BUAP

Junio 28, 2008
Recibo y transcribo este comunicado:

Quiero hacer de su conocimiento que en la página web de la biblioteca “Lafragua” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, concretamente en la sección *Recursos web* identificada por una pestaña azul y en el programa *xmLibris*, que presenta libros y documentos a texto completo, se encuentran -digitalizados- 99 obras, impresos y manuscritos que forman la colección digital de la biblioteca José María Lafragua de la BUAP.

Para visualizar mejor las imágenes, una vez que se ha seleccionado la obra, recomiendo usar la opción *original* (parte inferior izquierda) para obtener el tamaño apropiado para una lectura cómoda y, por último,
pasar las páginas mediante la opción *siguiente* hasta ver la totalidad del texto…

Manuel E. de Santiago Hernández, director

Este aun modesto pero prometedor proyecto de digitalización se une a varios otros proyectos de edición digital de libros y documentos. Las imágenes disponibles tienen muy buena calidad, y pueden descargarse en la computadora del lector.


Internet y la socialización del conocimiento

Junio 12, 2008

Un pálido fantasma ha comenzado a sembrar la aprensión en el gremio de los humanistas. Aletea trémulo en cada pantalla de computadora; asoma su inquieta presencia en los cibercafés; se insinúa incluso descaradamente en las salas de cómputo de escuelas y bibliotecas, a plena luz del día.

Ocurre que desde la aparición de las páginas web, la producción de los académicos ha comenzado a salir del habitual, estrecho y frecuentemente elitista círculo de lectores universitarios. Prácticamente todas las revistas académicas de mayor prestigio ofrecen ya sus artículos gratuitamente en línea ; Google Libros presenta secciones más o menos extensas de los libros publicados por la UNAM, Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica y Universidad Iberoamericana; algunas instituciones comienzan tímidamente a publicar ediciones digitales de sus obras. Es una tendencia creciente y todo parece indicar que irreversible.

Lo que en sí sería una bienvenida innovación (una queja universal de los investigadores es que su trabajo pasa desapercibido), ha generado una consecuencia inesperada. Más de un autor ha descubierto que los acontecimientos y conclusiones que le han costado años de trabajo establecer comienzan a publicarse aquí y allá en paginas web, blogs, foros virtuales y, notoriamente, en Wikipedia, sin que se le dé el debido crédito. Las personas que escriben en estos medios no parecen tener muy claro en qué consiste el derecho de autor, o bien les tiene sin cuidado. A esto se le llama utilización descuidada, apropiación indebida o, cuando despierta mayor indignación, se le adjudica un nombre feo y malsonante: plagio.

El problema presenta diferentes ángulos que deberían considerarse por separado. Por un lado, resulta cada vez más claro que el antiguo concepto de propiedad intelectual (los derechos totales, exclusivos y monopólicos del autor y del editor, la prohibición absoluta de reproducción sin autorización previa) es cada vez más obsoleto e inaplicable. Su opuesto, el libre acceso, o sea la consulta y utilización libre y sin restricciones (que tiene sus razones y partidarios), desanima tanto a los autores como a las instituciones. En el medio se halla un concepto que está lentamente avanzando, propuesto en particular por el proyecto Creative Commons: los derechos flexibles de autor y del editor, que permiten (bajo diferentes opciones) el acceso abierto a la producción científica y su utilización para fines no comerciales, pero exigen en contraparte el reconocimiento del trabajo intelectual. (Es, por cierto, la modalidad que ampara los contenidos de este blog, como puede verse en la barra lateral). Se trata de un cambio en la noción de propiedad intelectual que no va a ser aceptado fácilmente, por más inevitable que sea. No es un asunto meramente jurídico, sino también cultural.

Por otro lado, es evidente que hay que educar al público. Quienes hoy dìa utilizan la red se han habituado a verla como una especie de enciclopedia universal, donde lo mejor del conocimiento está disponible de manera gratuita y sin restricciones. No se trata necesariamente de nuevos conocimientos, porque muchos ya se encontraban disponibles desde hace décadas en bibliotecas y librerías. Pero la explosión del acceso a Internet ha provocado que se vuelva común redactar artículos periodísticos, notas de difusión o trabajos escolares con el sistema de “copiar y pegar”. Las la diferencias entre comentar, parafrasear y y citar textualmente una obra se han vuelto borrosas.

Los medios académicos podrían, ciertamente, dedicarse a hacer lo que supuestamente hacen mejor: educar a la sociedad, particularmente en el concepto de autoría y propiedad del conocimiento. No es difìcil incluir en cada publicación en línea una breve advertencia sobre que es de buen uso reconocer el trabajo de los autores, además de proporcionar a pie de artículo el texto correcto que debe utilizarse para darles crédito (como hace, por ejemplo, la revista virtual Nuevos Mundos).

