La Biblioteca Digital Hispánica

Mayo 29, 2008

(texto publicado en Nuevos Mundos, mayo 2008 )

El pasado mes de enero la Biblioteca Nacional de España puso en línea la Biblioteca Digital Hispánica (BDH) Este valioso recurso proporciona el acceso, lectura y (en algunos casos) descarga gratuita a una amplia selección (unos 10000 títulos ) de las obras más notables custodiadas por esa venerable institución. Para bien o para mal, no es un programa de digitalización masiva al estilo de Google Libros.Más bien, se trata de un programa orientado a los “tesoros bibliográficos” de la institución, esto es, impresiones antiguas (entre los siglos XV y XIX), de autores célebres o visualmente muy atractivas.

La colección actualmente disponible se divide en “Dibujos”, “Grabados”, “Historia”, “Obras Maestras”, “Carteles”, “Filología”, “Hispanoamérica” y “Mapas”. De interés para los americanistas, por dar un breve ejemplo, son el Vocabulario en lengua castellana y mexicana, de Alonso de Molina (1555), El Lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos-Ayres, hasta Lima de Alonso Carrió de la Vandera (1773), y la Primera y segunda parte de la historia del Perú“, de Diego Fernández (1571). Asimismo se encuentra un acervo particularmente rico de folletería y obras menores sobre el periodo de las revoluciones de independencia americanas. La sección de imágenes resulta particularmente útil y placentera, dado que por lo común no es fácil ubicarlas y, menos aún, examinarlas con facilidad.

Los documentos están disponibles en formatos JPEG o PDF. El sistema de consulta es simple, lógico y razonablemente “amistoso”. Es muy recomendable la “búsqueda avanzada”, aunque aun en esta opción no es posible buscar referencias relativas a un periodo de tiempo; el usuario tiene que solicitar años específicos, uno por uno. Una posibilidad indirecta es pedir al buscador que ordene los resultados por año. En cuanto a la búsqueda interna dentro de cada documento, es posible solamente para los documentos PDF. La opción de “guardar” o “descargar” en la propia computadora también es realizable sólo en este formato, aunque cabe señalar que la opción de “copiar” y “guardar” de los navegadores en web (las disponibles en el “botón derecho” del ratón) no han sido bloqueadas.

La Biblioteca Nacional (BN) se propone incorporar en el futuro nuevas colecciones y desarrollar un vasto programa de digitalización que incluirá 200000 títulos. Se trata de una iniciativa ciertamente encomiable, que se une a la previamente disponible Hemeroteca Digital Hispánica, existente desde 2007. Asimismo, se trata de un proyecto que viene a unirse al Gallica de la Biblioteca Nacional de Francia en el propósito de crear una Biblioteca Digital Europea.

Por otro lado, el proyecto digital de la BN tiene las mismas limitaciones de origen y propósito de sus similares europeas. Esto es, su punto de vista no está determinado por las necesidades del usuario, sino por los intereses, conveniencias y desconfianzas institucionales. Cada proyecto es como una isla, con conexiones escasas y difíciles entre sí. Como resultado, la BDH es excelente para el lector o el investigador que por alguna razón está específicamente interesado en el acervo de la BN. Sin embargo, si lo que está buscando son ciertas obras, títulos o autores, sin tener más que una suposición de su ubicación, descubrirá que el sistema de búsqueda no está relacionado con otros proyectos similares, como el ya mencionado Gallica, o sin ir más lejos con los de otras instituciones españolas (como la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, la Colección Digital Complutense, y las bibliotecas digitales de las demás comunidades autónomas españolas). Es necesario ir laboriosamente por las páginas y buscadores de estos distintos acervos para encontrar, en su caso, la obra requerida.

La solución obvia es la creación de un “buscador de buscadores”, similar al de The European Library. Esta iniciativa, sin embargo, solamente incluye a las bibliotecas nacionales de cada país. La misma orientación institucional restrictiva parece ser la adoptada por Europeana, la versión conjunta de la futura Biblioteca Digital Europea, que promete presentar dos millones de tesoros digitales a partir de noviembre de 2008.