En último término, no me cabe duda de que los humanistas de oficio (y los aspirantes a serlo) deben de respetar y cumplir con las normas establecidas para reconocer el trabajo de sus antecesores. Aspirar a que el público lo haga es algo deseable, pero que nunca va a conseguirse por entero. Sin embargo, tanto autores como instituciones deberían ver las nuevas circunstancias como una oportunidad, y no como una molestia indeseable. Lo que estamos presenciando es un fenómeno nuevo: el saber académico está alcanzando una difusión que habría sido impensable hace varias décadas. Para el autor, que su trabajo aparezca aquí y allá, como conocimiento público y común, debería ser una fuente de satisfacción. Al igual que ciertas canciones que a fuerza de ser cantadas ya no se recuerda su autor, y que hasta parece ocioso mencionarlo, su trabajo ha sido aceptado por la sociedad. Más que un inconveniente, debería verse como una especie de distinción.

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Para citar este artículo:
Felipe Castro, “Internet y la socialización del conocimiento”, en Clíotropos. Puesto en línea el 11 de junio de 2008. http://cliotropos.wordpress.com/2008/06/12/

La Colección Digital de la Universidad Autónoma de Nuevo León

Junio 4, 2008

Mi colega Linda Arnold me ha enviado una nota llamando la atención sobre la Colección Digital de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que sin hacer mucho ruido mediático ha digitalizado y puesto a disposición del público en formato pdf (incluso con la opción de “descargar” el texto a la propia computadora) su colección de libros raros y antiguos.

EL buscador es muy sencillo y eficiente, aunque solamente examina los datos contenidos en la ficha bibliográfica (título, autor, pie de imprenta, materia). Permite, por otro lado, búsquedas cruzadas en diferentes campos.

A modo de ejemplo, incluyo abajo una relación de algunas de las obras existentes.
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Album Hidalgo: obra monumental consagrada al recuerdo del primer caudillo de la Independencia de México
México: Tipografía de Ireneo Paz, 1883

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Anales mexicanos o sea cuadro cronológico de los hechos más notables pertenecientes a la historia de México, desde el siglo VI hasta el año 1889 / por Agustín Rivera. San Juan de los Lagos: Tip. de Vicente Veloz, 1889

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Antigüedades mexicanas, Láminas publicadas por la junta colombina de México en el cuarto centenario del descubrimiento de América. Junta Colombina de México. México: Of. Tip. de la Sria. de Fomento, 1892

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Apuntes para escribir la historia de los proyectos de Monarquía en México, desde el Reinado de Carlos III hasta la instalación del Emperador Maximiliano / por D. J. Hidalgo.
París: Libr. Española de Garnier Hermanos, 1868

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Apuntes para la historia de la guerra entre México y Estados Unidos / por Ramón Alcaraz.. (y otros)
México: Tip. de Manuel Payno, 1848

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Carta acerca del origen de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de México / por Joaquín García Icazbalceta. México : Ed. Verdad, 1896

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Causa de Fernando Maximiliano de Hapsburgo; que se ha titulado Emperador de México y sus llamados Generales Miguel Miramón y Tomás Mejía sus cómplices por delitos contra la Independencia y la seguridad de la nación, el orden y la paz pública. México: A. Pola, 1907

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Colección de documentos eclesiasticos de Mexico : ó sea Antigua y moderna legislación de la iglesia mexicana… / comp. por Fortino H. Vera. Amecameca : Imp. del Colegio Católico, 1887

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La Biblioteca Digital Hispánica

Mayo 29, 2008

(texto publicado en Nuevos Mundos, mayo 2008 )

El pasado mes de enero la Biblioteca Nacional de España puso en línea la Biblioteca Digital Hispánica (BDH) Este valioso recurso proporciona el acceso, lectura y (en algunos casos) descarga gratuita a una amplia selección (unos 10000 títulos ) de las obras más notables custodiadas por esa venerable institución. Para bien o para mal, no es un programa de digitalización masiva al estilo de Google Libros.Más bien, se trata de un programa orientado a los “tesoros bibliográficos” de la institución, esto es, impresiones antiguas (entre los siglos XV y XIX), de autores célebres o visualmente muy atractivas.

La colección actualmente disponible se divide en “Dibujos”, “Grabados”, “Historia”, “Obras Maestras”, “Carteles”, “Filología”, “Hispanoamérica” y “Mapas”. De interés para los americanistas, por dar un breve ejemplo, son el Vocabulario en lengua castellana y mexicana, de Alonso de Molina (1555), El Lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos-Ayres, hasta Lima de Alonso Carrió de la Vandera (1773), y la Primera y segunda parte de la historia del Perú“, de Diego Fernández (1571). Asimismo se encuentra un acervo particularmente rico de folletería y obras menores sobre el periodo de las revoluciones de independencia americanas. La sección de imágenes resulta particularmente útil y placentera, dado que por lo común no es fácil ubicarlas y, menos aún, examinarlas con facilidad.

Los documentos están disponibles en formatos JPEG o PDF. El sistema de consulta es simple, lógico y razonablemente “amistoso”. Es muy recomendable la “búsqueda avanzada”, aunque aun en esta opción no es posible buscar referencias relativas a un periodo de tiempo; el usuario tiene que solicitar años específicos, uno por uno. Una posibilidad indirecta es pedir al buscador que ordene los resultados por año. En cuanto a la búsqueda interna dentro de cada documento, es posible solamente para los documentos PDF. La opción de “guardar” o “descargar” en la propia computadora también es realizable sólo en este formato, aunque cabe señalar que la opción de “copiar” y “guardar” de los navegadores en web (las disponibles en el “botón derecho” del ratón) no han sido bloqueadas.

La Biblioteca Nacional (BN) se propone incorporar en el futuro nuevas colecciones y desarrollar un vasto programa de digitalización que incluirá 200000 títulos. Se trata de una iniciativa ciertamente encomiable, que se une a la previamente disponible Hemeroteca Digital Hispánica, existente desde 2007. Asimismo, se trata de un proyecto que viene a unirse al Gallica de la Biblioteca Nacional de Francia en el propósito de crear una Biblioteca Digital Europea.

Por otro lado, el proyecto digital de la BN tiene las mismas limitaciones de origen y propósito de sus similares europeas. Esto es, su punto de vista no está determinado por las necesidades del usuario, sino por los intereses, conveniencias y desconfianzas institucionales. Cada proyecto es como una isla, con conexiones escasas y difíciles entre sí. Como resultado, la BDH es excelente para el lector o el investigador que por alguna razón está específicamente interesado en el acervo de la BN. Sin embargo, si lo que está buscando son ciertas obras, títulos o autores, sin tener más que una suposición de su ubicación, descubrirá que el sistema de búsqueda no está relacionado con otros proyectos similares, como el ya mencionado Gallica, o sin ir más lejos con los de otras instituciones españolas (como la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, la Colección Digital Complutense, y las bibliotecas digitales de las demás comunidades autónomas españolas). Es necesario ir laboriosamente por las páginas y buscadores de estos distintos acervos para encontrar, en su caso, la obra requerida.

La solución obvia es la creación de un “buscador de buscadores”, similar al de The European Library. Esta iniciativa, sin embargo, solamente incluye a las bibliotecas nacionales de cada país. La misma orientación institucional restrictiva parece ser la adoptada por Europeana, la versión conjunta de la futura Biblioteca Digital Europea, que promete presentar dos millones de tesoros digitales a partir de noviembre de 2008.

¿Las bibliotecas locales esperarán pacientemente a que llegue su turno (y los fondos necesarios) para participar en estos proyectos digitalizadores, o bien buscarán otras alternativas? Es algo que resta por verse; por lo pronto vale la pena señalar que los asociados europeos de Google Libros ya incluyen actualmente, además de la pionera Harvard University, a la Biblioteca Estatal Bávara, la Biblioteca Universitaria de Gante, la Biblioteca Nacional de Cataluña, la Universidad Complutense de Madrid y la Biblioteca Universitaria de Lausana.


La Biblioteca Nacional Digital (UNAM)

Enero 17, 2008

Biblioteca Nacional, UNAMLa Biblioteca Nacional ((BN) de la Universidad Nacional Autónoma de México acaba de anunciar la próxima puesta en línea de la “Biblioteca Nacional Digital”, que pondrá a disposición de los usuarios cerca de un millón de documentos custodiados en el Fondo Reservado. Se trata, según lo que puede apreciarse en las declaraciones de la coordinadora de la BN, Rosa María Gasca Núñez, de documentos “significativos” y libros “de prestigio”, como los Impresos Mexicanos del siglo XVI (que deberían incluir la Recognitio summularum y la Dialectica resolutio, de fray Alonso de la Veracruz, impresas por Juan Pablos en 1554), el acta de proclamación de la Independencia de México, el archivo epistolar de Benito Juárez (17,000 documentos aproximadamente), la Colección Lafragua (folletería, mayormente del siglo XIX) , la colección Enrique de Olavarría y Ferrari, la correspondencia del poeta Carlos Pellicer y la Colección Cardoza y Aragón (documentos y fotografías de la vida cultural en el siglo XX). Algunos de estos documentos fueron declarados Memoria regional del mundo por la UNESCO. Según la BN esta biblioteca digital será la más completa de Iberoamérica en el ramo de obras patrimoniales.

La Biblioteca Nacional ya tiene en línea el Archivo Franciscano, las Revistas Literarias del siglo XIX (las dedicadas, como se decía entonces, al “bello sexo”) y parte de la
Colección Olavarría y Ferrari No queda clara la relación entre estas publicaciones previas y la nueva Biblioteca Digital.

La BN tiene en proceso la digitalización y puesta en línea los archivos de Francisco I. Madero, de Mariano Azuela, y de Victoriano Salado Álvarez.