¿Las bibliotecas locales esperarán pacientemente a que llegue su turno (y los fondos necesarios) para participar en estos proyectos digitalizadores, o bien buscarán otras alternativas? Es algo que resta por verse; por lo pronto vale la pena señalar que los asociados europeos de Google Libros ya incluyen actualmente, además de la pionera Harvard University, a la Biblioteca Estatal Bávara, la Biblioteca Universitaria de Gante, la Biblioteca Nacional de Cataluña, la Universidad Complutense de Madrid y la Biblioteca Universitaria de Lausana.


Knol, la enciclopedia de Google

Diciembre 18, 2007

picture-11.jpgGoogle acaba de anunciar que tiene en fase de pruebas un nuevo proyecto de orientación académica, que viene a sumarse a sus servicios previos de Google Libros y Google Académico. Se trata de Knol (el término se deriva de “knowledge”). Una primera entrada a modo de muestra o maqueta está ya disponible al público.

Se ha supuesto inmediatamente que Google tiene en la mira desplazar a Wikipedia de su posición dominante como medio de difusión y adquisición en línea de conocimientos. Sin embargo, hay entre estos dos medios variaciones importantes, que pueden conducir a dos sistemas diferenciados y coexistentes.

Knol es muy insistente respecto del reconocimiento de la autoría individual, mientras que los artículos de Wikipedia son por definición de autoría colectiva y, para efectos prácticos, anónimos. Así, Knol puede atraer a muchos autores que quieren difundir el resultado de su trabajo, pero que sienten que el conocimiento adquirido pacientemente durante años no es reconocido en Wikipedia. Recuérdese, asimismo, que en Wikipedia cualquier persona sin particular calificación puede modificar cualquier entrada previa, incluso la redactada por una autoridad en determinado tema.

El reconocimiento de la autoría individual en Knol tendrá ciertas consecuencias inevitables. El texto escrito por un autor no podrá ser modificado por otro; se supone que los autores que sigan al primero escribirán páginas adicionales, aunque sean contradictorias o repetitivas. Así, en vez de que el lector encuentre un resumen ordenado sobre determinado tópico, va a hallar múltiples páginas, entre las cuales tendrá que escoger cuál es la más adecuada. Va a resultar poco práctico e incluso confuso para quien busca una rápida consulta o aclaración sobre cierto tema (que es la especialidad de Wikipedia).

Google ha previsto el problema y planeado ciertas soluciones. No es su intención recurrir a árbitros o editores generales (que es lo que hace, por ejemplo, un buscador “asistido por humanos”, el poco conocido Mahalo). Las propuestas de Knol son dos: cada página tendrá un espacio para comentarios y calificación de cada artículo (es decir, todos los usuarios serán árbitros) y por otro lado al hacer una búsqueda el famoso algoritmo de Google pondrá en orden descendente de popularidad todas las entradas.

Un asunto lateral, de interés para los países cuya lengua no es el inglés, es si Knol va a tener versiones en otros idiomas. Wikipedia así lo ha hecho con gran éxito, y la proliferación lingüìstica resulta favorecida porque la ausencia de autoría individual permite que cualquier persona realice una traducción de un artículo de otro idioma al suyo propio. De hecho, es algo que Wikipedia estimula a realizar a todos los wikipedistas, lo cual hace posible que las versiones de lenguas minoritarias crezcan rápidamente en contenidos (como ocurre, por ejemplo, con Huiquipedia, la versión en nahuatl ). Esto no será tan fácil en Knol, dado que los autores de artículos tendrán naturalmente la preocupación de que sus afirmaciones sean traducidas correctamente; y evidentemente, la traducción en sí será un sujeto de derechos de autor.

Resta por ver como funciona en la práctica Knol, dado que probablemente pasará todavía por algunos ajustes. En principio, parecería que Google estaría destinado a imponer lo que algunos comentaristas han ya denominado informalmente como “Googlepedia”. Pero el gigante de la información en línea ha tenido grandes e indudables aciertos, pero también algunas ideas que no han ido a ningún lado, como la escasamente popular red social Orkut. Ya veremos…


La Benson Latin American Collection en Google Libros

Diciembre 13, 2007

Benson Latin American Collection, UTLa Nettie Lee Benson Latin American Collection de la Universidad de Texas, que custodia alrededor de 800,000 obras sobre México, Sudamérica y el Caribe está procediendo a digitalizar sus colecciones en el contexto del proyecto de Google Libros. Se trata de obras especializadas, raras y a veces únicas, lo cual ha motivado y motiva a muchos estudiantes e investigadores a trasladarse hasta Austin, Texas, para poder consultarlas. Es ciertamente un viaje del mayor interés, pero que implica trámites, tiempos y costos considerables.