Son sin duda excelentes noticias para los los aficionados a la historia. Resta por ver si este meritorio esfuerzo puede integrarse para beneficio del público lector con otras iniciativas afines de digitalización , como por ejemplo el Portal Nacional México de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes


Computer History Museum en youtube

Enero 3, 2008
computer_history_museum.jpg

El blog de Alejandro Pisanty advierte sobre una presentación en youtube del Computer History Museum, situado en Mountain View, California. El video explica la historia y propósito del museo, así como pertinentes comentarios sobre la importancia de la computación en el mundo contemporáneo. Además de su interés, el video inevitablemente lleva a pensar en la posibilidad y conveniencia de documentar y estudiar el origen y evolución de la computación en México. Es algo que debería ser motivo de reflexión para ingenieros de sistemas, historiadores, sociólogos, comunicólogos y antropólogos. Prometo regresar en breve sobre este tema.

 


Wikipedia y los historiadores

Diciembre 21, 2007

picture-11.jpgUna de las preocupaciones que muchos historiadores compartimos es el progresivo alejamiento de la profesión con la difusión del conocimiento histórico. Es un hecho que los historiadores tenemos solamente una influencia limitada e indirecta en los mayores vehículos de enseñanza y divulgación de la historia (los libros de texto gratuitos, la prensa periódica, la televisión). No es un asunto menor, porque la conciencia del pasado es uno de los elementos decisivos de conformación de la identidad nacional.

Podría pensarse que la aparición y el explosivo crecimiento en años recientes de la World Wide Web proporcionaría un medio muy apropiado para la difusión del conocimiento histórico. Sin embargo, es bastante evidente que ni los historiadores ni las instituciones de docencia o investigación en historia han recurrido plenamente a este valioso medio, que podría tender un puente hacia un público que tiene un gran interés por la historia, pero que ha permanecido mayormente indiferente ante la obra de los historiadores. Es una cuestión de políticas institucionales, de actitudes profesionales pero, también, de la inexistencia de un instrumento apropiado. Lo cual nos lleva a considerar la relación de los historiadores con la Wikipedia, la enciclopedia colectiva mundial.

La versión inglesa de Wikipedia (la más antigua y extendida) tiene actualmente más de dos millones de artículos. En el “ranking” de páginas más consultadas a nivel mundial, se ubica siempre entre las diez primeras, lo cual significa que tiene cientos de miles de lectores cada día. Hay en el mundo más de seis millones de wikipedistas (esto es, autores y colaboradores) registrados. Wikipedia también ha desarrollado proyectos paralelos , como Wiki Commons (dedicado a imágenes y audios), Wikiccionario (un diccionario en línea) y, de particular interés para los historiadores, Wikifuente, dedicado a reproducir documentos históricos.

Actualmente la historia de México tal como la presenta Wikipedia está centrada en aspectos políticos, militares e institucionales. Los contenidos son más bien expositivos, con cierta inclinación hacia la anécdota. La interpretación descansa en buena medida en consideraciones psicológicas sobre las decisiones que han tomado las grandes personalidades. Los procesos abstractos, que inciden en el desarrollo de una sociedad, como los demográficos, económicos o culturales, reciben poca atención. Hay problemas ocasionales de orden narrativo (contradicciones, ambigüedades, repeticiones), lo cual era de esperarse en un texto redactado simultáneamente por muchas personas. Para crédito de los wikipedistas, no hay demasiados errores notables en los datos incluidos. Tampoco es la suya una historia de “héroes y villanos” ni deriva más de lo que podría esperarse hacia el nacionalismo moralizante.

Del punto de vista del desarrollo historiográfico, Wikipedia parece corresponder (con algunas excepciones en ciertos excelentes artículos) a la historiografía tal como se hacía en los años cincuenta del siglo pasado. En conjunto, sale razonablemente bien librada en comparación con otras enciclopedias comerciales, como Encarta.  Y ciertamente, tiene mucha más información  sobre México (y mas reciente) que la muy respetada Enciclopedia Británica.

En principio, debería haber sido natural e inmediata la convergencia entre un producto como Wikipedia, de fácil edición, atractiva presentación y enormemente popular, pero que requiere urgentemente de una actualización, y una numerosa comunidad de historiadores, que tiene mucho que decir pero no tienen donde hacerlo en el mundo virtual. No parece, sin embargo, haber sido así. Dado el anonimato de los wikipedistas es difìcil realizar afirmaciones muy terminantes, pero si juzgamos por los contenidos actuales, parece evidente que en México hay pocos historiadores de oficio entre ellos.

Hay varios factores y situaciones que han provocado que así sea. Una rápida revisión de los libros y artículos editados por nuestras instituciones mostraría que, por su temática, lenguaje y presentación, parecen estar escritos por unos historiadores para ser leídos por otros colegas de su mismo oficio (o por aspirantes a serlo). Es ciertamente una consecuencia inevitable de la tendencia a la especialización propia de toda rama del conocimiento, pero asimismo una política institucional, porque los criterios existentes hoy día para la selección y promoción de los académicos claramente consideran a la difusión popular del conocimiento como una actividad secundaria, casi prescindible. Así, del punto de vista puramente práctico (que no es el único que cuenta en la profesión) para una historiador resulta poco aconsejable dedicar tiempo y esfuerzo a redactar artículos para Wikipedia. .

Un segundo punto tiene que ver con la propiedad del conocimiento. En muchas culturas no occidentales (incluyendo a las nativas mexicanas) la historia es un producto colectivo, en donde la narración pasa de generación en generación sin que tenga un autor particular, aunque se reconozca la maestría memoriosa de algunos narradores. En cambio, la tradición occidental, que hemos heredado los historiadores profesionales, acabó derivando hacia la “obra de autor”. Un autor espera un razonable reconocimiento por los años dedicados a aprender el oficio, revisar libros viejos y polvosos documentos, y redactar finalmente un a obra. Wikipedia se adapta mal a estos principios, porque simplemente los artículos son anónimos y de autoría colectiva. El wikipedista no espera un reconocimiento público; hace su labor por afición por la historia, porque le agrada sentirse parte de una comunidad intelectual, o bien porque tiene un compromiso altruista con la difusión del conocimiento. Desde luego, los historiadores realizan de manera frecuente, casi cotidiana, muchas actividades en las que bien saben que no tendrán mayor recompensa ni retribución; pero escribir en Wikipedia no parece ser una de ellas

El estilo requerido por Wikipedia, como el de cualquier otra enciclopedia, es también distinto al habitual en los estudios históricos. Típicamente, el historiador utiliza los acontecimientos solo como paso previo para desarrollar un argumento, que debe ser lo suficientemente original, distinto a lo que se ha escrito previamente, para que amerite ser publicado. En cambio, en una enciclopedia el autor hasta cierto punto desaparece, dado que lo que interesa es presentar el “estado de la cuestión” de una manera neutral y didáctica. Esto significa que se da más peso a lo que podríamos llamar “las conclusiones socialmente aceptadas” que a las ideas y propuestas novedosas. Cabría incluso notar que una de las políticas originales de esta gran enciclopedia virtual es que “La información que Wikipedia presenta no debe nunca ser original, puesto que el trabajo que implica verificar la exactitud y corrección de esa información es imposible para una enciclopedia. Los artículos de Wikipedia deben estar basados en la recolección y organización de otras fuentes.” Con todo, esto no debería ser un inconveniente mayor, dado que este punto de vista es el propio de algunas actividades que, como la impartición de un curso de nivel licenciatura, implican presentar las diferentes perspectivas y opiniones sobre un tema de manera general e imparcial.

Más grave, en cambio, es el hecho de que el esfuerzo dedicado a publicar en Wikipedia puede acabar siendo en vano. Por lo común, las publicaciones académicas pasan por algún tipo de revisión previa que idealmente llevan a cabo expertos en cada campo del conocimiento. En cambio, una de las características de esta enciclopedia colectiva es que todos los participantes se constituyen en árbitros de lo publicado, y pueden libremente modificar o borrar lo escrito previamente. Una persona que ha publicado varios libros sobre un tema tiene la misma autoridad que alguien que escribe recurriendo a diccionarios, libros de texto o artículos periodísticos. Como se advierte en el texto explicatorio de los cinco pilares básicos de Wikipedia: “Deberás aceptar que cualquiera podrá modificar en cualquier momento y sin avisar tus artículos y que nadie los vigilará. Cualquier texto con el que contribuyas podrá ser editado y redistribuido sin piedad por toda la Comunidad.” (en cursivas en el original)

Para evitar supresiones o modificaciones arbitrarias, existen en Wikipedia dos procedimientos. Por un lado, cada artículo tiene un espacio para la discusión, de modo que todos los autores pueden explicar porqué han hecho ciertos cambios; es posible asimismo marcar que una sentencia requiere de una nota explicando el sustento bibliográfico o documental, e incluso poner una advertencia indicando que todo un artículo es incompleto o tendencioso. Asimismo, cualquier wikipedista o lector puede restaurar la versión anterior de un artículo. De manera más bien sorprendente, este conjunto de procedimientos funciona bastante bien. Aun así, muchos historiadores acaban por desertar de su labor después de que lo que se ha escrito con extremo cuidado, pesando cada palabra y concepto, acaba siendo anulado el siguiente día.

Resulta riesgoso aventurar conclusiones en una realidad tan fluida y diversa. Sin embargo, voy a permitirme aventurar algunas generalizaciones que son, al mismo tiempo, propuestas.

* El descuido institucional por la difusión y divulgación de la historia en México es casi escandaloso. Aunque obviamente es importante el tiempo dedicado a la investigación especializada, el destinatario natural de los estudios históricos debería ser la sociedad que es producto de esa historia. Algunas iniciativas, como la revista Arqueología mexicana muestran que esta no es una labor imposible ni comercialmente inviable. Aun así, los historiadores difícilmente podrán dedicarse a labores de difusión sino se acepta que esta actividad es de primordial interés institucional.