El proyecto ha tropezado con un inconveniente: los derechos de autor de cada libro están sujetos a la legislación de cada país, que puede ser muy variable. La UT está tratando de desentrañar el problema y al mismo tiempo ha decidido abrir un interesante “blog” institucional sobre el tema, nombrado muy apropiadamente freethebooks, para discutir las situaciones que se presentan a medida que avanzan en el proyecto.


Google Libros: los riesgos y los beneficios

Diciembre 4, 2007

fpe-queves.jpgEl acuerdo entre Google y la UNAM con el objetivo de digitalizar la producción bibliográfica universitaria y difundirla mediante Google Libros ha provocado la aparición de algunas reservas y críticas. Algunas simplemente muestran el desconocimiento de los reporteros de la “fuente cultural” acerca de los medios utilizados y utilizables para este fin. Otras, como las publicadas recientemente en Proceso, presentan objeciones que ameritan considerarse con cuidado, examinando los diferentes ángulos y consecuencias a largo plazo de estos acuerdos.

Como era de esperarse, los escépticos han retomado los argumentos presentados hace algunos años por Jean-Noël Jeanneney, ex director de la Biblioteca Nacional de Francia (BnF), quien sostuvo reiteradamente que la dominancia mundial de Google Libros resultaría en una mayor influencia hegemónica del inglés, en perjuicio de la diversidad cultural.

Vale la pena comentar que la posición de Jeanneney forma parte de una arraigada actitud nacional. Como los franceses fueron pioneros en un sistema de telecomunicación de textos (el minitel) tardaron muchos años en decidirse a aceptar el internet (con el mismo argumento de la invasión cultural anglosajona, que no ha cambiado en décadas). Frente a Google, impulsaron un buscador europeo, Quaero, que no fue a ninguna parte. La Biblioteca Digital Europea (que es citada como modelo en el artículo de Proceso) es otro proyecto reactivo, con la escasa agilidad de todos los programas gubernamentales paneuropeos. En Francia (que es el país que realmente mueve la iniciativa) después de muchos años han obtenido un prototipo, Europeana, desarrollado precisamente por la BnF. Por lo pronto, Europeana presenta algunos resultados interesantes (les prometo una nota más amplia al respecto), pero se trata de un recurso estrictamente regional y que presenta problemas de compatibilidad con sistemas previos (el Gallica) de la propia BnF.

Más allá de las dificultades técnicas, la cuestión radica en si es realmente necesario destinar cuantiosos recursos para competir con un sistema de localización, consulta y descarga de libros que ya existe, es eficiente, incluye ya diez mil editoriales y un millón de libros y, para colmo de ventajas es enteramente gratuito, lo cual es un punto muy sensible para las editoriales o universidades locales, siempre escasas de recursos. El argumento de la defensa del lenguaje se simplemente absurdo. Google no parece tener el propósito de imponernos el inglés (de hecho ya tiene versiones en 42 idiomas, incluyendo el español) y del punto de vista meramente práctico es evidente que la mejor manera de promover la propia cultura es que sea accesible fácilmente desde cualquier computadora. Personalmente, ya he encontrado y consultado verdaderas joyas bibliográficas en español, sin necesidad de viajar hasta las bibliotecas de Oxford o New York.

Un punto que amerita atenta consideración es la conveniencia de depender de una sola compañía o institución (sin importar que sea estadounidense, francesa o china) para difundir la producción bibliográfica mundial. La UNAM, ciertamente, ha mostrado mucha prudencia (incluso, excesiva, en mi opinión) y solamente ha autorizado la consulta en línea de entre 5 y 20 páginas de cada obra. Hasta el momento Google ha tenido en general un buen comportamiento corporativo,y no ha pretendido obtener beneficios directos ni de usuarios ni de editores, a pesar de los considerables costos que debe implicar la digitalización de miles de libros. Tampoco parece que su buscador tenga algún siniestro código de búsqueda escondido que favorezca a sus compañías asociadas, o a los libros escritos en inglés.