* Wikipedia no es un espacio apropiado para presentar y exponer los resultados originales y más novedosos de la investigación histórica, porque no fue creada con ese fin. Quienes tengan este recomendable propósito, deberían buscar otros medios. En lo inmediato, mientras las instituciones acaban de despertar de su confortable letargo, es posible recurrir a la autoedición, con recursos gratuitos y de uso sencillo, como Google Pages o WordPress. Desde luego, sería deseable (aunque parece por ahora poco probable) que aparecieran proyectos colectivos específicamente organizados por los propios historiadores para la difusión de sus investigaciones Por lo pronto, existen algunas alternativas, aunque todavía son más bien proyectos en desarrollo, como Citizendium (una derivación de Wikipedia), o el recientemente anunciado Knol de Google

* Por otro lado, Wikipedia se ha convertido en un medio fundamental e inevitable para la difusión de la historia, con sus decenas de miles de lectores potenciales. Para los historiadores debería ser parte de su labor dedicar al menos unas horas de su año laboral (¿el “día de Wikipedia”?) a actualizar la información existente en su campo particular de especialidad. Es ciertamente una tarea que requiere de paciencia y de una perspectiva que aprecie más los resultados acumulativos que los logros inmediatos. Pero, al fin y al cabo, los historiadores estamos acostumbrados a pensar precisamente en estos términos.

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Si le atrae el tema, probablemente le interesará asimismo la lectura de Roy Rosenzweig, “Can History be Open Source? Wikipedia and the Future of the Past” y de Molly MacDonald “Wikipedia: Confessions of a Neo-Luddite”


Google Libros y la UNAM

Noviembre 24, 2007

Biblioteca Nacional, UNAM

 

Hace algunos meses les envié una nota sobre el servicio Google Libros, que permite ubicar y en ciertos casos, consultar o descargar a la computadora del usuario una versión digitalizada de libros existentes en prestigiosas bibliotecas públicas y universitarias (Harvard, Stanford, Oxford, California, Texas, Complutense, New York Public Library, entre otras). Como les comentaba, se trata de un ambicioso programa, que ha motivado una discusión entre quienes consideran que la cultura y el conocimiento científico son patrimonios universales, contra quienes defienden los derechos de los autores y (sobre todo) de las compañías editoras.

Un comunicado recogido en una nota periodística acaba de anunciar que la Universidad Nacional Autónoma de México se ha unido a este programa de digitalización. La nota menciona que los primeros 2000 libros podrán consultarse en línea a partir del próximo año, y que se espera arribar a un promedio anual de remisión de 7 y 10 000 títulos.

El programa se ha adelantado a sus propios anuncios, porque muchas ediciones universitarias ya se encuentran disponibles en http://www.google.com.mx/books?hl=es (para ver el listado vaya al menú “Búsqueda avanzada de libros” y en “Mostrar libros publicados por” escriba UNAM) Cabe observar que solamente fueron incluidas las publicaciones posteriores a 1950, debido a que las anteriores son consideradas como catálogo histórico y, según se informó, requerirían de otro acuerdo particular con Google, con otras características. Asimismo, únicamente pueden examinarse los libros con la opción de “vista restringida” (esto es, la portada, índice y entre 5 y 20 páginas). Al parecer, en realidad Google ya dispone de los textos completos, porque el usuario puede hacer búsquedas específicas dentro de cada libro, aunque no siempre pueda leerse la página en cuestión.

La UNAM (a diferencia de las instituciones y universidades arriba mencionadas) está participando en este programa solamente como casa editora, por lo cual los vastos y en ocasiones antiguos acervos de sus bibliotecas no han sido incluidos. Esto da lugar a situaciones un tanto extrañas. Por ejemplo, muchas ediciones originales o raras de la literatura mexicana pueden consultarse enteramente en línea y aun transferir una copia a la propia computadora, pero solamente gracias a los ejemplares proporcionados por universidades o instituciones extranjeras. Es el caso, por dar un ejemplo, de la edición de 1842 del “Periquillo Sarniento” de Fernández de Lizardi, disponible en el ejemplar existente en la New York Public Library. La UNAM posee la edición aún más antigua de 1825, pero el curioso bibliófilo debe ir a consultarlo en biblioteca, lo cual es siempre muy recomendable…cuando es posible hacerlo.

Desde luego, las instituciones universitarias hacen bien en mostrar prudencia a la hora de ceder, aunque sea de una manera muy limitada e indirecta, parte de su patrimonio a una empresa tan poderosa como Google. Por otro lado, existe la clara necesidad de colocar el resultado de las labores de investigación y difusión al alcance de la mayor cantidad posible de personas, incluyendo a muchas que no conocen o no pueden adquirir o consultar fácilmente las ediciones universitarias. El caso de la UNAM es el primero, pero no tengo mayor duda de que esta disyuntiva se presentará tarde o temprano a otras instituciones. El tema requiere, ciertamente, de una consideración cuidadosa y de un debate razonado.


Google Libros (reseña)

Noviembre 21, 2007

picture-11.jpgGoogle Libros es un proyecto “beta” (es decir, aún oficialmente “en fase de pruebas”) para ofrecer a toda persona con acceso a internet la versión digitalizada de libros existentes en prestigiosas bibliotecas públicas, universitarias (Harvard, Stanford, Oxford, California, Texas, Complutense de Madrid, entre otras), y de editoriales que acceden a ingresar al programa.

El plan inicial era incluir la versión completa de todos los libros de esas bibliotecas, lo cual provocó protestas y amenazas de costosas demandas legales. La discusión ha enfrentado a quienes consideran que la cultura y el conocimiento científico son patrimonios universales, contra quienes defienden los derechos de los autores y (sobre todo) de las compañías editoras (véase ) Desde luego, tener todos los libros relevantes sobre todas las áreas del conocimiento disponibles gratuitamente en cualquier computadora conectada a Internet es una utopía que muchos compartimos. Pero, por otro lado, hay realidades concretas de los mecanismos de producción y distribución de la producción intelectual que tampoco pueden ignorarse impunemente, al menos mientras nuestra realidad socioeconómica sea la que es. Google, por su cuenta, ha intentado demostrar que su objetivo es trabajar con las editoriales, y no en su contra . Sólo el tiempo demostrará si ha sido suficientemente convincente

Para consultar este proyecto, debe acudirse a http://books.google.es/ (o bien a las versiones equivalentes de Google en cada idioma). La búsqueda estándar revisa todos los campos disponibles (incluyendo el cuerpo del texto en sí). La opción “Búsqueda avanzada” permite elegir entre fechas de publicación, autor, editorial y título. Debido a los problemas legales ya mencionados, la visualización de los libros viene en tres versiones: fragmentos de 2 o 3 líneas, vista previa restringida (o sea, páginas aisladas) y versión completa.

Los resultados son muy impresionantes. El sistema puede ubicar cadenas de textos en todas las obras registradas, de manera que puede hallarse información en publicaciones insospechadas, en las cuales un investigador no habría normalmente buscado. Y aun cuando el texto completo no esté disponible, es posible conocer en qué biblioteca se encuentra (escogiendo por área geográfica) o, en algunos casos, donde puede adquirirse un ejemplar. Aparecen, asimismo, las obras afines existentes en el proyecto que pueden ser de interés para el lector

Por otro lado, las limitaciones legales han derivado en que, al menos por ahora, los textos de las últimas décadas estén modestamente representados. En cambio, hay un verdadero tesoro de libros raros y antiguos (por ejemplo, la edición de 1841 de la Recopilación de leyes de los reinos de las Indias) particularmente atractivos para historiadores, historiógrafos y bibliófilos. Al ser la versión digital de una obra impresa, puede verse la encuadernación original y, en ocasiones, anotaciones manuscritas marginales que nos remiten a la historia particular de un ejemplar.

En muchos casos, es posible no solamente leer los textos en línea, sino “descargar” o “bajar” el texto en la propia computadora, en formato PDF. Así, cualquier persona puede disponer cómodamente de una colección digital de obras antiguas que sería la envidia de muchas bibliotecas especializadas. Desde luego, una conexión de regular velocidad es una buena ayuda, porque los archivos son voluminosos. Una nota que debe tenerse en cuenta: por alguna rareza técnica, pueden hacerse búsquedas del contenido de los libros en la versión “en línea”, pero no es factible realizar lo mismo con los textos descargados.

El proyecto tiene sin duda algunos defectos menores: la calidad de la digitalización a veces es desigual, los libros no siempre están correctamente clasificados, y en ocasiones hay problemas de edición (páginas repetidas o faltantes). Véase al respecto. Otras objeciones se relacionan con la dominancia inicial de obras en inglés y también con los problemas generales de la edición digital: la lectura de textos largos en pantalla no es precisamente placentera, tanto por razones técnicas como, sospecho, por motivos emocionales. Pero sin duda esta iniciativa tiene dos grandes e innegables virtudes: es gratis (a pesar de que los costos de procesamiento han de ser considerables) y al parecer pondrá poco a poco las principales bibliotecas del mundo a nuestro alcance. Para el investigador, es una nueva e invaluable herramienta de trabajo.