En resumen, parece comprensible (aunque sea de dudosa utilidad para la “defensa de la cultura”) que cada país desarrolle su propio programa de digitalización bibliotecaria…si está realmente dispuesto a pagarlo. Pero es claro que el futuro pertenece a los buscadores universales, flexibles, fáciles de usar e integrados con otros recursos afines (buscadores de revistas, periódicos, webpáginas y blogs). Aparentemente será Google, pero si surge otra mejor opción o si esta compañía falta a los principios de gratuidad y equidad, el usuario buscará inevitablemente otras alternativas. Baste recordar que hace veinte años creíamos que IBM iba dominar el mundo cibernético, y hace diez Altavista parecía destinado a ser el buscador preferido.

Felipe Castro

 

 

 


Google Libros y la UNAM

Noviembre 24, 2007

Biblioteca Nacional, UNAM

 

Hace algunos meses les envié una nota sobre el servicio Google Libros, que permite ubicar y en ciertos casos, consultar o descargar a la computadora del usuario una versión digitalizada de libros existentes en prestigiosas bibliotecas públicas y universitarias (Harvard, Stanford, Oxford, California, Texas, Complutense, New York Public Library, entre otras). Como les comentaba, se trata de un ambicioso programa, que ha motivado una discusión entre quienes consideran que la cultura y el conocimiento científico son patrimonios universales, contra quienes defienden los derechos de los autores y (sobre todo) de las compañías editoras.

Un comunicado recogido en una nota periodística acaba de anunciar que la Universidad Nacional Autónoma de México se ha unido a este programa de digitalización. La nota menciona que los primeros 2000 libros podrán consultarse en línea a partir del próximo año, y que se espera arribar a un promedio anual de remisión de 7 y 10 000 títulos.

El programa se ha adelantado a sus propios anuncios, porque muchas ediciones universitarias ya se encuentran disponibles en http://www.google.com.mx/books?hl=es (para ver el listado vaya al menú “Búsqueda avanzada de libros” y en “Mostrar libros publicados por” escriba UNAM) Cabe observar que solamente fueron incluidas las publicaciones posteriores a 1950, debido a que las anteriores son consideradas como catálogo histórico y, según se informó, requerirían de otro acuerdo particular con Google, con otras características. Asimismo, únicamente pueden examinarse los libros con la opción de “vista restringida” (esto es, la portada, índice y entre 5 y 20 páginas). Al parecer, en realidad Google ya dispone de los textos completos, porque el usuario puede hacer búsquedas específicas dentro de cada libro, aunque no siempre pueda leerse la página en cuestión.

La UNAM (a diferencia de las instituciones y universidades arriba mencionadas) está participando en este programa solamente como casa editora, por lo cual los vastos y en ocasiones antiguos acervos de sus bibliotecas no han sido incluidos. Esto da lugar a situaciones un tanto extrañas. Por ejemplo, muchas ediciones originales o raras de la literatura mexicana pueden consultarse enteramente en línea y aun transferir una copia a la propia computadora, pero solamente gracias a los ejemplares proporcionados por universidades o instituciones extranjeras. Es el caso, por dar un ejemplo, de la edición de 1842 del “Periquillo Sarniento” de Fernández de Lizardi, disponible en el ejemplar existente en la New York Public Library. La UNAM posee la edición aún más antigua de 1825, pero el curioso bibliófilo debe ir a consultarlo en biblioteca, lo cual es siempre muy recomendable…cuando es posible hacerlo.

Desde luego, las instituciones universitarias hacen bien en mostrar prudencia a la hora de ceder, aunque sea de una manera muy limitada e indirecta, parte de su patrimonio a una empresa tan poderosa como Google. Por otro lado, existe la clara necesidad de colocar el resultado de las labores de investigación y difusión al alcance de la mayor cantidad posible de personas, incluyendo a muchas que no conocen o no pueden adquirir o consultar fácilmente las ediciones universitarias. El caso de la UNAM es el primero, pero no tengo mayor duda de que esta disyuntiva se presentará tarde o temprano a otras instituciones. El tema requiere, ciertamente, de una consideración cuidadosa y de un debate razonado.