Felipe Castro

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Esta reseña fue publicada originalmente en Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Número 7 - 2007,
el 16 de mayo de 2007


Las revistas académicas en tiempos digitales (2)

Noviembre 21, 2007

La respuesta obvia a los problemas connaturales a la versión impresa de las revistas es la edición electrónica. Los costos de impresión, difusión, transporte y almacenamiento prácticamente desaparecen, liberando recursos muy necesarios para otros fines. La mayor fuente de quejas de los autores -que su trabajo pasa prácticamente inadvertida por la mala distribución- dejaría de existir. Los lectores interesados podrían consultar sus revistas preferidas el día siguiente al que se pone en línea, sin tener que esperar días o semanas para que el ejemplar llegue a su domicilio o a la biblioteca más cercana. Y, en fin, todas las personas -estudiantes, investigadores, aficionados a la historia, profesores de educación media- podrían acceder a lo mejor y más reciente del conocimiento historiográfico.En los años recientes en perspectiva, puede apreciarse que, pese a los temores y renuencias, existe un movimiento progresivo hacia la publicación “virtual” No se trata solamente de una “modernización”, sino también de motivos económicos (que para los humanistas, que siempre estamos escasos de recursos, acaban por ser muy convincentes). Asimismo, si atendemos a la etimología original en la cual “publicar” es “hacer público algo”, la edición en Internet es la forma más razonable y eficiente.

Esto abre nuevas situaciones e interesantes perspectivas. En efecto, el cambio tecnológico nunca es neutro. Siempre genera transformaciones, algunas previstas y otras totalmente inesperadas. Con todas las reservas del caso, es posible aventurar algunas especulaciones acerca de las perspectivas y posibles consecuencias de la edición de las revistas en línea.

Un artículo en versión impresa es un medio de comunicación uni-direccional entre alguien que escribe y otra persona que lee. Es, en términos interactivos, un medio autoritario. En contraste, el formato electrónico permite cierto grado de interacción inmediata. Por ejemplo, es perfectamente posible ofrecer al lector un espacio para observaciones, dudas y comentarios, así como proporcionar al autor la opción de presentar inmediatamente su respuesta. En este caso, el formato acaba por modificar el contenido de manera tal que es posible que la diferencia entre una revista y otras formas de expresión (como los “foros virtuales” y “listas de discusión”) comience a ser poco reconocible.

Por otro lado, el mismo concepto de publicación seriada puede dejar de tener razón de ser. Normalmente, un editor reúne cierta cantidad de artículos antes de considerar que ya tiene un “número” pronto para enviar a la imprenta. Esto deja de tener sentido en la edición electrónica, donde un artículo puede ponerse “en línea” media hora después de ser aprobado por el comité editorial. No hay, realmente, más motivo que el apego a la tradición para decir a un autor que debe esperar varios meses para que su texto aparezca en público, o para privar al lector de los resultados de una investigación. Sin embargo, la idea de una revista “en flujo continuo” puede resultar desconcertante, y probablemente provocaría la desesperación de los bibliotecarios y personas que se dedican a llevar ordenados registros cronológicos de las publicaciones periódicas. Un buen ejemplo es Nuevos Mundos, que se define a sí misma como una “revista evolutiva”.

Una cuestión que debe verse con detenimiento es la tendencia a la concentración del acceso a estas publicaciones virtuales. Del punto de vista financiero, administrativo y técnico resulta lógico crear un repositorio centralizado de publicaciones en línea, donde el lector pueda acudir para consultar, transferir o en su caso adquirir los artículos que le interesan, ya sea que provenga de una revista o de varias distintas. Es algo que se acerca al paraíso de un historiador: lo mejor de la producción intelectual sin más esfuerzo que unos cuantos teclazos. Esta no es una fantasía tecnológica; en los hechos ya se está avanzando en este sentido. No sé si afortunada o lamentablemente, las iniciativas más amplias de compilación internacional de revistas en línea tienen propósitos comerciales. Se trata del llamado Proyecto Muse, de la John Hopkins University; The Scholarly Journal Archive y de la Cambridge University Press (que ofrece revistas publicadas también por otras instituciones.

En México, existen iniciativas institucionales de acceso gratuito, en particular de parte de la UNAM (el llamado E-journal“, y el ambicioso proyecto de la Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal (RedAlyC) de la Universidad Autónoma del Estado de México).

La división entre lugares de acceso gratuito y de paga no es casual. La tendencia en Inglaterra y Estados Unidos ha sido considerar a la producción científica como mercancía valiosa y el acceso en línea como una fuente atractiva de ingresos para empresas e instituciones. En lo que podríamos llamar la tradición latina, la preferencia ha ido hasta ahora hacia el acceso gratuito. Más allá de cuestiones prácticas, la distinción entre uno y otro sistema refleja distintas maneras de concebir la investigación, las fuentes de financiamiento y la vinculación entre universidad y sociedad y los derechos de autor.

Como puede apreciarse, la progresiva edición digital de las revistas no es un asunto meramente técnico, sino que tiene implicaciones relacionadas con el acceso del público a su contenido y con las formas de comunicación académica. Son asuntos que merecen un consideración cuidadosa y una discusión razonada.

Felipe Castro

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Este texto es una versión abreviada (y actualizada para tomar en cuenta desarrollos recientes) de mi participación en una mesa redonda celebrada en diciembre de 2001 en El Colegio de Michoacán, con el tema de “Propiedad intelectual versus conocimiento. El debate sobre el acceso abierto”, recogida en la revista Relaciones, vol. 26, no. 104